Ecos

8. Fragmentos peligrosos

Esa noche, Lía apenas pudo dormir. Cada sonido de la casa le parecía demasiado fuerte: el crujido del piso, el tic-tac del reloj, incluso el viento contra la ventana la mantenían alerta.

Su mente no dejaba de repetir las palabras de Kael:

"No sabes lo que estás tocando."

Y la advertencia de los libros:

"Algunos fragmentos llaman la atención de aquellos que nunca deberían ser vistos."

No podía ignorarlo. No quería.

A la mañana siguiente, volvió al parque. Su corazón latía con fuerza mientras caminaba lentamente entre los árboles. No había nadie alrededor, y aun así sentía que algo la esperaba.

Y allí estaba.

El segundo Eco.

Más grande que el primero. Más intenso. Temblaba con una luz más viva, casi dolorosa de mirar. Se sentía como un latido, como si estuviera vivo.

Lía respiró hondo y extendió la mano, temblando.

Al tocarlo, un torrente de imágenes y emociones la atravesó: alegría, miedo, tristeza… voces que gritaban, risas que dolían, lágrimas que no eran suyas.

Un calor extraño se expandió por su pecho. Su visión se nubló. Sintió que estaba cayendo hacia dentro del Eco, atrapada entre fragmentos que querían salir y otros que querían quedarse.

Retrocedió de golpe, cayendo de rodillas sobre la hierba. Su respiración era rápida y su corazón parecía querer salirse del pecho.

—Esto… es demasiado —murmuró, sin poder incorporarse todavía.

Sintió un frío recorrer su espalda. Una sombra que no pertenecía al parque ni al día, como si alguien hubiera aparecido detrás de ella.

Giró lentamente.

Kael estaba allí. De pie entre los árboles, mirándola con seriedad y algo más… preocupación.

—Te dije que no lo hicieras —dijo, su voz baja pero firme.

—No pude… no podía ignorarlo —respondió Lía, tratando de calmar su respiración—. Pero… esto es… —no encontraba palabras para describir lo que sentía—. Esto es real.

—Sí —asintió Kael—. Muy real. Y muy peligroso.

Se acercó unos pasos más, pero aún manteniéndose en la sombra.

—Cada Eco tiene consecuencias —explicó—. Lo que tocaste no desaparecerá tan fácilmente. Puede seguirte, puede llamarte, puede cambiar algo en ti que no podrás revertir.

Lía tragó saliva, intentando procesar sus palabras.

—Entonces… ¿qué hago? —preguntó, con un hilo de voz.

Kael permaneció en silencio un momento, evaluándola. Luego dijo:

—Aprende. Observa. No lo controles. Solo entiende que existe. Y sobre todo… nunca lo ignores.

Un viento suave movió las hojas, y por un instante, Lía sintió que algo dentro de ella se había despertado. Algo que no podía comprender todavía.

—Voy a intentarlo —murmuró, más para sí misma que para Kael.

El chico asintió levemente y dio un paso atrás, desapareciendo entre los árboles como si fuera parte de la sombra misma.

Lía permaneció allí, arrodillada en la hierba, con el segundo Eco parpadeando débilmente frente a ella. Su corazón aún latiendo con fuerza.

Sabía que esto apenas comenzaba.

Que tocar un Eco no era solo ver un recuerdo… era abrir la puerta a algo que podía cambiarlo todo.

Y por primera vez, sintió miedo de lo que podría encontrar al otro lado.




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