Mireya observaba cómo Rafael se acercaba con documentos en la mano. Con voz firme, preguntó:
—Dime, ¿qué encontraste, Rafael?
Rafael abrió los documentos y los acomodó sobre la mesa para que Mireya pudiera leerlos. Mientras ella repasaba las páginas, él explicó:
—Al parecer, los que anoche asaltaron la Catedral de Fuego son un grupo organizado que se dedica a robar en el bosque.
Mireya frunció el ceño al leer los informes, donde se registraban múltiples asaltos a carruajes en la zona. Con tono molesto, replicó:
—¿Múltiples robos y me dices que no los atraparon?
Rafael notó el enojo de Mireya y respondió con seriedad:
—Ese grupo es muy escurridizo. Siempre encuentran la forma de huir. Además, en los robos no hubo víctimas fatales, así que el caso no despertó suficiente interés.
Mireya pensó con irritación:
¿Esperan que haya víctimas para actuar? ¿Qué clase de método es ese? Pero pronto acabará.
Dejó caer los documentos sobre la mesa y ordenó con voz severa:
—Rafael, organiza un plan para capturar a ese grupo de ladrones. Lleva contigo a personas en quienes confíes y a los guardias que estuvieron presentes la noche del robo.
Rafael asintió con la cabeza y, cuando estaba a punto de retirarse
Mireya lo detuvo con tono serio:
—Una cosa más, Rafael. Quiero que investigues a Thara, Orión y Diana.
Rafael la miró con atención y preguntó con cautela:
—¿Tienes alguna sospecha, Mireya?
Ella respondió con firmeza:
—Rafael, como bien sabes, ayer por la noche atrapamos a una asesina que pertenece a la organización criminal que estamos siguiendo.
Rafael asintió, pero Mireya continuó con gravedad:
—Y cuando terminé de derrotar a Antonio y observé a la asesina, vi que tenía la Espada de Hielo… emanaba un poder descomunal.
Rafael abrió los ojos con sorpresa.
—¿No me diga que esa asesina es la portadora de la Espada legendaria de Hielo?
Mireya asintió con la cabeza, luego se levantó y cruzó las manos con una mirada pensativa.
—Yo tenía la teoría de que las espadas eligen a sus portadores porque no tienen algún crimen o maldad… pero al parecer estaba equivocada.
Rafael respondió con seriedad:
—Entonces, ¿usted sospecha que los portadores pueden tener un crimen o posiblemente esconden algo?
Mireya contestó con una leve sonrisa:
—Así es. No quiero llevarme sorpresas en el futuro, así que investiga todo lo que puedas sobre ellos.
Rafael asintió con la cabeza, pero luego la miró fijamente.
—Mireya, la asesina que capturaste pertenece a la organización criminal. ¿Quiere que la interroguemos?
Mireya volvió a sonreír, aunque con firmeza en su voz:
—No. Yo personalmente la interrogaré mañana, porque creo que necesita recuperarse de sus heridas.
Rafael respondió con respeto:
—Está bien.
Luego se retiró, no sin antes pensar:
Si Mireya quiere interrogarla personalmente… ¿es porque busca terminar con la organización, o hay algo más detrás?
Cae la noche en la Capital Central y el grupo de ladrones, entre los que se encuentra Kael, camina rumbo al bosque. Mientras avanzan, Damian habla con seriedad:
—Fue suerte que se hayan recuperado rápidamente. No podemos quedarnos aquí, las cosas están muy tensas entre las capitales.
Carina interviene con el mismo tono grave:
—Tienes razón, Damian. Es mejor ponernos a salvo por si ocurre algo.
Luego, dirige una ligera sonrisa hacia Kael y Samuel. Ambos siguen caminando hasta que Samuel pregunta:
—¿Cómo te sientes, Kael? ¿Ya te encuentras bien?
Kael responde con una sonrisa tranquila:
—Estoy bien, Samuel. Creo que te preocupas demasiado.
Samuel sonríe también y añade:
—Lo que hiciste la noche del robo fue impresionante. Yo pensaba que ya no tenías fuerzas, pero me sorprendiste.
Kael, con orgullo y una sonrisa confiada, replicó:
—Soy una caja de sorpresas.
Después, en silencio, Kael reflexiona para sí mismo:
La verdad es que ya no tenía maná, pero al tomar la espada sentí cómo todo mi poder se recuperaba…
Mira su mano y continúa en su pensamiento:
Ahora me siento más fuerte. Siento que tengo mucho más poder del que podía utilizar… ¿o solo es mi imaginación?
El grupo de ladrones finalmente regresa al bosque, donde se encuentra su refugio.
A la mañana siguiente, Rafael se presentó en la oficina de Mireya con un mapa y los planes para capturar a los ladrones. Mireya no pudo evitar sorprenderse por la rapidez de su actuar.
—Rafael, sí que hiciste un plan muy rápido.
Rafael, con orgullo y una leve sonrisa, respondió:
—Fue rápido porque los ladrones frecuentan ciertos puntos donde roban. Hay muchas señales que indican el camino que toman, y todo conduce a una mina derrumbada y abandonada: el único lugar donde deben estar.
Mireya sonrió con satisfacción.
—Rafael, sí que puedo contar contigo. ¿Cuándo podemos actuar?
Rafael guardó los planos y contestó con seriedad:
—Hoy mismo, si usted lo desea.
El entusiasmo se reflejó en el rostro de Mireya.
—Entonces actuemos lo más pronto posible.
Rafael caminó hacia la salida para hacer los preparativos, pero Mireya levantó la voz antes de que se marchara:
—Rafael, quisiera que llevaras una cosa más antes de actuar.
Y así, carruajes y un grupo de soldados partieron desde la Capital rumbo al lugar donde se escondían los ladrones, con la misión de capturarlos.
Mireya y Rafael se encontraban en un carruaje mientras discutían el plan. Rafael, señalando el mapa, explicó con firmeza:
—Lo primero que haremos, Mireya, será rodear el lugar y asegurarlo bien. Luego enviaremos a los soldados para capturar a los ladrones. Muchos tratarán de huir, pero los guardias que rodean el área los detendrán fácilmente.
Mireya, mirando el mapa con atención, respondió con seriedad:
—El enfrentamiento es inevitable, pero, Rafael, quisiera que no haya bajas de nuestra parte ni tampoco del lado de ellos. Así que quiero que me incluyas en el plan.
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Editado: 22.01.2026