Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 23

La luz violeta de las siete runas unidas iluminó Noche Eterna como un amanecer artificial.

No era una luz cálida ni reconfortante. Era una luz eléctrica, vibrante, que hacía bailar las sombras en las paredes y crepitaba en el aire como electricidad estática. Las siete mujeres estaban de pie en círculo alrededor de la hoguera verde, con las manos entrelazadas y los ojos cerrados, mientras las runas en sus cuerpos pulsaban en perfecta sincronía.

Yuna, la recién llegada, sentía el latido de las otras seis runas como si fueran suyas. No era una sensación incómoda, sino más bien como escuchar una canción que siempre había conocido pero que nunca había recordado hasta ahora.

— Está funcionando — dijo Namjoon desde el borde del círculo, con los brazos cruzados y los ojos fijos en las mujeres.

— La sincronización es casi perfecta —

— Casi — corrigió Taehyung, que estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y los ojos cerrados

— Falta un paso. El vínculo completo —

— ¿Qué más hay que hacer? — preguntó Yoongi, y su voz era tensa.

— Tienen que tocarnos. A cada una con su guerrero. El contacto físico completa el lazo. Sin él, la unión es solo energética, no personal —

Namjoon asintió. Luego dio un paso hacia el círculo.

— Escuchenme — dijo, y su voz era firme pero no autoritaria.

— Cada una de ustedes debe tocar a su guerrero. No es un gesto simbólico. Es el paso final de la profecía. Sin él, el vínculo no se cierra del todo. Y la tormenta aún podrá romperlo —

Las mujeres abrieron los ojos. Una a una, sus miradas encontraron a los guerreros que les habían sido destinados.

Bora miró a Yoongi. Él estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y la expresión impasible, pero ella vio cómo sus dedos se tensaban ligeramente contra su propio brazo. No era miedo. Era algo más parecido a la anticipación.

Soojin buscó a su guerrero. No lo conocía todavía, pero su runa en la nuca la guió hacia un rincón de la sala donde un hombre de cabello oscuro y ojos profundos la observaba con una mezcla de curiosidad y cautela. No era uno de los siete de la Hermandad; era el guerrero independiente que la había guiado desde la distancia.

Chaeyoung ya estaba junto a Jin, con la mano extendida hacia él. Él la tomó sin dudar.

Hana, la enfermera, sintió el tirón hacia Namjoon. El líder de la Hermandad, que hasta entonces había sido una figura distante y autoritaria, se acercó a ella con pasos lentos, como si temiera asustarla.

Yeri, la violinista, caminó hacia Jimin. Él se quitó el guante derecho y le ofreció su mano desnuda, con la runa blanca brillando en la palma.

Soyeon, la guardabosques, ya estaba junto a Taehyung. Él no se había levantado, pero había abierto los ojos y la miraba con una intensidad que era casi física.

Y Yuna, la séptima, la que había llegado con miedo y había encontrado algo más, dio el paso final hacia Jungkook. Él la esperaba con los brazos ligeramente abiertos, como si quisiera abrazarla pero no supiera si ella lo permitiría.

— ¿Estás lista? — preguntó él, y su voz era grave pero suave.

— No — respondió ella.

— Pero voy a hacerlo igual —

Extendió la mano. Jungkook tomó su mano.

Y en ese instante, las siete runas brillaron con una luz tan intensa que todos en la sala tuvieron que cerrar los ojos.

Cuando la luz se desvaneció, las siete parejas estaban conectadas. No solo por la energía o por la profecía, sino por algo más tangible: Un hilo de luz violeta que se extendía desde cada mujer hasta su guerrero, palpitando al ritmo de sus corazones.

— Se ha completado — dijo Taehyung, y su voz era solo un eco.

— El círculo está cerrado —

La tormenta rugió fuera de Noche Eterna, pero esta vez, el rugido no era de furia. Era de miedo.

Porque las siete llamas gemelas estaban unidas. Y la profecía, contra todo pronóstico, se había cumplido.

En la azotea del Lotte World Tower, la figura encapuchada apretó los puños con tanta fuerza que las uñas perforaron la tela de su capa.

— No — susurró, y su voz era un silbido de serpiente.

— No puede ser. La séptima no debería haber llegado. La tormenta debería haberla atrapado antes —

La criatura de demasiadas piernas chirrió a su espalda.

— ¿Qué hacemos ahora, señor? —

La figura se giró lentamente. Bajo la capucha, dos puntos de luz roja brillaron con una intensidad que quemaba.

— Ahora — respondió.

— Cambiamos el plan. Si no podemos separarlas... las destruimos juntas —

— ¿Pero la profecía? —

— La profecía no dice que tengan que sobrevivir. Solo dice que tienen que estar unidas. Y lo están. Ahora, podemos usarlas como queramos — La figura levantó una mano y trazó un símbolo en el aire.

— Reúne a todos los Seguidores. Todas las criaturas de la Oscuridad Primigenia. Vamos a asaltar Noche Eterna. Y vamos a hacerlo ahora.




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