Ecos de la Selva

Las Sombras del Consejo y la Voz del Agua

_________________________________________________________________________________________EL CONSEJO EN SOMBRAS

La noche había caído sobre la capital Pacha con un silencio tenso.
No era el silencio de descanso…
era el silencio previo a un quiebre.

Xamuru caminaba entre los pasillos del palacio como una sombra irritada. Sus sandalias resonaban como pasos de un juez impaciente. Cada parpadeo suyo era un cálculo. Cada respiración: una mentira afinada.

Esa noche, a espaldas de la Reina, había convocado al Concejo.

Y para su fortuna —y desgracia futura— los ministros aceptaron.

El salón circular, iluminado por antorchas azules, se llenó de murmullos. Las columnas sagradas del lugar parecían observarlos.

—Hermanos… —comenzó Xamuru con voz suave pero venenosa—.
La Reina enfrenta demasiadas cargas. Me ha nombrado portavoz para anunciar su voluntad.
Es momento de abrir nuestras manos a los hombres del mar.

El silencio fue un golpe.

Hamy, la más joven ministra, se levantó lentamente. Su rostro no era altivo sino sensato.

—Xamuru… —dijo con su voz suave pero firme—.
Todos aquí sabemos que la Reina jamás permitiría ese contacto sin hablarlo ella misma.

—La Reina no está disponible —mintió él sin rubor—.
Y delegó en mí la decisión.
Los europeos traen hierro, herramientas, pólvora…
¿Acaso no deseamos prosperar?

—¿A cambio de qué? —preguntó Hamy—.
¿A cambio de nuestras tierras?
¿De nuestra libertad?
¿O de acabar como los pueblos encadenados del norte?

Un murmullo de apoyo recorrió la mesa.

Xamuru tragó aire irritado.

—Tu miedo te ciega, Hamy.

—Mi lealtad la protege —respondió ella—.
Hasta que la Reina no lo diga con su propia voz, no se tomará ninguna decisión.

Más de la mitad del Concejo asintió.

Xamuru sintió su orgullo arder.

—Bien —dijo con un tono helado—.
Si deciden ser necios… esta sesión se da por terminada.

Golpeó su bastón contra el piso y salió como una sombra herida.

Pero no planeaba rendirse.

Esa misma noche, en secreto, reunió a sus seguidores. Patía, su mano derecha, recibió la orden:

—Encuentra a los europeos. Diles que la apertura está en marcha. Y cueste lo que cueste…
ganaremos esta guerra silenciosa.

Patía asintió y desapareció entre los árboles.

_________________________________________________________________________________________LA REVELACIÓN DE HAMY Y EL MANDATO SECRETO

Hamy llegó a la residencia de la Reina casi sin aliento.

La soberana estaba sentada a la luz de un pequeño fuego, peinando su larga cabellera como si nada hubiese ocurrido horas antes.

—Majestad… debo hablaros.

La Reina levantó la mirada. Sus ojos tenían la calma de un volcán dormido.

Hamy relató todo: la reunión clandestina, las amenazas veladas, la insistencia de Xamuru, el peligro.

Y confirmó lo que temía:
la Reina nunca había ordenado tal cosa.

Pero la Reina no gritó.
No golpeó la mesa.
No mostró su enojo.

Solo preguntó, con una voz tan serena que daba miedo:

—Hamy… ¿a quién pertenece tu lealtad?

Hamy se arrodilló de inmediato, presionando su frente contra el suelo.

—Mi vida… mi espíritu… mi destino… son vuestros, mi Reina.
Os lo juro.

La Reina colocó su mano en su cabeza.

—Entonces te encomiendo algo que nadie más puede hacer.

Le susurró al oído una misión secreta.
Hamy palideció, pero asintió.

Y salió de la cámara real llorando, murmurando odio contra la Reina para mantener la farsa.

Uno de los guardias que servía secretamente a Xamuru la oyó.

Corrió a informar al traidor.

Y allí, Xamuru sonrió por primera vez en semanas.

_________________________________________________________________________________________ERIKYA Y LA CRIATURA DEL BOSQUE

En Erikya, la noche era tranquila.

Abeni e Isabella dormían con sus hijas, y Mama Ndeka reparaba redes.
Nadie imaginaba lo que estaba por ocurrir río abajo.

Kunto, Marcos y quince exploradores avanzaban entre la bruma sobre botes silenciosos. La luna era su única guía.

Tras dos horas, llegaron a la orilla donde Alawe había encontrado los restos antiguos.

Ruinas cubiertas por raíces.
Un muelle corroído por siglos.
Un silencio extraño…

Y entonces:

Algo brillante saltó entre los árboles.

—¿Lo vieron? —susurró Marcos.

Era pequeño.
Rápido.
Y luminoso.

Un destello blanco-plateado.

Todos lo siguieron, creyendo que era un animal.

Pero cuando lo rodearon y lo vieron claramente…
sus ojos se quedaron fijos en dos esferas negras y profundas.

Parecía un mono diminuto…
pero su piel era transparente, casi líquida.
Y en las pupilas brillaba un símbolo semejante a una espiral.

La criatura parpadeó.

Y en ese mismo instante, todos cayeron desmayados, sin emitir un solo grito.

Los botes quedaron abandonados.
Las antorchas se apagaron.

Y la criatura, con movimientos suaves, se acercó uno por uno…
hasta que la oscuridad los tragó.

_________________________________________________________________________________________GABRIELA EN TIERRAS DEL AMAZONAS

Al sur de Nueva Granada, dos semanas después…

Gabriela y su novio, Mateo, habían llegado exhaustos al pequeño pueblo ribereño.
Una mezcla de indígenas, portugueses y españoles vivía allí en chozas de madera.

Buscando comida en una taberna, lo vieron:

El Tío de Isabella.

El hombre que ella creía muerto.
El que supuestamente había sido atacado por piratas.
El que salió vivo… y huyó al verla entrar.




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