El timbre sonó.
Pero Lía no se movió.
Todo seguía girando en su cabeza.
Las repeticiones.
La pausa.
El momento en que todo se detuvo.
—¿Eso… le pasa a todos? —preguntó en voz baja.
—No.
—¿Entonces por qué a mí?
Kael no respondió de inmediato.
—Porque estás conectada.
—¿A qué?
Silencio.
—A los Ecos… más de lo que deberías.
Lía sintió un nudo en el estómago.
—Eso no explica nada.
—Explica lo suficiente.
Ella negó con la cabeza.
—No.
—Necesito entenderlo.
Kael la observó unos segundos.
—Entenderlo no lo va a detener.
—Pero sí a mí.
Eso lo hizo detenerse.
Por un momento…
algo cambió en su expresión.
No era duda.
No completamente.
Era algo más.
—Entonces escucha —dijo finalmente—. Lo que viste hoy… no es solo una falla.
—Es una advertencia.
—¿De qué?
Kael dio un paso más cerca.
—De que ya estás demasiado dentro.
El aire entre ellos se volvió más pesado.
Lía no retrocedió.
—Entonces sácame.
Silencio.
Kael la miró directamente.
—No puedo.
La respuesta llegó más rápido de lo que esperaba.
—¿Por qué?
—Porque si te saco…
—todo lo demás se rompe.
Lía frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—No tiene que tenerlo.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
no fue incómodo.
Fue intenso.
—Entonces quédate —dijo Lía, casi sin pensar.
Kael no respondió.
Pero no se fue.
Y eso fue suficiente.
Caminaron juntos.
Sin hablar.
Sin rumbo.
Pero con algo distinto.
Una conexión que no existía antes.
El parque apareció frente a ellos.
Y con él…
otro Eco.
Más grande.
Más inestable.
Lía se detuvo.
—Ese…
—No te acerques —dijo Kael de inmediato.
Pero ya lo sentía.
Más fuerte que nunca.
El tirón.
El llamado.
—No puedo… —susurró.
Dio un paso.
El aire vibró.
—Lía.
Otro paso.
La luz del Eco se intensificó.
—¡Lía, no!
Pero ya era tarde.
El mundo se distorsionó.
Sonidos rotos.
Imágenes fragmentadas.
Y entonces—
una mano la sujetó.
Firme.
Real.
Kael.
—¡Lía!
El contacto la sacó.
De golpe.
Todo volvió.
Pero no completamente.
El Eco seguía ahí.
Inestable.
Kael no la soltó.
Su respiración estaba más agitada.
—Te dije que no te acercaras.
—No pude…
Silencio.
Sus manos seguían unidas.
Demasiado cerca.
—Ese es el problema —dijo Kael, más bajo ahora.
Lía lo miró.
—Entonces ayúdame.
Kael dudó.
Por primera vez de verdad.
—No sé si puedo hacerlo sin empeorar todo.
El Eco vibró detrás de ellos.
Pero ninguno se movió.
Porque en ese momento…
lo más peligroso no era el Eco.
Era lo cerca que estaban.