Ecos

4. Primer encuentro

Al día siguiente, Lía llegó a la escuela con la sensación de que algo había cambiado. No podía decir exactamente qué, pero la presencia de Kael, aunque solo lo hubiera visto en fragmentos, se sentía más cercana.

Durante la primera clase, intentó concentrarse, pero cada sonido, cada movimiento de los demás parecía amplificado, recordándole la noche anterior. La voz de la profesora, los lápices raspando, incluso la risa de algunos estudiantes le resultaban casi molestos, como si todo lo real estuviera compitiendo con lo que ella había visto en el sueño.

—Lía, ¿te pasa algo? —preguntó Mara en voz baja, inclinándose hacia ella.

—Nada —respondió con un suspiro. Pero Mara no la creyó.

Después de clases, mientras caminaban por el pasillo, Lía volvió a sentir esa extraña vibración, una mezcla de tensión y curiosidad que la impulsaba a mirar hacia todas partes. Y entonces lo vio.

Kael estaba al final del pasillo. Solo. Apoyado en la pared. Observándola.

Su respiración se detuvo por un instante. No había distorsión, ni luz extraña, ni Eco visible. Solo él, real, parado ahí como si la hubiera estado esperando.

Lía tragó saliva y dio un paso atrás. Mara notó su reacción:

—¿Es él otra vez?

—Sí… —susurró Lía, casi sin voz.

Kael no se movió. No habló. Solo la miró, con una intensidad que la hizo dudar de si debía acercarse o correr.

Por un impulso que no comprendía, Lía caminó hacia él. Cada paso se sentía pesado, como si el aire mismo resistiera su movimiento.

—Tú… —comenzó, sin saber qué decir.

Kael levantó la mano suavemente, señalando que se detuviera. Su mirada estaba fija en ella, seria, pero no amenazante.

—No debiste verme —dijo finalmente, en un susurro que parecía escucharse solo en su cabeza.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Lía, sintiendo que la curiosidad superaba al miedo.

—Los Ecos… no son seguros —explicó él, con voz baja—. Y tú… no sabes lo que estás tocando.

Lía sintió un escalofrío recorrer su espalda. La advertencia era clara, pero no entendía nada.

—¿Quién eres? —insistió, un poco más firme esta vez.

Kael giró la mirada hacia la puerta del pasillo, como si esperara que nadie los escuchara. Luego volvió a enfocarla.

—Alguien que debería protegerte… aunque no quieras que lo haga.

Antes de que pudiera decir algo más, un grupo de estudiantes pasó cerca de ellos, y Kael se movió rápidamente hacia la sombra de una esquina, desapareciendo casi como si hubiera sido parte del Eco de su sueño.

Lía quedó sola, con el corazón latiendo rápido y la cabeza llena de preguntas. Mara la miraba preocupada.

—¿Qué fue eso? —preguntó.

Lía no respondió de inmediato. Solo pensó en una cosa: algo le decía que no sería la última vez que lo vería. Y que, de alguna manera, todo lo que estaba a punto de pasar, cambiaría su vida para siempre.




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