El contacto no fue inmediato, ni se dio de la forma en que Kael esperaba, con un movimiento brusco o una irrupción violenta desde la distorsión hacia el mundo que conocían; en cambio, lo que ocurrió fue mucho más sutil y, por eso mismo, más inquietante, porque no hubo un momento claro que marcara el inicio, sino una transición casi imperceptible en la que la figura dejó de ser solo una presencia contenida dentro de ese punto irregular… y comenzó a extenderse ligeramente más allá de él.
No cruzó por completo.
No se manifestó de forma plena.
Pero algo de ella sí lo hizo.
Una parte.
Un fragmento.
Suficiente.
Lía fue la primera en sentirlo, no porque lo viera, sino porque la conexión dentro de ella reaccionó con una claridad repentina, como si algo hubiera cambiado de estado, como si esa presencia hubiera dejado de ser únicamente externa para volverse, en cierta medida, interactiva en ese lado.
—Kael… —dijo en voz baja, sin apartar la vista—. Ya no está solo allá.
La advertencia llegó tarde.
Porque en el momento en que lo dijo, una pequeña deformación en el espacio frente a la distorsión se volvió visible, como si una parte de esa figura hubiera logrado proyectarse fuera del límite, no como una extensión completa, sino como una alteración puntual, una zona donde la realidad no terminaba de sostenerse correctamente.
Kael reaccionó de inmediato, dando un paso atrás, arrastrando ligeramente a Lía con él.
—Nos alejamos —dijo, sin dudar.
Pero Lía se detuvo.
No por resistencia.
Sino porque algo la retenía.
No físicamente.
Internamente.
La conexión dentro de ella no se sentía amenazada.
Se sentía… alineada.
—No está intentando salir como antes… —murmuró—. Está probando.
La palabra quedó en el aire.
Y en ese mismo instante, la deformación avanzó un poco más.
No con velocidad.
No con agresión.
Pero sí con intención.
El suelo bajo ese punto pareció distorsionarse apenas, como si la superficie misma no pudiera sostener completamente lo que estaba ocurriendo, como si esa parte de la figura no perteneciera del todo a ese mundo.
Y entonces…
tocó.
No con una mano clara.
No con una forma definida.
Pero sí con un punto de contacto.
El espacio reaccionó.
Una vibración leve recorrió el entorno, no lo suficiente como para romperlo, pero sí lo bastante para confirmar que algo había cruzado ese límite, aunque fuera parcialmente.
Lía sintió el impacto de inmediato.
No en el cuerpo.
En la conexión.
Como si ese contacto hubiera activado algo más profundo, algo que iba más allá de ese punto específico, como si ese pequeño cruce fuera suficiente para establecer un vínculo más directo.
—No… —susurró, más para sí misma que para Kael—. No es un accidente…
La figura dentro de la distorsión se estabilizó un poco más, su forma volviéndose ligeramente más coherente, como si ese contacto hubiera reforzado su capacidad de mantenerse en ese estado intermedio.
—…aquí… —dijo la voz, más clara que antes, aunque aún incompleta.
Kael tensó la mandíbula.
—Eso no es bueno —dijo.
Pero Lía no apartó la mirada.
Porque ahora entendía algo más.
—No vino por error… —dijo lentamente—. Encontró una forma.
El silencio que siguió fue inmediato.
Pesado.
Porque esa conclusión…
cambiaba todo.
La distorsión vibró una vez más.
Y esta vez…
no se sintió como un límite.
Se sintió como una puerta que ya había sido abierta, aunque fuera solo lo suficiente para que algo comenzara a cruzar.
Y lo que había dado ese primer paso…
no parecía tener intención de detenerse.