Ecos

Capítulo 20

Sandra no recordaba cuánto tiempo se pasó de pie frente al espejo, mirando a una versión ensangrentada de sí misma.

¿Podía alguien desarrollar esquizofrenia en unos pocos días? Sandra estaba bastante segura de que no, pero también estaba bastante segura de que ver cosas que escapaban a toda lógica, tampoco era propio de una mente sana. A menos que esas cosas fueran reales. La verdad fuera dicha, no sabía cuál de las dos opciones la asustaba más.

Sandra no recordaba cuánto tiempo estuvo frente al espejo, pero sí recordaba haber recogido el cepillo del suelo de manera automática y, al volver a incorporarse, comprobar que su reflejo volvía a ser el suyo.

En un estado de trance, como si simplemente viera a su cuerpo moverse, recorrió la casa de arriba abajo, descolgando todos los espejos que encontró y apilándolos en una esquina del almacén, junto al dormitorio principal. Después, los cubrió todos con un par de sábanas y cerró la puerta. En cuanto al espejo del recibidor, dado que era demasiado grande como para poder levantarlo, decidió enganchar otra sábana al marco para cubrirlo.

Mientras se bajaba de la silla de comedor en la que había estado haciendo equilibrios para alcanzar el borde superior del espejo, se preguntó si eso era propio de una loca.

Seguramente sí, pensó.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cuando cayó la noche, Sandra se aseguró de que todas las puertas y ventanas estuvieran cerradas y las luces encendidas, echó la llave a la puerta principal, preparó todo el café que tenía, y seleccionó un puñado de películas que poner en la tele durante toda la noche.

Al principio fue bien.

Cuando estaba poniendo la segunda película de la noche, unos golpes en la puerta la interrumpieron. Sandra no fue a abrir. No sabía quién podía estar llamando a esas horas, pero tampoco pensaba descubrirlo, así que lo ignoró, esperando a que quien fuera se marchara. Sin embargo, los golpes volvieron a sonar, esta vez más fuerte. Sandra se dio cuenta de que, con las luces encendidas, la persona afuera sabría que estaba despierta.

Cuando los golpes sonaron por tercera vez, Sandra se colocó de espaldas a las escaleras, mirando hacia la puerta pero sin acercarse.

—¿Quién es? —En lugar de responder, los golpes volvieron a sonar, más fuertes aún—. ¡Si no paras, voy a llamar a la policía!

No es que tuviera ningún teléfono con el que hacerlo, pero la persona de afuera no lo sabía. Si es que era una persona… Sandra seguía teniendo muy presente lo que fuera que hubiera en ese bosque, pero dudaba seriamente que una puerta cerrada lo fuera a detener si quisiera entrar. Por ese motivo era que tenía las luces encendidas.

Después de un momento de silencio, un último golpe hizo temblar la madera de la puerta y el cuerpo de Sandra, antes de que la calma volviera a caer sobre la casa. Sandra se quedó un momento en el mismo lugar hasta que decidió que, quien estuviera ahí, se había ido. Volvió al sofá para seguir tratando de no dormirse.

Debieron de pasar un par de horas antes de la siguiente interrupción.

Sandra se había quedado medio dormida en el sofá cuando un fuerte estruendo la sobresaltó. Sonó como si algo grande se hubiera caído en uno de los pisos superiores. Esperó un momento por si se oía algo más, pero tras cinco minutos de silencio, decidió comprobar el origen del ruido.

Subió lentamente los escalones, tratando de no hacer ruido. Llegados a ese punto, Sandra no creía que fuera descabellado considerar la posibilidad de que hubiera “alguien” ahí arriba. A medida que subía, vigilaba el pasillo del segundo piso. Las puertas de los dormitorios y del baño estaban cerradas, tal y como ella las había dejado.

Sandra se acercó en primer lugar a la puerta que le quedaba más cerca de las escaleras, y pegó la oreja a la madera antes de abrir. Tras pasar un minuto sin oír nada, colocó la mano en el pomo y lo giró lentamente hasta alcanzar el tope. Al principio empujó sólo un poco para comprobar que la luz del dormitorio siguiera encendida, y sólo se aventuró a continuar cuando comprobó que así era. Contuvo el aliento mientras abría la puerta, vigilando el interior de la habitación a medida que lo hacía. Cuando finalmente tuvo la habitación completa a la vista, soltó el aire que había estado reteniendo. No había nada fuera de su lugar.

Sandra volvió a cerrar la puerta, sintiéndose tan agotada mentalmente por haber revisado una única habitación, que no sabía cómo iba a soportar revisar las que le quedaban. Sintió que había tardado como una hora en revisar el resto de cuartos, aunque seguramente no había pasado tanto, cuando al fin se encontró frente a la última puerta. Era el dormitorio que se encontraba más alejado de las escaleras, al fondo del pasillo.

Repitió el mismo proceso que con las habitaciones anteriores y obtuvo el mismo resultado, salvo porque en cuanto se asomó al dormitorio, vio el armario de madera en el suelo. Sandra abrió por completo la puerta y entró en la habitación, acercándose al mueble.

El armario era una robusta construcción en madera maciza, del estilo con el que se hacían antes. Incluso estando vacío, era tan pesado que serían necesarias varias personas para poder moverlo y, sin embargo, ahora estaba boca abajo en el suelo, sobre las puertas, tirado en el espacio que habría estado frente al mueble cuando estaba de pie. Sandra inspeccionó las patas, pensando que tal vez había alguna defectuosa, pero las cuatro estaban perfectamente y parecían estar bien niveladas. El suelo y la pared tampoco tenían ningún desperfecto, así que no se explicaba cómo el armario pudo haberse caído sin más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.