Ecos

29. Lo que no se puede recuperar

La pregunta no desapareció.

No se diluyó con el tiempo, ni se perdió entre otras preocupaciones, ni siquiera se debilitó con el silencio que Kael impuso después de evitarla. Permaneció ahí, constante, fija, como un punto que todo lo demás giraba alrededor sin poder ignorar. Lía podía sentirla incluso cuando no la pensaba directamente, como una presión leve pero persistente en el fondo de su mente, una certeza incompleta que exigía ser terminada.

¿Quién era?

No necesitaba repetirlo en voz alta para que estuviera presente. Lo veía en los gestos de Kael, en la forma en que evitaba mirarla cuando la conversación se acercaba demasiado a ese punto, en cómo su postura cambiaba apenas, como si su propio cuerpo reaccionara antes que sus palabras. No era simple evasión. Era algo más profundo. Algo que no sabía cómo decir… o que no quería decir.

Y eso hacía que fuera más importante.

Esa noche, cuando regresaron al parque, no fue por decisión consciente. Ninguno de los dos lo propuso, ninguno explicó por qué iban ahí otra vez. Simplemente caminaron hasta llegar, como si ese lugar los llamara, como si fuera el único punto donde todo lo que estaba pasando podía mostrarse sin ocultarse del todo.

Pero desde el momento en que Lía cruzó el límite del parque, supo que algo era diferente.

No era solo la sensación de los Ecos.

Era más.

El aire no se sentía únicamente cargado… se sentía tenso, como si estuviera bajo presión, como si algo invisible estuviera empujando desde dentro, esperando el momento para romper.

Cada paso que daba parecía resonar más de lo normal, como si el suelo respondiera a su presencia. Incluso el silencio tenía peso, un tipo de quietud que no era natural, sino contenida, forzada.

—Está aquí… —susurró Lía, sin detenerse, pero sintiendo cómo su cuerpo se volvía más consciente de cada movimiento.

Kael reaccionó de inmediato, girando apenas la cabeza, escaneando el entorno con una atención que no era nueva, pero sí más intensa.

—No mires directamente —dijo, en voz baja, firme.

Pero Lía negó ligeramente, sin apartar la vista del frente.

—Ya no importa… —respondió, sintiendo algo que no sabía explicar—. Ya me vio.

Y fue en ese momento cuando apareció.

No como algo que entra.

No como algo que surge.

Sino como algo que ya estaba ahí… y decidió hacerse visible.

La figura no se formó de golpe. No tuvo un inicio claro. Fue como si el espacio mismo empezara a fallar en un punto específico, como si la realidad se doblara sobre sí misma, acumulando fragmentos que no encajaban hasta crear algo que no debería existir. Su forma era inestable, irregular, compuesta por partes que parecían pertenecer a momentos distintos, a recuerdos incompletos, a versiones que nunca llegaron a ser completas.

Lía sintió que su respiración se detenía por un instante.

No podía apartar la mirada.

No porque quisiera… sino porque algo dentro de ella se lo impedía.

—Eso… —murmuró, retrocediendo apenas un paso, más por instinto que por decisión.

Kael no se movió.

Se mantuvo firme, como si ya hubiera visto eso antes, como si ya supiera exactamente lo que tenía enfrente.

—Sí.

—¿Es…? —empezó Lía, pero no pudo terminar la frase.

—No —interrumpió Kael de inmediato, sin dudar—. No es la persona que intenté traer de vuelta.

La figura se movió.

No caminó.

No avanzó en el sentido normal.

Simplemente… cambió.

Un instante estaba a cierta distancia.

Y al siguiente…

estaba más cerca.

El aire entre ellos se volvió más denso, más difícil de respirar, como si cada partícula estuviera cargada de algo que no pertenecía a ese mundo.

Lía sintió cómo su cuerpo reaccionaba, cómo su pulso se aceleraba, cómo su mente intentaba entender algo que no seguía ninguna lógica.

—Entonces… ¿qué es? —preguntó, casi en un susurro, sin apartar la vista.

Kael la miró, y por primera vez no hubo duda, ni evasión, ni silencio.

—Es lo que pasa cuando algo no puede volver… pero tampoco desaparece.

La frase quedó suspendida entre ellos, tan pesada como el aire mismo.

Y en ese momento, Lía entendió algo que no necesitaba más explicación.

Eso no era un error.

No era un accidente.

Era una consecuencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.