Ecos

3. Residuos

El resto del día se sintió… incorrecto.

No había otra forma de describirlo.

Lía intentó seguir con su rutina: clases, apuntes, conversaciones cortas. Todo lo que normalmente hacía. Pero algo se había quedado fuera de lugar, como una pieza mal encajada que no dejaba de molestar.

El chico.

Sus palabras.

"No vas a poder regresar."

¿Regresar a dónde?

Apretó el bolígrafo entre los dedos.

No tenía sentido. Nada de eso lo tenía.

Pero tampoco lo tenían los Ecos… y aun así estaban ahí.

Al salir de la escuela, el aire estaba más frío.

O quizá solo lo sentía así.

Lía caminó más despacio de lo habitual. No quería llegar rápido a casa. No quería quedarse sola con sus pensamientos.

Giró en la misma esquina de la mañana.

Y se detuvo.

El lugar donde había visto el Eco.

La pared seguía ahí. Vieja, agrietada, con la pintura desgastada por el tiempo.

Pero ahora no había nada.

Ningún destello.

Ninguna presencia.

Lía se acercó con cautela.

—No debería hacerlo… —murmuró.

Pero su cuerpo no obedeció.

Extendió la mano.

No tocó nada.

Solo aire.

Frunció el ceño.

Se sentía diferente.

Antes, incluso cuando los Ecos desaparecían, quedaba algo. Una especie de… residuo. Como si el recuerdo hubiera dejado una huella en el ambiente.

Pero ahora…

Nada.

Vacío.

Como si nunca hubiera existido.

Lía bajó lentamente la mano.

Eso sí era nuevo.

Y no le gustaba.

Siguió caminando, más rápido esta vez.

Las palabras del chico volvieron a su mente, una y otra vez.

"Deja de acercarte a ellos."

Demasiado tarde para eso.

Siempre había estado cerca.

Desde que tenía memoria.

Su casa estaba en silencio cuando llegó.

Como siempre.

Dejó la mochila sobre la silla y se quitó los zapatos sin hacer ruido, aunque no había nadie a quien molestar.

El reloj en la pared marcaba las horas con un sonido seco, constante.

Tic.

Tac.

Tic.

Tac.

Lía se dejó caer en el sofá, mirando al techo.

Intentó convencerse de que todo tenía una explicación.

Que el chico solo era alguien extraño.

Que lo que sentía no era real.

Que podía ignorarlo.

Pero entonces recordó algo.

La forma en que él había dicho “Ecos”.

Como si fuera algo normal.

Como si no fuera la única.

Lía cerró los ojos.

—¿Qué está pasando…?

El silencio no respondió.

Esa noche, tardó en dormir.

Cuando finalmente lo hizo, no fue descanso lo que encontró.

El sueño comenzó tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Lía estaba de pie en un lugar que no reconocía. Todo a su alrededor era difuso, como si el mundo estuviera hecho de niebla y luz al mismo tiempo.

No había sonido.

No había viento.

Solo… vacío.

Dio un paso.

El suelo no se sentía sólido.

Otro paso.

Entonces lo vio.

Un Eco.

Pero no flotaba como los demás.

Este era más grande. Más inestable.

Como si estuviera… rompiéndose.

Lía se acercó lentamente.

Sabía que no debía tocarlo.

Lo sabía.

Aun así—

Extendió la mano.

Y cuando sus dedos rozaron la superficie—

Todo se quebró.

No hubo imagen clara esta vez.

No hubo recuerdo completo.

Solo fragmentos.

Un grito.

Oscuridad.

Una sensación de caída.

Y luego—

Unos ojos.

Mirándola.

Los mismos de antes.

El chico.

Kael.

Su voz no sonó como en el patio.

Sonó lejana.

Distorsionada.

Como si viniera desde otro lugar.

—Lía…

Su nombre.

¿Cómo…?

—Ya empezó —dijo él.

El Eco se fragmentó aún más.

La luz se volvió inestable.

—¿Qué empezó? —intentó preguntar, pero su voz no salió.

Kael dio un paso hacia ella.

—Esta vez no voy a llegar tarde.

El mundo se rompió.

Lía despertó de golpe.

Su respiración era rápida.

El cuarto estaba oscuro.

Silencioso.

Real.

Se sentó en la cama, llevándose una mano al pecho.

Su corazón latía con fuerza.

—Solo fue un sueño… —susurró.

Pero sabía que no era cierto.

Porque nunca había tenido un sueño así.

Nunca había sentido un Eco…

tan real.

Se levantó lentamente y caminó hacia la ventana.

La noche cubría todo.

Las calles vacías.

Sin movimiento.

Sin ruido.

Pero entonces—

Lo sintió.

Ese peso en el aire.

Más fuerte que antes.

Lía se quedó completamente quieta.

Y sin saber por qué…

Miró hacia la calle.

Al otro lado.

Entre las sombras.

Había alguien.

Observando.




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