El silencio después de sus palabras no fue normal.
Fue pesado.
Denso.
Irreversible.
"Conmigo."
La palabra seguía resonando en la mente de Lía, repitiéndose como un Eco más, imposible de ignorar.
—¿Qué… significa eso? —preguntó finalmente, aunque su voz no salió tan firme como esperaba.
Kael no respondió de inmediato.
Eso ya era una respuesta.
El viento pasó entre los árboles, pero el sonido llegó tarde, como si incluso el aire dudara en moverse.
—Significa —dijo Kael lentamente— que lo que estás viendo… no es un accidente.
Lía sintió un nudo en el pecho.
—Entonces alguien lo hizo.
Kael levantó la mirada.
—Sí.
Silencio.
—¿Tú?
No hubo negación.
Y eso fue suficiente.
Lía retrocedió un paso.
No por miedo.
Sino por el peso de entender.
—Explícame —dijo, esta vez con más firmeza—. Todo.
Kael cerró los ojos un instante, como si estuviera recordando algo que no quería recordar.
—Los Ecos… —empezó— no deberían existir así.
Lía lo escuchó sin interrumpir.
—Son fragmentos —continuó—. Restos de momentos, recuerdos, decisiones… cosas que ya pasaron.
—Eso ya lo sé.
—Pero alguien intentó cambiarlos.
El aire se volvió más frío.
—¿Cambiar… el pasado?
Kael asintió.
—No como crees. No es viajar en el tiempo… es reescribirlo.
Lía sintió que todo encajaba… y al mismo tiempo se rompía.
—¿Y tú…?
Kael bajó la mirada.
—Yo lo intenté.
El Eco detrás de ellos vibró más fuerte.
Como si reaccionara a la verdad.
—¿Por qué? —preguntó Lía, más bajo.
Kael no respondió de inmediato.
Cuando lo hizo…
su voz cambió.
—Porque alguien desapareció.
Lía se quedó inmóvil.
—¿Como… el chico?
Kael negó lentamente.
—No.
—Peor.
Silencio.
—Alguien que no podía olvidar.
El aire se tensó.
—¿Y qué hiciste?
Kael respiró hondo.
—Intenté traerlo de vuelta.
El mundo pareció inclinarse ligeramente.
—Y lo rompiste… —susurró Lía.
Kael no la corrigió.