Ecos

44. Lo que estas dispuesta a ser

La decisión no llegó de golpe, ni como un acto impulsivo nacido del miedo o de la desesperación; se formó lentamente dentro de Lía, como una estructura que se iba construyendo a partir de todo lo que había sentido, visto y comprendido desde que cruzó al Eco. No era una elección simple, ni siquiera una elección justa, porque implicaba aceptar una verdad que no podía comprobar completamente, pero que tampoco podía negar: algo en ella estaba conectado con aquello que tenía enfrente, y ese vínculo no iba a desaparecer solo con resistirlo.

Su respiración se estabilizó poco a poco, no porque la situación fuera menos intensa, sino porque había dejado de luchar contra ella. La tensión en su cuerpo no desapareció, pero cambió de forma, transformándose en una concentración más clara, más dirigida, como si toda su atención se alineara hacia un único punto.

La entidad seguía frente a ella.

Esperando.

No con prisa.

No con presión.

Sino con una certeza silenciosa.

Y eso… fue lo que más la afectó.

Porque no se sentía como una amenaza inmediata.

Se sentía como algo inevitable.

Kael no soltó su brazo, pero su agarre cambió ligeramente, no solo como un intento de detenerla, sino como una forma de mantenerse conectado a ella, como si supiera que cualquier decisión que tomara en ese momento podría alejarla de una manera que no podría revertir.

—No tienes que hacer esto —dijo, esta vez más bajo, pero más directo—. No tienes que probar nada, no tienes que entenderlo todo ahora… podemos salir de aquí.

La palabra salir quedó suspendida entre ellos.

Pero Lía ya no reaccionó a ella de la misma manera.

Porque salir… implicaba dejarlo incompleto.

Y esa idea…

ya no le parecía suficiente.

—No se trata de probar —respondió finalmente, sin apartar la mirada de la entidad—. Se trata de entender qué soy ahora.

Kael sintió el cambio en esa frase.

No era curiosidad.

No era miedo.

Era determinación.

—Eres tú —insistió—. Eso no cambia.

Pero Lía negó levemente.

—Tal vez no cambia… —dijo—. Pero puede ampliarse.

El silencio que siguió fue distinto.

Más peligroso.

Porque ya no había rechazo en sus palabras.

Había aceptación.

La entidad reaccionó de inmediato, su forma estabilizándose un poco más, como si esa idea le diera fuerza, como si cada paso que Lía daba hacia esa comprensión ayudara a consolidarla.

—Unir… —dijo—. Completar…

Kael dio un paso al frente, interponiéndose ligeramente entre ambas, no de forma agresiva, pero sí firme.

—No —dijo, con claridad absoluta—. No vas a acercarte más.

Pero Lía avanzó.

No con rapidez.

No con impulso.

Sino con decisión.

Y eso fue lo que lo hizo imposible de detener.

—Si no lo hago… —murmuró— esto no va a detenerse. Solo va a seguir creciendo sin control.

Kael apretó ligeramente el brazo de Lía.

—Y si lo haces… puede que te pierdas.

Lía lo miró.

Y en su expresión no había negación.

Había aceptación del riesgo.

—Entonces quédate —dijo suavemente—. Para recordarme quién soy… si dejo de saberlo.

La frase no fue dramática.

Fue honesta.

Y eso la hizo mucho más difícil de rechazar.

Kael no respondió de inmediato.

Pero no la soltó.

Y eso fue suficiente.

Lía dio otro paso hacia la entidad.

El espacio reaccionó de inmediato, no con violencia, sino con una intensidad creciente, como si todo dentro del Eco reconociera que ese momento era distinto a todos los anteriores, como si lo que estaba a punto de ocurrir fuera el punto donde todo cambiaría de forma irreversible.

La distancia entre ellas se redujo lentamente.

Y por primera vez…

no había miedo que la detuviera.

Solo la certeza de que lo que estaba frente a ella…

no era solo un final.

Era una transformación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.