Esa tarde, Lía decidió no ignorarlo más.
No podía seguir fingiendo que todo estaba bien mientras el mundo se deshacía poco a poco frente a sus ojos. Si había algo que aún podía hacer, era intentar aferrarse a lo que estaba desapareciendo.
Se sentó en su cama, con el cuaderno abierto sobre las piernas. Las palabras escritas en él parecían más importantes que nunca, como si fueran lo único que todavía resistía al olvido.
"Alguien falta."
"Hoy alguien desapareció."
Las leyó en silencio, dejando que cada frase se asentara en su mente. No eran recuerdos completos, no eran nombres ni rostros… pero eran pruebas. Pruebas de que algo había existido.
—No voy a olvidarlos —susurró, aunque su voz no sonó tan firme como le hubiera gustado.
Cerró los ojos lentamente, respirando hondo, preparándose para lo que estaba a punto de hacer.
No buscó imágenes claras. Sabía que no las encontraría. En su lugar, buscó sensaciones.
Presencias.
Vacíos.
Y por un momento… lo sintió.
Una risa lejana.
Un espacio ocupado.
Una presencia que alguna vez estuvo ahí.
Era débil, casi inexistente… pero era real.
El corazón de Lía se aceleró.
—Lo tengo… —murmuró.
Pero entonces llegó el dolor.
Repentino.
Agudo.
Como si algo dentro de su mente reaccionara violentamente a ese intento de recordar.
—¡Ah—! —se llevó la mano a la cabeza, inclinándose hacia adelante.
Las sensaciones se rompieron al instante.
Desaparecieron.
Como si nunca hubieran estado ahí.
Lía respiraba con dificultad, tratando de mantenerse en pie, aunque todo dentro de ella se sentía inestable.
—Te dije que no lo hicieras.
Levantó la mirada.
Kael estaba en la puerta, observándola con una expresión tensa.
—Entonces dime qué hago —respondió ella, frustrada, casi al borde de romperse—. Porque si no intento recordar… desaparecen.
Kael guardó silencio unos segundos.
—Sí —dijo finalmente—. Desaparecen.
La respuesta cayó pesada.
Definitiva.
Lía apretó el cuaderno con más fuerza.
—Eso no es una opción.
—Es la única que tienes.
El silencio que siguió fue más doloroso que cualquier respuesta.
—Si luchas contra el Eco… —continuó Kael— el Eco también luchará contra ti.
Lía bajó la mirada, sintiendo que algo dentro de ella se quebraba lentamente.
—Entonces… no hay forma de salvarlos.
Kael no respondió.
Pero no hacía falta.