Eclipse de Verano

Casiopea

La noche habia finalizado, los Smiths no se quedaron mucho tiempo. Comenzaba a hacer frio y aunque al otro dia era sabado, Richard Smith trabajaba en la oficina.

Estaban las dos familias en el porche de la casa, las hojas de los arboles se movian con fuerza, seguro lloveria en la madrugada.

Steve, Richard y Tom hablaban sobre un partido de soccer en una esquina, Sarah y Ellie estaban con sus madres en la otra.

—La comida estuvo deliciosa Leonor, a pesar de el inconveniente de los chicos—. Dijo Susan, la madre de Sarah.

—Espero que en algun momento puedan resolver sus problemas. Y Sarah...Realmente valoro mucho tu intencion de pasar una agradable cena todos juntos—. Contesto Leanor.

Sarah solo sonrio gentilmente. Todavia seguia pensando en lo que paso con Adrik en el jardin y en como todo se sentia diferente, no entendia el porque y debia averiguarlo.

Cuando llego a su casa no emitio ninguna palabra, solo apago todas las luces y se fue a la cama. Era como estar en un trance. ¿Porque se sentia asi?, ¿Porque el genero eso en ella?.

Tenia tantas preguntas pero ninguna respuesta.

Y asi junto con las gotas de lluvia golpeando en su ventana, y buscando respuestas en su cabeza. Cayo en un profundo sueño.

Sarah despertó con el sonido de la lluvia contra el cristal. Eran las diez de la mañana de un sábado gris, de esos que en West Valley te obligan a quedarte en pijama y leer junto a la ventana. El "trance" de la noche anterior no se había ido; al contrario, se había asentado en su pecho como una neblina espesa.

Bajó a la cocina, donde el olor a café era muy comun los sabados. Steve estaba sentado en la mesa, devorando un tazón de cereales mientras leía la sección de deportes del periódico.

—Vaya noche, ¿eh? —dijo Steve sin levantar la vista—. Mamá y papá estuvieron hablando hasta tarde. Dicen que quizás fue mala idea forzar las cosas.

—Solo quería que fuéramos amigos otra vez, Steve —respondió Sarah, sirviéndose un poco de jugo.

Sin emitir ninguna otra palabra, se dirigio a su habitacion a escuchar su casette favorito de Tears for Fears. Y justo cuando estaba por sonar su cancion favorita de repente el sonido del telefono de linea sono en el pasillo.

—¡Sarah! ¡Es para ti! —gritó su madre.

Era Ellie. Su voz sonaba baja, como si estuviera escondida en un armario.

—Sarah, escuché a Scott pelear con papá esta mañana. Scott está furioso porque dice que Adrik "arruinó la cena" —susurró Ellie rápidamente—. Pero llamo por otra cosa... Adrik se olvidó algo anoche. Bueno, no sé si se le cayó o si lo dejó a propósito debajo del banco del porche. Es un cassette, Sarah. No tiene etiqueta, solo tu nombre escrito con marcador negro.

A Sarah se le detuvo el corazón.
—¿Lo escuchaste, Ellie?

—No, no lo hice. Scott anda como un león enjaulado por la casa y si me ve con algo que sea de Stevens, me matará. Ven hoy a buscarlo, por favor. Aprovecha que Scott tiene entrenamiento extra en el gimnasio a las dos.

Sarah pedaleó bajo la lluvia hasta la casa de los Anderson. Aprovechó que el auto de Scott no estaba; su ausencia se sentía como un alivio. Ellie la esperaba en el porche y, sin decir mucho, le deslizó un pequeño objeto envuelto en una servilleta.

De regreso en su habitación, Sarah cerró la puerta con llave. Sus manos temblaban un poco mientras sacaba el cassette. No tenía carátula, solo su nombre, "Sarah", escrito con la letra desprolija y decidida de Adrik.

Sarah presionó el botón de play. Tras unos segundos de estática, el siseo de la cinta dio paso a unos acordes de guitarra acústica que reconoció al instante. No era el sintetizador grandilocuente que solía escuchar en la radio; era una versión cruda, casi desnuda, de "Head Over Heels".

Adrik tocaba con una cadencia más lenta, transformando el éxito pop en una balada melancólica. Su voz entró justo en el estribillo, sonando cansada pero honesta:

"I wanted to be with you alone... and talk about the weather..."

Sarah cerró los ojos, imaginando a Adrik en su garaje, grabando esto a escondidas de todos, solo para ella. La música continuó un momento más hasta que él dejó de tocar las cuerdas, dejando que el eco de la guitarra se desvaneciera. Entonces, llegó su voz, apenas un susurro que competía con la lluvia afuera:

"Dijiste que me conocías mejor que nadie, Smith..." —Hizo una pausa larga—. "Si fuera cierto, sabrías que ese beso no fue un reto. Fue mi forma de pedirte que no te fueras con él. Me alejé porque el Sol siempre termina cegando a los que se quedan cerca, y tú... tú brillas demasiado para que yo te arrastre a mi oscuridad. Pero me estoy cansando de mirar desde lejos. La verdad es que, Sarah, yo..."

Sarah se inclinó hacia la grabadora, apretando los auriculares contra sus oídos.

"Yo siempre..."

CLAC.

El botón de stop saltó automáticamente. La cinta se había acabado.

Sarah se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos. Sacó el cassette desesperada y vio que la cinta marrón había llegado al final del carrete. Le dio la vuelta con dedos temblorosos y presionó el lado B, pero solo había silencio. El vacío. La confesión más importante de su vida se había quedado atrapada en el plastico del casette.




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