DIARIO DE ALFONSO VILA
1958
En esta casa vive gente.
No me refiero a mi familia y yo, sino a los otros. Son personas que sólo veo yo. Entran y salen de las habitaciones, se sientan en las mesas, trabajan en la cocina y pasan el tiempo en el jardín. Ellos tampoco ven a mis padres ni a mi hermana, pero sí me ven a mí. A veces me hablan y yo les respondo, pero sólo cuando mis padres no están delante. No me hacen daño, pero siempre se sorprenden cuando me ven, incluso si ya nos hemos encontrado muchas veces. Es como si no me recordaran y no se dieran cuenta de que vivo aquí.
Mis padres piensan que soy extraño, porque cuando estamos reunidos y esas personas están delante, aunque intente no prestarles atención, me distraigo y entonces ellos me tienen que repetir las cosas más de una vez para que las oiga. Pero es que no puedo evitarlo.
1959
Hay algo viviendo aquí.
No me refiero a los extraños, sino a otra cosa. Al principio creí que sólo veía sombras y me asustaba yo solo. Me daba vergüenza decir que le tengo miedo a la oscuridad, así que no se lo dije a nadie, pero hay algo viviendo en la oscuridad.
No sé qué es, pero a veces me mira desde lejos. Es diferente a las demás personas, se siente mal, peligroso. Nunca lo he visto a la luz, ni lo he visto acercarse a nadie. Tampoco parece salir de “ese lugar” en el que viven los demás, ese pueblo que no es este, pero que es igual.
Cada vez que está cerca se me ponen los pelos de punta y noto frío. Sé que tengo que vigilarlo, porque me preocupa lo que pueda hacer, sobre todo a mis hermanitas.
1962
Ha muerto una persona. Yo soy el único que lo sabe.
Un hombre que trabajaba en el jardín desapareció. Todo el pueblo lo estuvo buscando, pero yo lo vi en “ese lugar”, aunque no tengo ni idea de cómo llegó ahí. Me habló como todos los días y lo vi haciendo su trabajo, como si no se hubiera dado cuenta de que no estaba en el mismo jardín que yo. Mi familia no le veía, claro, pero el resto de extraños sí, ya que el hombre había pasado a vivir con ellos, y él les veía también. Al principio se sorprendió mucho de ver en la casa a gente que no conocía, pero pareció acostumbrarse.
Pero ese hombre ha muerto. Y ahora entiendo que los extraños de “ese lugar” también están muertos.
Ayer le vi, podando los árboles sobre una escalera, cuando esa otra cosa oscura se acercó entre las sombras que formaban los árboles, y tiró la escalera. El hombre se cayó y se rompió el cuello, y esa cosa se colocó sobré él y abrió una enorme boca. Algo borroso salió del cuerpo del hombre y entró en la boca de esa cosa.
Yo me quedé congelado frente a la ventana de mi cuarto, viendo el cuerpo tirado en el césped, pero después de un minuto, el señor se volvió a levantar como si nada. Miró a su alrededor como si estuviera confuso, y se marchó hacia el pueblo.
Ahora sí que tengo que vigilar a esa criatura, por el bien de mi familia.
1972
Esa cosa está al acecho, siempre.
Las personas que viven en “ese lugar” son, sin duda, las víctimas de esa criatura y de su voracidad.
En los últimos diez años, he visto repetirse escenas como la que vi de niño desde la ventana de mi habitación, el suficiente número de veces para comprender finalmente la naturaleza de los eternos extraños que he visto toda mi vida.
Esas pobres almas son solo ecos de las personas que una vez fueron, y que fueron devoradas por la criatura. Siguen con su rutina y se comportan como las personas que habían sido, pero no registran en sus mentes información nueva ni tienen la capacidad de comprender su entorno. Sólo siguen por inercia con la vida que tenían.
Pensando en la cantidad de personas que llevo viendo desde niño, sólo puedo lamentar tanta pérdida.
Mi familia es inconsciente del peligro que nos acecha constantemente en casa, porque nunca he visto a esa criatura bajar al pueblo, pero yo me mantengo vigilante. Lo he visto acechando a mis hermanas y, cada vez que Sara o Clara están a punto de adentrarse en su oscuridad, yo las alejo y las llevo de nuevo a la luz. He notado su furia y lo he sentido vigilándome, frustrado por mis constantes interrupciones.
No estamos a salvo.
1976
Mi hermana Sara se ha casado hoy. Ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Mis padres están a la vez felices y entristecidos, porque el matrimonio de Sara la llevará lejos de aquí, pero para mí eso es otro motivo de alegría.
Quiero a mi hermana y le deseo lo mejor, pero sé que lo mejor para ella está, cuanto más lejos de esta casa y de sus peligros, mejor.
La criatura estaba ansiosa con la presencia de tanta gente en la casa. Me preocupaba que algún invitado tropezara accidentalmente en ese “otro lugar”. Esa cosa parecía perfeccionar cada vez más sus artimañas para atrapar presas, y sé que cada año tiene más hambre por mi familia, aunque no se prive de devorar vecinos y visitantes.
Echaré de menos a Sara, pero sé que a partir de ahora estará a salvo.
1977
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Editado: 14.03.2026