Ecos

5. El primer eco

Esa tarde, Lía no podía concentrarse en nada. Sus pensamientos volvían una y otra vez al chico del pasillo, a sus palabras y a la advertencia sobre los Ecos.

Decidió dar un paseo por el parque cercano a su casa. Necesitaba aire, espacio… tiempo para pensar.

Caminaba despacio, observando los árboles mecerse con el viento y las hojas caer sin prisa. Todo parecía normal, demasiado normal, como si el mundo estuviera intentando calmarla.

Pero entonces lo sintió: un leve zumbido en el aire. Un pulso casi imperceptible que le erizó la piel.

Lía se detuvo.

—Aquí está —susurró, aunque no había nadie más.

Frente a ella, entre dos bancos desgastados por el tiempo, flotaba un Eco. Era pequeño, apenas un fragmento de luz y color, temblando como una llama débil. Se veía tan débil que podía desaparecer con un parpadeo… pero también parecía llamarla.

Lía dudó. Recordó las palabras de Kael:

"No sabes lo que estás tocando."

Aun así, dio un paso adelante. Luego otro. Cada movimiento parecía más lento de lo normal, como si el aire mismo quisiera retenerla.

Extendió la mano. Sus dedos temblaban.

Cuando lo tocó, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. El Eco vibró con intensidad, llenando su mente con imágenes fragmentadas: risas, lágrimas, voces que no reconocía… sensaciones que no le pertenecían pero que dolían como si fueran suyas.

Lía retrocedió, respirando con dificultad. El Eco comenzó a disiparse lentamente, y con él, la sensación de calor y emoción que había llenado su pecho.

—Esto es… real —murmuró, más para sí misma que para alguien más.

Cerró los ojos y trató de calmar su respiración. Su corazón latía rápido, y una extraña mezcla de miedo y fascinación la recorría. Nunca había sentido algo así antes.

—¿Por qué me llaman? —preguntó en voz baja, aunque no esperaba respuesta.

El Eco no respondió. Solo quedó un leve resplandor, casi un susurro que se desvanecía entre las hojas del parque.

Lía sabía algo con certeza: no podía ignorarlo.

Y tampoco podía dejar de acercarse.

Porque, aunque no entendiera qué era o qué podía pasar… algo en su interior le decía que este era solo el comienzo.




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