Ecos de Amor

Two : Wrong place

Eran las dos de la madrugada, según el reloj que colgaba en la pared de la sala de ensayo.

Sentía el cuerpo molido, como si me hubiera atropellado un camión, pero no podía apartar la vista del enorme espejo que tenía enfrente.

El sudor me calaba la camiseta y me pegaba el flequillo a la frente, totalmente empapado.

—Uno, dos, tres, giro. . . y abajo —iba marcando el paso en voz alta, pero el pie izquierdo se me enganchó con el derecho y acabé sentada en el suelo de madera, dándome un buen golpe.

—¡Concéntrate, Juliette! —me reprendí a mí misma, golpeando el suelo con rabia.

Sentía cómo las lágrimas de impotencia me quemaban los ojos, amenazando con salir.

Llevaba tres días atascada con la misma transición de la coreografía para la evaluación mensual.

Esa tarde, el instructor de baile había sido implacable: "Silva, como no transmitas fuerza en este quiebre, tu puesto en el grupo de debut corre peligro. Tienes diez chicas pisándote los talones, esperando a que te equivoques".

Esas palabras me retumbaban en la cabeza como una sirena de alarma.

Tenía miedo.

Un miedo que me paralizaba ante la idea de fracasar, de tener que volver a casa con las manos vacías y tener que mirar a los ojos a mi madre, Elizabeth, para reconocer que tenía razón, que esta industria me había destrozado antes de empezar.

Decidí que el aire de la sala me ahogaba.

Necesitaba beber agua de la máquina, pero la de mi planta estaba averiada.

Sin pensármelo dos veces, me levanté, cogí la toalla y salí al pasillo en busca de otra en los pisos superiores.

A estas horas, el edificio principal de YG era un desierto con luces tenues.

Mientras caminaba por el pasillo de la cuarta planta, el sonido de unas risas contenidas y unos pasos rápidos me obligaron a detenerme en seco.

—¡Que no nos pillarán, te digo! ¡Anda, espabila! —alcancé a oír, como un susurro apremiante.

—Shit, que vas a alertar a los guardias del sótano —replicó otra voz.

No me dio tiempo a reaccionar cuando Hana apareció al doblar la esquina, aunque no venía sola.

Iba con tres chicas que yo había visto un par de veces en los talleres generales, pero con las que nunca había intercambiado palabra, dada la estricta separación de los grupos de entrenamiento.

Al verme allí plantada, con el termo en la mano y cara de susto, se quedaron todas heladas.

—¡Juliette! ¡Qué alivio que seas tú! Casi me da un ataque —Hana se puso una mano en el pecho y suspiró aliviada—. Creí que era el mánager Kim haciendo su ronda de vigilancia nocturna.

—¿Qué hacen todas aquí a estas horas? —pregunté, frunciendo el ceño por la sorpresa—. Se supone que el toque de queda en los dormitorios fue hace tres horas.

Hana sonrió con picardía y me agarró de los brazos, llevándome hacia el grupo.

—Juliette, ellas son mis amigas. Chicas, ella es Juliette Silva, mi compañera de cuarto de la que tanto les he contado —nos presentó rápidamente

—. Ella es Diana, Sofía y Emely. Y respondiendo a tu pregunta. . . nos estamos escapando.

—¿Escapando? —pregunté de nuevo, parpadeando con asombro.

—¡Hola, Juliette! Por fin te conocemos —dijo Diana, regalándome una sonrisa amable a pesar de la tensión del momento

—Sí, nos estamos escapando. Hoy es el cumpleaños de Emely y no vamos a pasarlo encerradas comiendo pechuga de pollo hervida y lechuga.

—Exacto —intervino Emely, poniéndose una chaqueta de cuero negra sobre los hombros

—Cumplir años siendo trainee es deprimente. Vamos a un club privado en Hongdae.

—El hermano de Sofía trabaja ahí en la entrada y nos va a dejar pasar por la puerta de atrás.

—Tienes que venir con nosotras.

—¿Están locas? —sentí que el miedo me invadía

—Si nos pillan, nos expulsan directamente. En mi contrato pone claramente que las salidas nocturnas sin permiso están prohibidas. Nos van a fastidiar el debut a todas.

Sofía se acercó y me miró con comprensión, viendo mis manos temblorosas y la ropa empapada de sudor.

—Juliette, por favor, mírate. Estás muy equivocada si crees que matarte ensayando sin parar te garantiza algo —dijo Sofía, con una voz que denotaba dulzura, aunque era firme

—Si el coreógrafo te ve así mañana, te enviará a la lista de espera por puro agotamiento.

—Estás llegando al límite, y eso se nota a leguas.

—No es obsesión, sino supervivencia —alcancé a responder, casi sin voz, mientras bajaba la mirada, presa de la desesperación



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En el texto hay: intriga, amor, seguridad

Editado: 18.06.2026

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