Después de eso, Lía dejó de intentar recordar.
No porque quisiera…
sino porque entendió que cada intento tenía un costo.
Y ese costo era ella misma.
Los días siguientes no se sintieron como días.
No tenían inicio claro.
Ni final definido.
Eran fragmentos.
Momentos sueltos que a veces se conectaban… y a veces no.
Lía empezó a notar que ya no podía confiar completamente en el tiempo.
Había momentos que juraba haber vivido… pero que nadie más recordaba.
Conversaciones que parecían repetirse, pero con pequeñas variaciones.
Instantes que se sentían demasiado largos… o demasiado cortos.
Una vez, estuvo segura de haber salido de su casa.
Recordaba haber cerrado la puerta.
Recordaba el sonido.
El movimiento.
Pero segundos después…
seguía dentro.
Parpadeó.
Y la escena cambió.
Eso fue lo que más miedo le dio.
No la distorsión.
No los Ecos.
Sino la duda.
—¿Qué es real…? —murmuró una tarde, mientras caminaba sin rumbo claro.
—Lo suficiente —respondió Kael.
Ella se detuvo.
Giró ligeramente la cabeza hacia él.
—Eso no significa nada.
Kael no respondió de inmediato.
—Significa que tienes que dejar de buscar una respuesta exacta —dijo al final—. Porque ya no existe.
Lía apretó los labios.
—Antes todo tenía sentido.
—Antes no veías esto.
Silencio.
No era una discusión.
Era una aceptación que dolía.
Caminaron hasta el parque.
Otra vez.
Ese lugar se había vuelto un punto fijo en medio de todo lo inestable.
Pero incluso ahí…
las cosas estaban cambiando.
Los árboles parecían más altos.
O tal vez más cercanos.
Las sombras se movían de forma extraña, como si no respondieran completamente a la luz.
Lía se detuvo cerca de una banca.
—Antes esto se sentía tranquilo… —dijo en voz baja.
—Ya no lo es.
Miró el suelo.
Las hojas no caían de forma natural.
Algunas parecían detenerse en el aire por un instante antes de tocar el suelo.
Y entonces lo sintió.
No lo vio primero.
Lo sintió.
Una vibración leve.
En el aire.
—Kael…
Él ya estaba mirando en la misma dirección.
—Sí.
Un Eco.
Pero no como los otros.
No era visible del todo.
No tenía forma clara.
Era… presencia.
Lía dio un paso hacia adelante.
—No —dijo Kael inmediatamente.
Pero ella no se detuvo.
—No lo voy a tocar…
Su voz era más tranquila de lo que esperaba.
Se acercó lo suficiente para sentirlo más fuerte.
Era como estar frente a algo que respiraba.
Algo que la reconocía.
Su pecho se tensó.
Y entonces—
imágenes.
No claras.
No completas.
Fragmentos.
Un lugar.
Oscuro.
Una sensación de pérdida.
Y algo más.
Dolor.
Lía retrocedió un paso de golpe.
—Eso no era un recuerdo… —murmuró.
Kael no respondió.
Y eso fue suficiente para confirmar que tenía razón.
—¿Qué fue eso?
Silencio.
—Kael.
Él finalmente habló.
—No todos los Ecos son recuerdos.
Lía lo miró fijamente.
—Entonces qué son.
Kael dudó.
Más de lo normal.
—Algunos son… consecuencias.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Lía.
—¿Consecuencias de qué?
Él no respondió.
Pero su expresión cambió.
Y eso fue suficiente.
Lía sintió que su corazón latía más rápido.
—Tú sabes algo que no me estás diciendo.
Kael la miró.
—Sí.
La respuesta fue directa.
Sin evasión.
Eso la tomó por sorpresa.
—Entonces dímelo.
Silencio.
El viento pasó entre los árboles.
Pero no sonó natural.
—Si te lo digo… —empezó Kael— esto va a cambiar.
Lía dio un paso más cerca.
—Ya está cambiando.
Otra pausa.
Más larga.
Más pesada.
—No entiendes lo que significa —dijo él, más bajo.
—Entonces haz que lo entienda.
Sus miradas se sostuvieron.
Y en ese momento…
el mundo alrededor dejó de importar.
El Eco vibró detrás de ellos.
Más fuerte.
Pero ninguno se movió.
Porque ahora…
el peligro no era solo lo que estaba pasando afuera.
Era lo que estaba empezando a revelarse entre ellos.
Kael bajó la mirada un segundo.
Como si estuviera decidiendo algo.
Cuando volvió a mirarla…
ya no había duda.
—Todo esto… —dijo lentamente— no empezó contigo.
Lía sintió que algo dentro de ella se detenía.
—Entonces… ¿con quién?
Silencio.
Y luego—
—Conmigo.
El aire se volvió pesado.
El Eco vibró con más fuerza.
Y por primera vez…
Lía no sintió solo miedo.
Sintió que estaba a punto de cruzar un límite.
Uno del que ya no podría regresar.