Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 21

La espera era el enemigo más silencioso de todos.

En Noche Eterna, las horas se estiraban como sombras al atardecer, densas y pegajosas, llenas de la tensión de quienes saben que algo está a punto de suceder pero no pueden controlarlo. Las seis mujeres (Bora, Soojin, Chaeyoung, Hana, Yeri y Soyeon) se habían instalado en la sala de sanación como una pequeña comunidad improvisada, compartiendo mantas, infusiones y el peso de un destino que ninguna había pedido.

Bora estaba sentada en el borde de la losa de mármol, con las piernas colgando y la mirada perdida en la llama de una vela negra. La runa en su muñeca latía con un ritmo constante, como un metrónomo invisible que marcaba el tiempo que aún les quedaba.

— ¿Crees que vendrá? — preguntó Soojin, sentada a su lado con una taza de té humeante entre las manos.

— ¿La número siete? — Bora se encogió de hombros.

— No lo sé. Pero si yo fuera ella, también tendría miedo. Imagina vivir toda tu vida pensando que eres normal, y de repente descubrir que eres la pieza clave de una profecía milenaria. Yo también querría esconderme —

— Pero no lo hiciste —

— Porque Yoongi me encontró en un callejón y me obligó a enfrentarlo — Bora sonrió débilmente.

— A veces necesitas que alguien te empuje —

Soojin guardó silencio un momento. Luego, con voz baja:

— ¿Crees que mi guerrero me empujará? Cuando lo conozca, digo —

— No lo sé. Pero creo que cuando lo conozcas, sabrás si es el indicado. La runa no miente —

Soojin llevó una mano a la nuca, donde su runa violeta seguía brillando tenuemente.

— A veces me pregunto si estaría mejor sin saberlo. Sin saber nada de esto. Sin haber abierto esa puerta —

— Pero la abriste — dijo Bora, tomándole la mano.

— Y ahora estás aquí. Y no estás sola —

Soojin apretó su mano. En sus ojos, Bora vio algo que no había visto antes: Gratitud.

En el otro extremo de la sala, Chaeyoung estaba sentada en el suelo junto a Jin, que había instalado un pequeño puesto de preparación de infusiones y pociones curativas. Ella lo observaba trabajar con una fascinación que iba más allá de la curiosidad profesional. Cada movimiento de sus manos era preciso, casi ceremonial, y Chaeyoung se sorprendía deseando que nunca terminara.

— ¿Siempre has sido sanador? — preguntó, rompiendo el silencio.

Jin levantó la vista de un mortero donde molía algo que olía a canela y a tierra mojada.

— No siempre. Antes de la Hermandad, era... otra cosa. Pero descubrí que curar era lo que mejor se me daba — Hizo una pausa.

— Lo que menos daño hacía —

— ¿Por qué dices eso? —

Jin dejó el mortero y la miró directamente. En sus ojos marrones, Chaeyoung vio una sombra de algo antiguo, algo que dolía.

— Porque he hecho daño. Mucho. En nombre de la guerra, en nombre de la protección, en nombre de cosas que ahora me parecen vacías. Curar es mi manera de compensarlo —

Chaeyoung extendió una mano y tocó la suya. Fue un contacto breve, casi tímido, pero suficiente para que la runa en su pecho brillara un poco más.

— No tienes que compensar nada — dijo.

— No conmigo. Solo tienes que estar aquí —

Jin la miró largamente. Luego, sin palabras, volvió a su trabajo. Pero Chaeyoung notó que sus manos se movían un poco más lentamente, como si estuviera saboreando el momento.

En la entrada de la sala, Yoongi observaba la escena sin intervenir. Su mirada recorría a las seis mujeres, deteniéndose un instante más en Bora, y luego se perdía en el pasillo vacío.

— Todavía no ha llegado — dijo Namjoon, apareciendo a su lado.

— La séptima —

— Lo sé —

— ¿Crees que vendrá? —

Yoongi guardó silencio un momento. Luego, con una honestidad que rara vez mostraba:

— No lo sé. Pero si no viene, tendremos que ir a buscarla. Aunque no quiera ser encontrada —

— Eso podría romper el vínculo —

— Lo sé. Pero también podría salvarla. A veces, salvar a alguien no significa respetar sus miedos. Significa enfrentarlos con ella —

Namjoon lo miró largamente. Luego asintió.

— Eres más sabio de lo que pareces, Sombra —

— No soy sabio. Solo tengo 400 años de práctica en hacer lo que nadie más quiere hacer.

Namjoon sonrió levemente. Fue una sonrisa rara en su rostro, pero genuina.

— Entonces prepárate. Porque si la séptima no aparece en las próximas 24 horas, iremos a buscarla. Y tú liderarás el equipo —

Yoongi asintió sin sorpresa.

— Lo sabía —

— Siempre lo sabes —

Y en la distancia, en el apartamento anónimo de Nowon, Yuna sentía el peso de la espera como una losa sobre su pecho. No había dormido en dos noches. La runa en su muñeca ardía con una intensidad que la mantenía despierta, y en el borde de su conciencia, podía escuchar el eco de la tormenta llamándola con una voz que no era humana.




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