Las casas no son sólo casas, los edificios no son sólo edificios, las calles no son sólo calles.
Todos los lugares tienen ecos.
A veces es una sombra quemada por el sol, a veces es una mancha, una huella, un surco. A veces es el recuerdo de una voz, una silla vacía, o un pañuelo abandonado.
Cada persona que pasa por un lugar deja un rastro tras de sí. Un rastro que permanece para siempre, a veces para bien, y a veces para mal.
Mi experiencia en esa casa no afectó a lo que soy, pero sí me mostró las partes de mí misma que no conocía. Fue aterrador y desgastante en diferentes niveles, pero también liberador. Por ello siempre recordaré esas semanas con una sensación agridulce.
Nunca sabré qué habitaba exactamente en la casa Vila, si nació con ella o si fue el resultado de todas las vidas que pasaron por sus puertas. Tal vez haya lugares así en el mundo, lugares repletos de resonancias que perduran dentro de los reflejos, y a los que yo soy más sensible. Pero estoy convencida de que, si se presta la suficiente atención, todos podemos verlos a nuestro alrededor.
Los ecos de los que ya no están.
FIN
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Editado: 14.03.2026