Caer dentro de un libro no era como caer en un sueño.
Era más como ser desmontada pieza por pieza y luego vuelta a montar en un orden ligeramente diferente. Yoongi sintió que sus huesos se reordenaban, que su sangre cambiaba de temperatura, que los siglos de memoria guerrera se comprimían en un solo instante de vértigo absoluto. Cuando abrió los ojos, no estaba en la Biblioteca.
Estaba en una habitación que conocía.
No la había visitado nunca, pero la conocía igualmente. Era una habitación pequeña, de paredes empapeladas con flores descoloridas, una cama de metal con sábanas de franela, un escritorio desordenado lleno de libros y tazas de café medio vacías. En la pared, junto a la ventana, había un espejo. Y en el espejo, reflejada, estaba una mujer que no era Bora ni Soojin. Era otra. Tenía el cabello largo y oscuro, los ojos profundos y una expresión de cansancio que Yoongi reconocía bien: era el cansancio de alguien que ha visto demasiado y ha perdonado muy poco.
— No esperaba verte aquí, Sombra — dijo la mujer, y su voz salía del espejo, pero sus labios no se movían.
— Esto no es un recuerdo tuyo. Es un recuerdo mío. ¿Cómo has entrado? —
— No lo sé — respondió Yoongi, avanzando con cautela hacia el espejo.
— Toqué un libro abierto y caí. Tú debes ser... —
— Hyejin. La hermana muerta. La guerrera caída. Tengo muchos nombres, pero ese es el que más me duele. — La mujer en el espejo suspiró, y el cristal se empañó ligeramente.
— Has venido a buscar a Soojin. Está dos capas más abajo, en el cuarto libro. Pero para llegar a ella, tienes que pasar por mí. Y para pasar por mí, tienes que escucharme —
— Estoy escuchando —
Hyejin lo miró con sus ojos cansados. Por un momento, su imagen se distorsionó, como si el espejo temblara, y Yoongi vio algo detrás de ella: una grieta. No como las que protegían en la superficie, sino una más antigua, más profunda, con bordes que parecían hechos de dientes.
— El Círculo no quiere romper el velo — dijo Hyejin.
— Eso es solo lo que dicen para reclutar seguidores. Lo que realmente quieren es controlarlo. Ser los únicos que puedan abrir y cerrar las grietas a voluntad. Y para eso necesitan a las siete llamas gemelas. No para unirlas a sus guerreros, sino para separarlas. Para que el vínculo se pudra desde dentro. Y cuando eso pase, la energía de las siete humanas será como una llave maestra. La llave que abre todas las puertas —
— ¿Y cómo piensan separarlas? —
— Haciendo que los guerreros las rechacen. O que ellas rechacen a los guerreros. No importa quién da el primer paso. El resultado es el mismo: el vínculo incompleto, el poder malogrado, la energía liberada. — Hyejin cerró los ojos un momento. Cuando los abrió, estaban enrojecidos, como si hubiera estado llorando durante años sin parar.
— Yo fui la primera. No la primera llama gemela, sino la primera guerrera en caer en la trampa. Ellos hicieron que mi pareja destinada me rechazara. Me dijo que no era suficiente. Que nunca lo sería. Y yo... yo creí que tenía razón. Abrí una grieta para demostrarle que valía algo. La grieta me devoró. Pero antes de morir, escondí mi conciencia aquí, en este libro, esperando a que alguien como tú llegara.
Yoongi se acercó al espejo. Sus dedos rozaron el cristal, y este se onduló como el agua.
— ¿Qué quieres que haga? —
— Que le digas a Soojin la verdad. No la que el Círculo le está contando, no la que la Biblioteca le está mostrando. La verdad de verdad: que su hermana no murió por valiente o por estúpida. Murió por despechada. Y que no hay nada más peligroso en este universo que un corazón roto con poder entre las manos —
— ¿Y por qué no se lo dices tú? Estás en su mismo libro. Puedes hablarle directamente —
Hyejin sonrió, y fue una sonrisa tan triste que Yoongi sintió ganas de apartar la mirada.
— Porque para hablarle, tendría que salir de este espejo. Y si salgo, la Biblioteca me reclamará. Me convertirá en polvo de páginas. Prefiero quedarme aquí, en mi recuerdo, viendo cómo mi hermana sigue viva. Eso es suficiente para mí —
Yoongi asintió. No dijo "lo siento". No dijo "entiendo". Solo asintió, porque después de cuatro siglos, sabía que hay dolores que no merecen palabras.
— Entonces guíame hacia ella — pidió.
— Dime cómo salgo de este libro y entro en el siguiente —
Hyejin levantó una mano y presionó la palma contra el cristal, del lado del espejo. La mano de Yoongi seguía al otro lado. Por un instante, a través del vidrio, sintió su temperatura: fría, como un libro que lleva siglos cerrado.
— Detrás de ti hay una puerta — dijo Hyejin.
— No la has visto porque no querías verla. Pero ahora mírala —
Yoongi se giró. En la pared opuesta a la cama, donde antes solo había papel pintado de flores, ahora había una puerta. Pequeña, verde, con una manija de latón en forma de cuervo.
— ¿Adónde lleva? —
— Al cuarto libro. Pero antes de que cruces, tienes que saber una cosa: el cuarto libro no es un recuerdo. Es una simulación. El Círculo la construyó para atrapar a Soojin. Le mostrará versiones alternativas de su vida, decisiones que nunca tomó, futuros que nunca existieron. Si ella cree en esas mentiras, su mente se fragmentará para siempre. No podremos rescatarla.