La tarjeta blanca con bordes plateados me estaba quemando en el bolsillo durante toda la clase de dicción.
Las palabras del profesor coreano no me estaban entrando en la cabeza porque estaba pensando en el viernes por la noche, en la dirección de Hannam-dong y en la mirada de Jungkook.
Cuando volví a mi habitación, mis amigas Diana, Emely y Hana me esperaban sentadas en el suelo, en círculo.
Diana estaba escribiendo en su cuaderno
Emely practicaba un rap en voz baja
Hana miraba fijamente la puerta.
En cuanto cerré la puerta, saqué la tarjeta y la dejé caer en el centro del círculo, sobre el cuaderno de Diana.
—¿Qué es esto? —preguntó Diana, arrugando la frente mientras recogía la tarjeta
—Hannam-dong... ¿Es una dirección? ¿De dónde sacaste esto?
—Nos han invitado a una reunión privada —dije, sentándome con las piernas cruzadas
—El viernes por la noche, en un estudio cerca del río Han.
—¿Nosotras? —Hana abrió los ojos de par en par
—¿Quién nos invitaría a un estudio privado en Hannam-dong si apenas hemos firmado el contrato?
—Nadie fuera de la junta directiva sabe quiénes somos.
—Jeon Jungkook —dije en voz baja.
La habitación se quedó en silencio.
Emely soltó el papel que tenía en la mano
Diana se quedó con la tarjeta entre los dedos
Hana se rió nerviosamente.
—¿Puedes repetir eso? —pidió Emely, inclinándose hacia delante
—¿Estás diciendo que el artista más grande de la industria, el mismo que nos vio corriendo por el pasillo de servicio, nos está invitando a su círculo privado?
—Me interceptó en la sala ejecutiva —expliqué
—Quería saber cómo estaba después del anuncio del grupo. Me dijo que el viernes los mánagers estarán ocupados en la cena de la federación en el hotel Shilla hasta la madrugada.
—Esto es una locura —susurró Diana, pero una sonrisa empezó a aparecer en sus labios
—Si el mánager Kim se entera, nos rescinde el contrato antes de que los abogados terminen de revisar nuestras firmas.
—Pero no se va a enterar —intervino Hana, cuyos ojos ya brillaban con rebeldía
—Jungkook tiene razón. El viernes por la noche el edificio estará vacío de altos mandos.
—Reportamos que nos iremos a dormir temprano y listo.
Diana guardó la tarjeta en su agenda.
—Nos vamos a Hannam-dong el viernes —dijo
—Juliette arriesgó su firma en esa sala por nosotras; no la vamos a dejar ir sola. Somos un equipo.
Esa noche de viernes
Después de engañar a la seguridad del ala sur poniendo almohadas bajo las cobijas y bajar por el tiro de las escaleras de lavandería, nos subimos a un taxi negro que nos llevó al distrito más exclusivo de la ciudad.
El taxi nos dejó en una calle empinada rodeada de muros altos de concreto gris.
Caminamos hacia una estructura moderna con diseño minimalista. Diana se acercó y presionó el botón del videoportero.
Una voz de hombre joven, relajada y con acento de Seúl, respondió por el altavoz.
—¿Sí?
—Buenas noches, somos las invitadas de Jungkook —dijo Diana.
Se escuchó un zumbido electrónico y el pestillo magnético se abrió.
Empujamos la pesada puerta de hierro y subimos un tramo de escaleras iluminadas por luces LED cálidas.
Un bajo profundo y una melodía de R&B suave se filtraban desde el piso superior.
Al llegar arriba, nos encontramos en un impresionante estudio de diseño industrial, con paredes de ladrillo visto, una barra de mármol oscuro y una consola de producción gigante.
En el centro de la sala, Jungkook estaba sentado en un sillón largo, conversando animadamente con un grupo pequeño de personas.
Al vernos, se puso de pie con una sonrisa enorme.
—¡Llegaron! —exclamó, acercándose—. Pensé que el mánager Kim las atraparía en el pasillo de servicio.
—Casi —respondió Hana, riendo—. Buenas noches, gracias por la invitación.
—No hay de qué, están fuera del búnker, así que pueden llamarme Jungkook —pidió, haciendo un gesto con la mano
—Pasen, chicos, vengan a conocerlas.
Un chico alto y sonriente se levantó del sofá con un vaso en la mano.
Era Mingyu, de SEVENTEEN.
A su lado, un chico con estilo impecable se puso de pie ajustándose la chaqueta: era Yugyeom, de GOT7.
Junto a ellos, Chaeyoung, de TWICE, nos saludó con la mano.
—¡Por fin llegan! —dijo Mingyu con entusiasmo
—Jungkook no ha parado de hablar de la 'línea de resistencia' de YG. ¡Hola! Soy Mingyu.
—Hola, buenas noches, soy Diana —respondió mi amiga
—Ella es Hana, Emely y ella es Juliette.
—Mucho gusto —dijo Yugyeom, acercándose con una sonrisa
—Siéntense a la barra, por favor. No muerden, bueno, Mingyu a veces si hay comida de por medio.
—¡Oye! No las asustes —lo regañó Chaeyoung, riendo
—Hola, chicas. Felicidades por la alineación oficial. Los grupos pequeños tienen una fuerza increíble en el escenario.
—Muchas gracias —dije, dando un paso al frente
—Todavía se siente un poco irreal para nosotras. Ayer mismo estábamos en los sótanos de práctica y hoy... estamos aquí.
—Uf, los sótanos de YG —Mingyu silbó
—Sé perfectamente lo que es eso.
—El entrenamiento allí es de nivel militar.
—¿Cuántas horas de coreografía les están metiendo ahora que cerraron el grupo?
—Nueve horas diarias —respondió Emely, tomando un bocadillo
—Y el mánager Kim nos revisa el peso cada lunes.
—Es asfixiante.
Yugyeom soltó una carcajada, apoyando los codos en la barra de la cocina.
—El mánager Kim no ha cambiado nada desde que yo era trainee —comentó
—Recuerdo que una vez nos escondió los panes que habíamos comprado.
—Pero déjenme decirles algo, chicas: todo ese control corporativo se vuelve una tontería cuando das tu primer concierto.
—Al final, los mánagers se quedan tras bambalinas y las que controlan el estadio son ustedes.