Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 1

La Hermandad del Cuervo Carmesí no creía en las casualidades.

Tampoco creía en las noches tranquilas, pero esa madrugada, mientras el sol se arrastraba perezoso bajo el horizonte y la ciudad de Seúl comenzaba a teñirse de gris amanecer, los siete guerreros se reunieron en la única habitación donde las máscaras caían: la cámara de guerra subterránea conocida como EL HUESO.

El lugar olía a acero viejo, a sangre seca y a la raíz de ginseng que Jin quemaba en un incensario de bronce para calmar los nervios. Las paredes eran de piedra negra pulida, tan oscura que parecía tragarse la luz de las velas de sebo que flotaban en el aire sin soporte visible. En el centro, una mesa redonda de obsidiana reflejaba los rostros cansados de siete inmortales.

Namjoon ocupó la cabecera sin sentarse. Prefería estar de pie cuando las noticias eran malas. Y esta noche, todas las noticias eran malas.

— Resumen — ordenó, y su voz era un rugido contenido.

Jin habló primero, porque siempre lo hacía cuando alguien necesitaba escuchar la verdad cruda. Sus manos, todavía manchadas de la sangre de un Seguidor que había intentado morderle el brazo, descansaban sobre la mesa con una calma que no sentía.

— Cinco civiles humanos en coma profundo. No hay daño físico externo, pero sus firmas neuronales están… fragmentadas. Como si alguien les hubiera arrancado pedazos de la memoria y hubiera pegado los bordes con pegamento podrido — Hizo una pausa, y su mandíbula se tensó.

— Y los tres vampiros que patrullaban el sector norte han desaparecido. No rastros de pelea. No cuerpos. Solo manchas de aceite negro donde deberían estar sus sombras —

— Los Seguidores del Velo Rasgado no secuestran — interrumpió Yoongi desde su rincón habitual, apoyado contra la pared con los brazos cruzados. Llevaba el cabello recogido en un moño bajo y una cicatriz fresca cruzaba su pómulo izquierdo. Había estado más callado que de costumbre, lo que siempre era peligroso.

— Los Seguidores matan. Devoran. Despedazan. Pero no toman prisioneros. Alguien los estaba dirigiendo —

— Eso no es lo peor — dijo Taehyung, y todos giraron hacia él.

El místico estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Tenía la palma derecha apoyada sobre la losa de piedra y, donde sus dedos tocaban la superficie, esta brillaba con un tenue color violeta. Cuando volvió a abrir los ojos, sus pupilas habían desaparecido por completo: solo quedaban dos esferas blancas lechosas.

— Las siete mujeres que vi en el espejo… no son humanas del todo. Al menos, no lo serán por mucho tiempo. Hay algo durmiendo dentro de ellas. Algo que las está esperando. —Parpadeó, y sus ojos volvieron a la normalidad con un chasquido húmedo

— Y ese algo sabe de nosotros. Sabe de la profecía —

El silencio que siguió fue tan denso que se podía cortar con una de las dagas de Hoseok.

Jungkook, que había estado limpiando su hacha con un trapo de cuero, levantó la mirada por primera vez desde que entraron. Tenía 26 años en apariencia humana, pero sus ojos decían que había visto más guerras de las que su rostro juvenil podía ocultar.

— Entonces las encontramos primero — dijo, como si fuera lo más obvio del mundo.

— Las protegemos. Las traemos aquí. Y cuando el que sea que las está buscando aparezca, lo partimos en dos —

— No es tan sencillo — respondió Namjoon, frotándose el puente de la nariz.

— Si las traemos a Noche Eterna, las exponemos a un mundo que no entienden. Les arrancamos sus vidas humanas sin preguntarles si están dispuestas a perderlas. Y además… — hizo una pausa, buscando las palabras.

— El vínculo de la llama gemela no es como los demás. No puedes forzarlo. No puedes apresurarlo. Si una de ellas no nos elige por voluntad propia, el lazo la consumirá desde adentro. La volverá ceniza —

— Como a Hyunsoo — murmuró Jimin.

El nombre cayó como una losa sobre la mesa. Hyunsoo había sido el guerrero número ocho, el hermano que perdieron hace 70 años cuando su pareja destinada lo rechazó y el vínculo fallido le quemó el corazón desde dentro. Nadie hablaba de él. Nadie lo mencionaba. Pero todos lo recordaban cada vez que cerraban los ojos.

Hoseok se levantó de golpe. Su silla cayó hacia atrás con un estruendo metálico.

— Entonces no las obligamos. Las cortejamos — dijo, y por un momento su sonrisa fue genuina, aunque torcida.

— Somos siete guerreros inmortales entrenados para matar criaturas de pesadilla. ¿Cómo va a ser más difícil conquistar a siete mujeres? —

— Dijo el que nunca ha tenido una cita en 400 años — respondió Yoongi sin levantar la vista de sus botas.

Hoseok lanzó una daga que pasó zumbando junto a la oreja de Yoongi y se incrustó en la pared. Yoongi ni siquiera parpadeó.

— Niños — interrumpió Namjoon con un suspiro.

— Tenemos trabajo. Jin, Taehyung, quiero que investiguen el origen de esas visiones. Jimin, rastrea a las mujeres. Solo sus ubicaciones, no sus nombres. No quiero que sepan de nosotros hasta que sepamos más. Jungkook, Hoseok, patrullaje reforzado en los túneles del sur. Algo los está empujando hacia arriba. Y Yoongi… — Namjoon lo miró directamente.




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