Ecos

6. Sombras entre los arboles

Al día siguiente, Lía no pudo concentrarse en clase. Sus ojos se escapaban constantemente hacia la ventana, buscando ese vacío que ya sabía que no estaba vacío.

Durante el almuerzo, decidió ir sola al parque otra vez. Necesitaba entender lo que había pasado con el Eco. Necesitaba verlo de nuevo, sentirlo, aunque fuera solo por un instante.

Caminó despacio, respirando el aire frío, notando cómo la luz del sol atravesaba las hojas. Todo parecía normal… demasiado normal. Y eso la inquietaba.

Llegó al mismo banco donde había visto el Eco. Esta vez no había nada flotando, ningún resplandor, ningún fragmento de recuerdo visible. Solo silencio.

—No me engañas —susurró, más para ella misma que para alguien más—. Sé que estás aquí.

Un crujido en la hierba la hizo girar. Y ahí estaba él. Kael.

No dijo nada. Solo la observó desde la sombra de los árboles, con esa mirada intensa que Lía aún no podía descifrar.

—¿Otra vez tú? —preguntó ella, tratando de mantener la voz firme.

Kael dio un paso adelante, pero no demasiado. Suficiente para que supiera que no iba a atacarla, pero tampoco para sentirse segura.

—No deberías tocar los Ecos —dijo de nuevo, casi como si repitiera una lección que no podía aprenderse de otra manera—. Pueden cambiar cosas que ni imaginas.

Lía tragó saliva, mirando sus manos.

—Lo sé… pero no puedo ignorarlo. No después de sentirlo.

Kael suspiró. Algo en su expresión se suavizó un poco, aunque seguía serio.

—Está empezando a llamarte —dijo—. Y no es un juego.

—¿Llamarme? ¿Qué significa eso?

—Significa que el Eco que tocaste… no es cualquiera. Es especial. Y ahora quiere más.

Lía sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Quieres decir… que… me está siguiendo?

Kael no respondió de inmediato. Se quedó en silencio, observándola como evaluando cada detalle de su reacción.

—No solo eso —dijo finalmente—. Tú lo estás atrayendo.

Lía parpadeó.

—¿Yo lo estoy atrayendo?

—Sí. —Kael bajó la voz—. Y si no tienes cuidado… podría ser demasiado tarde antes de que te des cuenta.

Un viento suave movió las hojas alrededor, y por un instante, Lía sintió un escalofrío que no venía del frío.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó, tratando de sonar más valiente de lo que se sentía.

Kael se acercó un poco más, manteniendo su mirada fija en la de ella.

—Por ahora… solo observa. Aprende a reconocerlos. Y nunca, bajo ninguna circunstancia, intentes controlarlos.

Lía asintió lentamente, aunque no estaba segura de poder seguir esa instrucción.

El chico permaneció unos segundos más en silencio, luego dio media vuelta y desapareció entre los árboles, tan silencioso como había llegado.

Lía se quedó allí, con el corazón latiendo con fuerza y la mente llena de preguntas que todavía no tenían respuestas.

Sabía una cosa: este encuentro no sería el último. Y de alguna manera… tenía la sensación de que nada volvería a ser igual.




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