Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 15

El viaje de regreso a Noche Eterna fue un infierno de sombras y latidos acelerados.

Hoseok no soltó a Chaeyoung ni un segundo. La llevó en brazos mientras Jungkook cubría su retaguardia con el hacha girando en un patrón mortal que cortaba las sombras aladas que intentaban alcanzarlos. El ascensor del edificio Ambersky los había dejado en el sótano, y desde allí habían corrido por los túneles de servicio, esquivando grietas que se abrían en las paredes como bocas hambrientas y fragmentos de recuerdos que caían del techo en forma de lluvia negra.

Chaeyoung apretaba los ojos con fuerza, sintiendo el pecho de Hoseok contra su costado, el latido rápido y constante de su corazón (¿los vampiros tenían corazón? ¿Latía?) y el calor de su cuerpo, que contrastaba con el frío de la tormenta que los rodeaba.

— Ya casi llegamos — dijo Hoseok, y su voz era un susurro ronco, más para sí mismo que para ella.

— Aguanta un poco más —

— No me estoy muriendo — respondió Chaeyoung, y aunque su voz era débil, había un dejo de ironía en ella.

— Solo estoy... confundida —

— Bienvenida al club. Tenemos camisetas y todo —

A pesar de todo, Chaeyoung sintió una pequeña sonrisa en sus labios. Había algo en la forma de hablar de este hombre (tan ligera, tan despreocupada en apariencia) que la hacía sentir menos asustada.

Atravesaron una última puerta de metal (Jungkook la derribó con un golpe de hombro, porque el pestillo estaba oxidado y no había tiempo para llaves) y entraron en el pasillo de piedra negra que Bora ya conocía como el vestíbulo de Noche Eterna.

— ¡Jin! — gritó Hoseok, y su voz resonó en el espacio vacío.

— ¡Tenemos a la tercera! —

El sanador apareció casi inmediatamente, con la bata blanca manchada de algo que parecía tinta pero olía a hierbas. Detrás de él, Bora y Soojin asomaban la cabeza con curiosidad y preocupación.

— Tráela a la sala de sanación — ordenó Jin, y su voz era todo profesionalismo.

— Jungkook, ve con Namjoon. Dile que la tormenta ha llegado. Y que necesitamos más runas en el perímetro exterior —

Jungkook asintió y desapareció por un pasillo lateral con la velocidad de un rayo. Hoseok llevó a Chaeyoung a la sala de mármol blanco y la depositó sobre la losa con una suavidad que contrastaba con la urgencia de sus movimientos.

— Está bien — dijo Chaeyoung, aunque sus manos temblaban.

— Estoy bien. Solo necesito... entender qué está pasando —

Jin se arrodilló junto a ella y posó sus manos sobre su pecho, justo donde la runa violeta seguía brillando. Cerró los ojos y se concentró.

— Tu runa ha despertado por completo — dijo después de un momento.

— La tormenta lo forzó. Pero no hay daño permanente. Estás agotada, y tu mente está procesando demasiada información nueva, pero estás a salvo —

Chaeyoung exhaló un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

— ¿Y ahora qué? —

Jin la miró con sus ojos marrones y cálidos.

— Ahora descansas. Y cuando estés lista, te explicamos todo. Pero primero, necesitas recuperar fuerzas — Se levantó y se dirigió a la despensa de la sala, donde guardaba infusiones y alimentos energéticos.

— Bora, Soojin, quédense con ella. Yo me encargo de preparar algo para que coma —

Las dos mujeres se acercaron a la losa de mármol. Bora se sentó a un lado, Soojin al otro, flanqueando a Chaeyoung como dos guardianas de carne y hueso.

— Hola — dijo Bora, ofreciéndole una sonrisa cansada pero genuina.

— Soy Yoon Bora. La número uno. Y ella es Kang Soojin. La número dos. Bienvenida al caos —

Chaeyoung las miró a ambas. La runa en su pecho había palidecido un poco, pero aún se sentía como un peso cálido sobre su esternón.

— Park Chaeyoung — respondió.

— Pero supongo que ya lo sabían —

— Lo sabíamos — admitió Soojin.

— Pero es mejor oírlo de ti —

Hubo un momento de silencio. Luego, Chaeyoung preguntó:

— ¿Lo de la tormenta... es siempre así? ¿Siempre tan... aterrador? —

Bora y Soojin intercambiaron una mirada.

— Llevamos dos días en esto — dijo Bora.

— Así que no somos las mejores para juzgar. Pero según lo que hemos visto... sí. Es aterrador. Pero también hay cosas buenas —

— ¿Cosas buenas? —

Bora pensó en Yoongi. En su sonrisa apenas perceptible en el túnel del metro. En el calor de su runa cuando estaba cerca.

— El hecho de no estar sola — respondió.

— Eso es bueno —

Chaeyoung asintió lentamente. Luego, como si recordara algo, llevó una mano a su pecho.

— En el sueño... vi a alguien. Un hombre. Me dijo que era mi guerrero destinado. Me dijo que se llamaba... — frunció el ceño, esforzándose por recordar.




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