Ecos

Capítulo 12

Ana estaba de pie en la oscuridad. Sabía que Dani le estaba diciendo algo, pero no podía concentrarse lo suficiente para prestar atención. Su cerebro estaba en blanco, notaba sudor frío corriendo por su frente y lo único que oía era el grito de Sandra una y otra vez.

Sandra nunca había gritado así, ni una vez. Desde siempre, su hermana era una reprimida autoexigente que no sabía divertirse. Trataba de ser tan perfecta siempre, que una de las mayores diversiones de Ana era sacarla de quicio. Por ese motivo, la había oído despotricar muchas veces, pero nunca gritar.

Incluso cuando una vez se dio un fuerte golpe en el pie con la mesa del salón por ir caminando distraída, lo único que la oyó emitir fue un resoplido de dolor. Pero el grito que acababa de escuchar era gutural y estaba lleno de pánico. Sandra nunca había gritado así.

Ana volvió a marcar el número de su hermana, pero una voz mecánica respondió con unas palabras que le helaron la sangre.

“El teléfono al que llama, no está disponible en este momento.”

—¡Ana! —El grito de Dani finalmente se superpuso a sus pensamientos lo suficiente como para que le prestara atención—. ¿Qué pasa? ¿Era Sandra la que ha gritado? ¿Dónde está?

La última pregunta la despertó definitivamente y consiguió hacerla reaccionar. ¿Dónde estaba Sandra? Era evidente que no estaba ahí pero, ¿dónde estaban ellos exactamente? ¿Se habían perdido de nuevo? El entorno era como en las fotos que tenía en el móvil, pero completamente más descuidado y envejecido, y la casa era claramente distinta. ¿Realmente era un lugar parecido?

—Tengo que llamar a mi madre —musitó Ana.

Acto seguido, marcó el número de su madre, que no tardó en contestar la llamada.

—¿Habéis llegado ya? —preguntó despreocupada.

Ana se quedó momentáneamente en silencio. ¿Qué le decía? ¿Valía la pena alarmarla cuando ni ella misma sabía lo que pasaba?

—Ey, mamá —dijo, tratando de sonar normal—, ¿puedes mirar los papeles esos que le dio el abogado a Sandra y mandarme la dirección exacta?

—¿La dirección? —La voz de su madre comenzó a sonar inquieta—. ¿No la tenías ya?

—Es que no encontramos el lugar y quería asegurarme de que la tengo bien apuntada —respondió, con una sonrisa temblorosa.

Durante los siguientes minutos, Ana escuchó a su madre entrar en la habitación de su hermana y buscar el sobre que Sandra había llevado consigo cuando volvió de su reunión con el abogado. Por un segundo, le extrañó que aceptara tan fácilmente, porque María respetaba mucho la privacidad de sus hijas y no le gustaba entrar en sus dormitorios, y mucho menos abriría ningún sobre dirigido a ellas.

—A ver… —comentó su madre—. Aquí vienen dos direcciones, ¿te doy las dos?

¿Dos direcciones?, pensó extrañada.

—Por favor —respondió—. Mándamelas por mensaje.

—De acuerdo. —Hubo un extraño silencio en la línea antes de que su madre volviera a hablar—. ¿Ana? ¿Qué ocurre?

Por supuesto, su madre notaría que había algo raro con ella, siempre se daba cuenta. Pero Ana realmente no sabía qué decirle, así que trató de fingir que no pasaba nada.

—Nada, sólo que Dani y yo estamos un poco frustrados por perdernos, sólo eso.

Hubo silencio de nuevo antes de que su madre contestara.

—Muy bien, ahora mismo te mando las direcciones. Y Ana… —La mencionada se mantuvo expectante durante los segundos que tardó su madre en terminar la frase—. Si necesitas ayuda, dímelo.

Ana no respondió nada, pero su madre tampoco lo esperaba, porque colgó el teléfono en cuanto terminó de hablar.

—¿Para qué le has pedido la dirección a tu madre?

Ana salió de sus pensamientos, que no la estaban ayudando en nada, para responder a Dani.

—Quiero comprobar si nos hemos perdido o no.

—Es obvio que nos hemos perdido —comentó él—, a menos que te refirieras a esto cuando me hablaste de una mansión. ¿Por qué ha gritado tu hermana?

—No lo sé —respondió distraída, mientras revisaba todas las fotos que Sandra le había estado mandando—. Mira, este es el lugar. —Ana le extendió el móvil a Dani para mostrarle las imágenes—. ¿Ves? —insistió, pasando por las fotos del jardín—. Fíjate ahí.

Ana le mostró a Dani las fotos y apuntaba con la linterna al jardín en el que estaban, mostrándole los mismos lugares.

—Vale, relájate un poco —le dijo Dani, con voz tranquilizadora—. Es obvio que el diseño del jardín es igual, pero eso no significa nada. Puede que los diseñara la misma persona. Seguramente, la parcela de Sandra esté por aquí cerca. Tal vez haya tenido un accidente mientras hablaba contigo.

Sabía que Dani estaba tratando de que no entrara en pánico y que pensara con claridad, pero la perspectiva de que su hermana hubiera tenido un accidente que la hubiera hecho gritar así, y estuviera sola e incomunicada, tampoco era nada tranquilizadora.

Dani la convenció de volver al coche y esperar ahí el mensaje de su madre. Pero cuando éste llegó, el resultado no les ayudó a ninguno, porque de las dos direcciones que había en los papeles de la herencia de Alfonso, una era de un apartamento en el pueblo y la otra era del lugar exacto en el que se encontraban ellos.




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