El papel dorado todavía pesaba en mis dedos cuando salí de la oficina del séptimo piso.
Ahora ya no era Elodie Juliette Genevieve Silva
La aprendiz extranjera que se escondía en los pasillos oscuros; ahora era una artista de YG Entertainment.
Pero mi debut en el grupo era un secreto que tenía que guardar hasta que la empresa lo anunciara.
Al bajar a la planta de los dormitorios para descansar un poco, me encontré con Hana en nuestra habitación.
Estaba junto a la ventana, mordiéndose las uñas con ansiedad.
Cuando entré, se giró hacia mí y me miró a la cara.
—¿Y entonces? —me preguntó Hana, apretando los puños
—Juliette, dime algo. Me estabas dejando loca aquí sola. ¿Qué dijeron?
No pude seguir conteniendo la sonrisa.
Una lágrima de felicidad rodó por mi mejilla mientras asentía con la cabeza.
—Firmé —susurré, con la voz temblando
—Hana... firmé el contrato. Voy a debutar.
El grito ahogado de Hana fue como una señal.
Se lanzó sobre mí y me abrazó con tanta fuerza que me dejó sin aliento.
Reía y lloraba al mismo tiempo mientras me felicitaba.
—¡Sabía que era tuya esa carpeta dorada! —exclamó, mirándome con los ojos brillando de orgullo
—Eres la primera, Juliette. Esto significa que el nuevo grupo es real.
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe.
El mánager Kim entró, seguido de tres chicas.
Me quedé helada al verlas: eran Diana, Sofía y Emely, las mismas chicas con las que me había escapado a Hongdae unas horas antes.
Todas tenían caras de cansancio, nervios y emoción contenida.
—Silva, ahora que has firmado tu contrato, es hora de que conozcas formalmente a tus compañeras de equipo —dijo el mánager Kim
—A partir de hoy, ustedes cuatro dejan de entrenar en el sistema general. Esta es la alineación oficial del nuevo grupo de chicas de YG.
Nos quedamos paradas un momento.
Éramos un grupo de cuatro.
En cuanto el jefe dio un paso atrás, rompimos las reglas.
Diana me agarró de las manos, que estaban temblando, Sofía me dio un golpe cariñoso en el hombro, y Emely nos abrazó a Hana y a mí muy fuerte.
Mis compañeras de la noche se convirtieron, por el destino de la empresa, en mis nuevas compañeras de vida.
—Ya les dije —me susurró Diana al oído, riendo con los ojos brillantes
—No estábamos en el lugar equivocado anoche.
—Estábamos celebrando demasiado pronto nuestro debut.
—Silencio, por favor —interrumpió el jefe Kim, aunque una pequeña sonrisa apareció en su rostro serio
—Mañana empezará el verdadero trabajo. Silva, tú tienes una tarea hoy. A las cuatro de la tarde debes ir al Estudio 4 del tercer piso.
—Verás las sesiones de grabación de la colaboración global.
—El productor principal quiere que veas cómo trabaja un artista de nivel internacional. No quiero que te distraigas.
A las cuatro en punto, me encontraba frente a la puerta pesada del Estudio 4.
Al entrar, el aire fresco y el olor a café me recibieron de golpe.
Sentado frente a la gran consola de sonido estaba el productor principal de YG, ajustando los niveles de los micrófonos y hablando de las frecuencias con el ingeniero de audio.
Y dentro de la cabina de grabación, separado por un cristal grueso, estaba Jeon Jungkook.
Llevaba puestos auriculares sobre una gorra negra.
Además, una sudadera oscura grande.
Tenía una mano en el soporte del micrófono mientras repasaba hojas con la letra de la canción.
Estaba allí como artista invitado para grabar sus partes de la colaboración, siguiendo las órdenes del productor de nuestra agencia.
—Ah, Silva, pasa. Siéntate en el sofá y mantente en silencio —dijo el productor sin quitar la vista de las pantallas
—Empezamos la toma tres del puente musical.
—Sí, señor. Buenas tardes —me acerqué e hice una leve reverencia hacia la consola, para luego dirigirme al sofá de cuero negro del fondo.
Jungkook levantó la vista al escuchar la puerta.
Sus ojos oscuros se encontraron con los míos a través del cristal de la cabina.