La mañana llegó… pero no trajo claridad.
Lía despertó con una sensación extraña, como si hubiera olvidado algo importante. No era una idea concreta, ni un recuerdo específico… solo un vacío.
Se quedó mirando el techo, en silencio.
Algo no estaba bien.
Pero no sabía qué.
Se levantó lentamente y caminó hacia su escritorio.
El cuaderno seguía ahí.
Abierto.
Como si la estuviera esperando.
Lía lo miró unos segundos antes de acercarse. Había algo incómodo en él, como si contuviera una verdad que no estaba lista para entender.
Lo tomó.
Leyó la frase:
"Alguien falta."
Frunció el ceño.
—¿Por qué escribí esto…? —murmuró.
No lo recordaba.
Y eso le provocó un escalofrío inmediato.
Su respiración se volvió más lenta.
Más cuidadosa.
Algo dentro de ella empezó a inquietarse.
No por lo que decía la frase…
sino por lo que implicaba.
Cerró el cuaderno de golpe.
No quería pensar en eso.
No todavía.
El camino a la escuela se sintió más largo.
Más pesado.
Como si cada paso la acercara a algo que no quería enfrentar.
Al entrar al salón, todo parecía normal.
Demasiado normal.
Mara la saludó con una sonrisa ligera.
—Te ves mejor que ayer.
—¿Sí? —respondió Lía, distraída.
—Sí… ayer estabas muy rara.
Lía dudó.
—¿Ayer…? —repitió.
—Sí —respondió Mara—. Dijiste algo sobre que faltaba alguien.
El corazón de Lía dio un salto.
—¿Y…? —preguntó con cuidado.
—Nada —Mara se encogió de hombros—. No entendí a qué te referías.
Silencio.
Lía asintió lentamente.
—Sí… yo tampoco.
Pero en el fondo…
sabía que eso no era cierto.
Durante la clase, la sensación volvió.
Ese ligero desfase.
Esa incomodidad invisible.
Pero esta vez… era diferente.
Más fuerte.
Más presente.
Un sonido.
Un eco leve.
No en el aire…
en su mente.
Giró la cabeza lentamente.
Y lo vio.
Un fragmento.
No flotando.
No visible para los demás.
Pero ahí.
Superpuesto a la realidad.
Una sombra de algo que no encajaba.
Parpadeó.
Desapareció.
Su respiración se aceleró.
—Esto… está empeorando —susurró.
—Lo está.
La voz no vino de su lado.
Ni del frente.
Vino detrás.
Lía se giró de golpe.
Kael estaba ahí.
De pie junto a la puerta.
Como si siempre hubiera estado ahí.
Pero nadie más lo miraba.
—Tú… —susurró Lía.
Kael caminó lentamente hacia ella.
Sin prisa.
Sin hacer ruido.
Como si el mundo no aplicara para él.
—¿Qué está pasando? —preguntó ella, con la voz baja pero firme.
Kael la observó unos segundos antes de responder.
—Lo que debía pasar.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que importa.
Lía frunció el ceño.
—Estoy olvidando cosas.
—Sí.
—¿Por los Ecos?
Kael no dudó.
—Sí.
Silencio.
Pesado.
Denso.
—¿Se puede revertir? —preguntó ella.
Kael no respondió de inmediato.
Y eso fue suficiente.
—Dímelo —insistió Lía, sintiendo la presión en el pecho.
Kael sostuvo su mirada.
Directo.
Sin suavizar nada.
—No.
La palabra cayó como un golpe.
—Lo que se pierde… —continuó él— no regresa.
Lía sintió que algo dentro de ella se tensaba.
—Entonces… esa persona…
Kael bajó ligeramente la mirada.
—Ya no existe.
Silencio.
—Pero yo lo recuerdo —dijo Lía, aunque su voz dudó al final.
Kael negó suavemente.
—No por mucho tiempo.
Un vacío se abrió en su pecho.
—Eso no es justo —susurró.
—No tiene que serlo.
Lía apretó los puños.
—Entonces dime cómo detenerlo.
Kael dio un paso más cerca.
Esta vez, lo suficiente para que la distancia entre ellos se sintiera… diferente.
Más real.
Más personal.
—No puedes detenerlo —dijo en voz baja—. Solo puedes sobrevivirlo.
Lía lo miró fijamente.
Había algo en su expresión que no había visto antes.
No era solo seriedad.
Era… cansancio.
Como si ya hubiera pasado por esto.
—Tú ya lo viste antes… ¿verdad? —preguntó.
Kael no respondió.
Pero no apartó la mirada.
Eso fue suficiente.
—Sabes cómo termina —continuó ella.
Silencio.
—Y aun así estás aquí —añadió.
Kael respiró ligeramente más profundo.
—Esta vez es diferente.
Lía sintió algo cambiar en el aire.
—¿Por qué?
Kael dudó.
Solo un segundo.
Pero Lía lo notó.
—Porque esta vez eres tú.
El corazón de Lía se detuvo por un instante.
No entendía completamente lo que significaba.
Pero algo en la forma en que lo dijo…
importaba.
Demasiado.
—¿Y eso qué cambia? —preguntó, más suave.
Kael la observó como si estuviera midiendo cada palabra.
—Todo.
Silencio.
El mundo alrededor seguía.
Voces.
Movimientos.
Ruido.
Pero entre ellos…
todo se había detenido.
Por primera vez…
Lía no sintió miedo.
Sintió algo más.
Algo que no podía nombrar todavía.
Pero que definitivamente…
no quería perder.