Ecos

42. Lo que eres ahora

El reconocimiento no trajo claridad.

Trajo inestabilidad.

No en la entidad.

En Lía.

El momento en que dijo ese nombre no terminó cuando la palabra dejó de existir en el aire; continuó dentro de ella, expandiéndose, conectándose con algo más profundo que no podía ver ni entender completamente. No fue un recuerdo directo ni una revelación completa, sino una serie de fragmentos que no terminaban de encajar, sensaciones que no seguían un orden lógico, pero que estaban cargadas de una familiaridad imposible de ignorar.

Su respiración se volvió irregular, no por falta de aire, sino porque su cuerpo estaba reaccionando a algo que no sabía procesar completamente. El mundo del Eco seguía frente a ella, la entidad seguía existiendo, Kael seguía a su lado… pero todo eso empezó a sentirse ligeramente distante, como si hubiera una capa entre ella y la realidad, como si su conciencia estuviera siendo arrastrada hacia otro punto que no coincidía del todo con ese lugar.

—Lía —la voz de Kael llegó a ella, firme, intentando anclarla—. Mírame.

Pero no fue suficiente.

No esta vez.

Porque lo que estaba ocurriendo no venía de fuera.

Venía de dentro.

Las sensaciones se intensificaron, los fragmentos se acumularon, y por un instante tuvo la impresión de estar viendo algo más, no con los ojos, sino con una percepción que no sabía que tenía. No era una escena clara, no era una memoria completa… pero sí era algo que había existido.

Una presencia.

Una identidad.

Algo que no estaba completamente perdido.

—No… —murmuró Lía, más para sí misma que para él—. No soy ella…

La entidad reaccionó de inmediato.

—No… —repitió, con una claridad creciente—. No… igual…

Kael dio un paso más cerca, esta vez sin dudar, sosteniendo el brazo de Lía con firmeza, no solo para mantenerla en equilibrio, sino para asegurarse de que no se perdiera en ese proceso que claramente estaba escalando más allá de lo que podían controlar.

—Escúchame —dijo, con una intensidad que no había mostrado antes—. No importa lo que estés sintiendo, no importa lo que parezca… tú sigues siendo tú.

Pero la afirmación ya no era tan sólida como antes.

Porque Lía podía sentir la diferencia.

No como una sustitución.

No como una invasión.

Sino como una superposición.

—No es que no sea yo… —dijo lentamente, luchando por ordenar lo que sentía—. Es que… hay algo más.

El silencio que siguió fue inmediato.

Y peligroso.

Porque esa posibilidad…

cambiaba todo.

La entidad avanzó un poco más, esta vez con una estabilidad que no había tenido antes, su forma manteniéndose lo suficiente como para sugerir una silueta más clara, más cercana a algo humano, aunque aún incompleta, aún fragmentada en los bordes.

—No… perdido… —dijo—. Dividido…

La palabra cayó con peso.

Dividido.

Lía sintió cómo esa idea encajaba con lo que estaba experimentando, no como una explicación externa, sino como algo que describía perfectamente esa sensación interna, esa dualidad que no terminaba de romperse pero que tampoco podía ignorarse.

Kael lo entendió también.

Y eso lo hizo más peligroso.

—Eso no cambia nada —dijo rápidamente—. No significa que tengas que seguir esto.

Pero Lía lo miró.

Y por primera vez…

no estaba completamente segura.

—¿Y si ya lo estoy siguiendo? —preguntó, en voz baja.

La pregunta no fue un desafío.

Fue una duda real.

Una posibilidad que no podía descartar.

El espacio a su alrededor reaccionó nuevamente, no con violencia, sino con una tensión creciente, como si ese momento fuera un punto crítico, como si todo dependiera de lo que ocurriera a continuación.

La entidad permaneció frente a ellos.

Esperando.

No como una amenaza inmediata.

Sino como algo que necesitaba completarse.

Y Lía…

ya no estaba segura de dónde terminaba ella.




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