Ecos de lo que fuimos

Capítulo 12

Algo malo

Los días pasaban lentamente. Noe me miraba de vez en cuando, Yess comenzaba a actuar diferente, y yo trataba de no verme tan demacrada… aunque por dentro ya había caído más bajo de lo que pensé posible.

Me di cuenta en el momento en que volví al pozo del que tanto me costó salir. Los cortes, la sangre. No lo hacía para llamar la atención, lo hacía porque necesitaba distraer mi mente, engañarla, convencerla por un instante de que el dolor físico era más fuerte que el que me devoraba por dentro. Y lo peor es que funcionaba.

Después de dos semanas largas, Yess parecía más animada. Había vuelto a hablar con un chico que antes había sido su ex. No le dije nada, simplemente la apoyé. Su felicidad se veía genuina, y no había nada malo en eso. Aunque me preocupaba que volviera a salir lastimada, lo único que pude decirle fue:

—Si él te lastima, no estarás sola, porque Ciel estará aquí para ponerte las curitas.

Me gustaba ser amorosa, me gustaba estar ahí cuando me necesitaban. Pero creo que fui demasiado buena.

Tan buena que terminé siendo solo eso: el paño de lágrimas, el refugio, la persona a la que buscaban cuando dolía. Y nada más.

Al mismo tiempo, había caído en algo peor, más fuerte que las autolesiones: los cigarrillos.
No había día en que no acabara con tres paquetes de veinte. Me envolvía en humo como si ese aire tóxico pudiera llenar el vacío de quienes se iban. Primero Noe, después Yess. Una tras otra, como si mi destino fuera siempre quedarme sola.

Pedía ayuda para estudiar, pedía simplemente hablar, desahogarme… pero ella ya no estaba. Lo supe cuando la vi reírse con otra compañera de curso, haciendo justo lo mismo que yo le había pedido días atrás. Y lo confirmé cuando volvía llorando a mis brazos cada vez que su ex le hacía daño.

Me dolía porque veía con claridad que había elegido mal. No solo en el amor, sino también en las amistades. Me encontraba noches enteras pidiéndole a Yess que me respondiera, que estudiáramos juntas, que tenía cosas que contarle. Y en cada uno de esos momentos, ella jamás aparecía. Pero si alguien más la llamaba, ella iba corriendo.

Yo no.
Yo nunca era la prioridad.

Y ahí estaba yo, sola en mi habitación, llorando entre humo y cenizas, con la tristeza y la soledad devorándome hasta el punto de darme ganas de morir. De intentarlo de nuevo. De tirar la toalla.

Porque sí. Algo estaba mal en mí.
Algo tan malo que hacía que ninguna amistad se quedara.
Algo que hacía que nunca me eligieran.
Algo que me volvía invisible, reemplazable, tonta.

Me sentía incapaz de ser opción para alguien.
Ser yo… empezaba a sentirse como lo peor que podía ser




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.