Ecos

16. Distorsión

La primera vez que pasó, Lía pensó que había sido su imaginación.

Un pequeño error.

Un detalle sin importancia.

Pero no lo fue.

Estaba sentada en su lugar, mirando el cuaderno sin realmente leer. La voz del profesor llenaba el salón, monótona, constante, como siempre.

—Como ya vimos en la página cuarenta y tres…

Lía apenas levantó la mirada.

Algo en el tono…

no encajaba.

Silencio.

Un segundo.

Tal vez menos.

—Como ya vimos en la página cuarenta y tres…

Su cuerpo se tensó.

No fue parecido.

No fue similar.

Fue exactamente igual.

Mismo tono.
Misma pausa.
Misma entonación.

Lía levantó la cabeza por completo.

Miró alrededor.

Nadie reaccionó.

Nadie.

—No… —susurró.

Su corazón empezó a latir más rápido.

Tal vez había sido un eco de sonido.

Tal vez su mente lo repitió.

Tal vez—

Un golpe seco.

Un lápiz cayó al suelo.

Un chico dos filas adelante se inclinó, lo recogió y volvió a su lugar.

Normal.

Lía respiró hondo.

Intentó calmarse.

Y entonces—

El mismo lápiz cayó otra vez.

El mismo sonido.

El mismo movimiento.

El mismo gesto.

Exactamente igual.

El aire se volvió pesado.

—Esto no está pasando… —murmuró.

—Sí está pasando.

La voz de Kael.

A su lado.

Lía giró lentamente la cabeza.

Ahí estaba.

Sentado como si siempre hubiera estado ahí.

Como si perteneciera a ese lugar.

Pero no miraba al frente.

La miraba a ella.

—¿Tú también lo viste? —preguntó Lía, en un susurro tenso.

—No solo lo vi.

—Entonces…

Kael bajó ligeramente la voz.

—Esto ya empezó.

Las palabras le helaron la sangre.

—¿Qué empezó?

Pero Kael no respondió de inmediato.

Sus ojos recorrieron el salón.

Observando.

Midiendo.

—La ruptura —dijo finalmente.

Lía sintió un escalofrío.

—¿Por los Ecos?

—Por cómo están reaccionando a ti.

—Yo no estoy haciendo nada —susurró, sintiendo la presión en el pecho.

—Exactamente —respondió Kael—. No deberías poder afectarlos así… y aun así lo haces.

Un murmullo recorrió el salón.

Pero no era real.

No completamente.

Por un segundo, Lía escuchó dos conversaciones al mismo tiempo.

Superpuestas.

Una risa.

Dos veces.

Desfasada.

Se llevó la mano a la cabeza.

—Esto… duele…

—No luches contra ello —dijo Kael—. Solo obsérvalo.

—¿Cómo se supone que haga eso?

Pero antes de que él respondiera—

El mundo se desfasó otra vez.

El profesor giró hacia el pizarrón.

Escribió una palabra.

Se detuvo.

Y luego—

Repitió el mismo movimiento.

Encima del anterior.

La tiza trazó la misma línea dos veces.

Pero la primera… desapareció.

Como si nunca hubiera existido.

Lía se quedó completamente inmóvil.

—Lo viste —dijo Kael.

No era una pregunta.

—Sí…

—Eso significa que ya estás dentro.

—¿Dentro de qué?

Kael la miró.

Y esta vez…

no suavizó nada.

—De lo que viene después.

El aire se volvió más frío.

Un segundo más.

Todo se detuvo.

Literalmente.

El sonido desapareció.

El movimiento se congeló.

Todo.

Excepto ellos dos.

Lía dejó de respirar por un instante.

—¿Qué… está pasando…?

Kael se puso de pie lentamente.

Mirando alrededor.

Tenso.

—Esto no debería pasar tan pronto…

—¿Qué cosa?

Pero entonces—

El mundo volvió.

De golpe.

El ruido regresó.

Las voces.

El movimiento.

Como si nada hubiera pasado.

Lía se llevó la mano al pecho.

Su corazón latía con fuerza.

—Esto… va a empeorar, ¿verdad?

Kael no dudó.

—Sí.

—¿Cuánto?

Silencio.

—Depende de ti.

Lía lo miró.

—¿De mí?

—De cuánto sigas acercándote.

Bajó la mirada.

—No puedo detenerme…

Kael la observó.

Y esta vez…

no la contradijo.

Porque ambos sabían la verdad.

Ya era demasiado tarde.




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