La soledad de un cumpleaños:
Para muchos, el cumpleaños es la época más esperada del año. Para mí también lo fue alguna vez. Pero con los años, y con las máscaras cayéndose una por una, esa felicidad se fue transformando en nostalgia, la nostalgia en tristeza, y la tristeza, finalmente, en depresión.
Empecé a odiar mis cumpleaños. No por la fecha en sí, sino por lo que me recordaba: la soledad, la compañía de personas que me hacían sentir menos, las lágrimas que siempre terminaban acompañándome. El 2024 no parecía distinto; estaba preparada para otro día vacío.
Lo que no esperaba era su regreso.
Fue como un abrazo inesperado: al principio incómodo, doloroso, casi punzante, pero que poco a poco se volvió cálido, reconfortante. Así se sintió ver su mensaje. Me quedé helada, con el corazón acelerado. Él siempre supo cómo me sentía. Siempre lo supo. Y en ese instante, las lágrimas no brotaron por tristeza, sino por alivio: sus palabras me envolvían como una manta en medio del frío.
Quizás muchos lo llamarían falta de dignidad. Yo lo llamo amor. Porque todavía lo amaba, todavía lo extrañaba, todavía lo anhelaba.
Siempre he tenido la sensación de observar mi vida como una espectadora omnisciente, viendo cómo se repetían los fracasos. Pero con él era distinto: me sentía capaz, viva, auténtica. Podía ser yo sin miedo, y eso era suficiente para sentirme feliz, llena de esperanza.
Tal vez lo que más extrañaba no era solo a él, sino a la persona que yo era cuando estaba a su lado. Y extrañamente, esa versión de mí revivió con un simple “feliz cumpleaños”, en el que me recordaba que siempre estaría orgulloso de mí.
Ese día comprendí que era imposible olvidarlo. Y más aún, imposible no sentirme sola. Porque aunque deseaba flores, abrazos, regalos, la verdad es que la fecha me encontraba sin mis padres, sin mi hermano, sin amistades o familiares que me hicieran sentir importante.
¿Cómo no llorar, si la única persona que más amé fue también la única que se acordó de mí? ¿Cómo encontrar felicidad si la soledad me acompañaba incluso en el día en que se supone debía brillar?
Por más que me esfuerzo, siempre termino sintiendo que no soy lo suficientemente importante para nadie: ni como hija, ni como hermana, ni como amiga… y en algún momento, tampoco como novia. Y sin embargo, todo ese dolor se desvaneció por un instante al leer sus palabras. Al saber que fui importante para él, aunque fuera en el recuerdo.
Me aferraba con desesperación a la idea de que alguien podía ver mi valor, aunque yo misma no pudiera. Porque lo sé: soy capaz, soy luchadora. Pero a veces necesito, casi con urgencia, que alguien más me lo diga. Que alguien me lo recuerde.
Las velas de mi propio pastel iluminaban la sala solitaria de la casa. El lugar no parecía un hogar, solo un espacio frío y vacío. Aunque Lumi estaba conmigo, me hacía falta algo más. Alguien más.
Sigo pensando que los cumpleaños no siempre son como los pintan. Pero aún con todo, espero que los próximos no sean tan solitarios. Que él siga estando, aunque sea desde lejos. Que sus ojos vuelvan a brillar al verme, que su voz conserve esa suavidad al pronunciar mi nombre. Que sus “feliz cumpleaños” sigan atravesando mis silencios.
Porque en el fondo, lo único que deseo… es no sentirme sola nunca más.
Editado: 04.02.2026