Ecos

7. Susurros del pasado

Al día siguiente, Lía no podía dejar de pensar en el Eco y en Kael. Cada sonido, cada sombra la hacía sentir vigilada, como si el mundo mismo esperara que ella descubriera algo.

Durante la tarde, decidió ir a la biblioteca de la escuela. No sabía qué buscaba exactamente, pero sentía que tal vez allí podría encontrar pistas.

Las estanterías altas y polvorientas olían a papel viejo y madera. Todo parecía demasiado tranquilo, casi antinatural. Lía caminaba lentamente, observando los títulos de los libros, como si alguno de ellos pudiera llamar su atención.

Después de unos minutos, encontró un pequeño libro que parecía fuera de lugar: encuadernación gastada, letras casi borradas, pero con un título que hizo que su corazón latiera un poco más rápido: “Fragmentos y sombras: relatos sobre recuerdos que no pertenecen”.

Lo tomó con cuidado. Al abrirlo, encontró historias de personas que afirmaban haber visto cosas imposibles, recuerdos ajenos que aparecían sin explicación. La mayoría hablaba de fragmentos de vida que parecían querer comunicarse, dejar un mensaje o advertir algo.

Lía leyó lentamente, absorbiendo cada palabra. Cada relato la hacía sentir… menos sola. Menos loca.

Pero había algo más: la sensación de que los Ecos no eran simples recuerdos perdidos. Que podían tener voluntad propia.

—No es solo un sueño —susurró para sí misma—. No es solo un Eco.

Mientras hojeaba las páginas, un fragmento llamó su atención:

"Quien toca los fragmentos debe caminar con cuidado. Algunos llaman la atención de aquellos que nunca deberían ser vistos."

Un escalofrío recorrió su espalda. Lía cerró el libro lentamente y lo sostuvo contra su pecho.

No podía evitar pensar en Kael y en sus palabras:

"Tú lo estás atrayendo. Y si no tienes cuidado… podría ser demasiado tarde."

El murmullo de la biblioteca parecía aumentar, como si los libros mismos susurraran a su oído. Lía sintió una mezcla de temor y curiosidad que no podía ignorar.

—Tengo que entenderlos —murmuró, con determinación—. Aunque no sepa cómo.

Guardó el libro en su mochila y salió de la biblioteca, respirando hondo. Afuera, el sol caía suavemente sobre los árboles, y por un instante todo parecía normal.

Pero Lía sabía que no lo era.

Algo la estaba observando. Y la siguiente vez que apareciera… no sería solo un Eco.




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