El momento del contacto había sido eléctrico, pero lo que vino después fue más profundo, más silencioso, como el latido de un corazón que late por primera vez después de un largo sueño.
Bora sintió que el mundo se reducía a la mano de Yoongi sobre la suya. No era solo un gesto; era una llave que abría una puerta que ella no sabía que existía. A través de ese contacto, pudo sentir lo que él sentía: Un vacío de siglos, una soledad tan antigua que se había vuelto parte de su esencia, y ahora, por primera vez, ese vacío comenzaba a llenarse. No con palabras, no con gestos, sino con la simple certeza de que ya no estaba solo.
— ¿Puedes sentirme? — preguntó Yoongi, y su voz era baja, casi vulnerable.
— Sí — respondió Bora, y su voz temblaba.
— Te siento. Todo —
Él asintió. No hubo palabras. No hacían falta.
A su alrededor, las otras parejas experimentaban lo mismo. Soojin y su guerrero independiente (que se presentó como Dohyun, un antiguo centinela que había estado protegiendo los márgenes de la Hermandad durante siglos) estaban sentados juntos, con las frentes apoyadas en silencio. La runa en la nuca de Soojin brillaba en sincronía con la de Dohyun, en el centro de su pecho, como dos faros que se buscaban en la niebla.
Jin y Chaeyoung estaban en un rincón, con las manos aún entrelazadas. Jin no podía dejar de mirarla, como si temiera que desapareciera si apartaba la vista. Chaeyoung sonreía, y por primera vez desde que había despertado en la tormenta, su sonrisa era auténtica.
Hana y Namjoon estaban cerca de la hoguera. El líder de la Hermandad, que siempre parecía tan distante y controlado, tenía los ojos cerrados y su respiración era más profunda de lo habitual. Hana, con su instinto de enfermera, había colocado su mano libre sobre el pecho de él, sintiendo el latido de su corazón.
— ¿Siempre es tan rápido? — preguntó ella.
— Solo cuando estoy cerca de ti — respondió él, y su voz era un susurro.
Yeri y Jimin estaban en el suelo, con las piernas cruzadas y las frentes apoyadas una contra la otra. La runa en la muñeca de Yeri brillaba con la misma intensidad que la de Jimin en la palma. No hablaban; no necesitaban hacerlo. Sus runas hablaban por ellos.
Soyeon y Taehyung seguían sentados en el suelo, pero ahora él tenía una mano apoyada sobre la nuca de ella, justo donde su runa se ocultaba bajo el cabello. Ella había cerrado los ojos y su respiración era profunda y regular. Taehyung la miraba con una expresión que ningún otro de la Hermandad había visto antes: Paz.
Y Yuna, la séptima, la que había llegado con miedo y había encontrado algo más, estaba de pie frente a Jungkook, con las manos aún entrelazadas. Él era el más joven de los guerreros, pero en sus ojos había una antigüedad que contrastaba con su rostro juvenil. Yuna sintió a través del vínculo que él llevaba siglos esperando, siglos de soledad, siglos de preguntarse si algún día llegaría ella.
— ¿Qué sientes? — preguntó Yuna, y su voz era apenas un susurro.
— Como si hubiera estado dormido toda mi vida — respondió Jungkook.
— Y ahora, por fin, estoy despierto —
Yuna sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. No lloró, pero estuvo cerca.
— No sé cómo hacer esto — admitió.
— No sé cómo ser lo que necesitas —
— No necesito que seas nada — respondió él.
— Solo necesito que seas tú —
El momento fue roto por Namjoon, que abrió los ojos y se enderezó, recuperando su postura de líder.
— El vínculo está completo — dijo, y su voz volvía a ser firme.
— Pero la tormenta aún está ahí. Y no va a esperar a que nos adaptemos a nuestra nueva situación. Tenemos que prepararnos para lo que viene —
— ¿Y qué viene? — preguntó Soojin.
Namjoon intercambió una mirada con Yoongi. Luego respondió:
— El asalto final. El Círculo no va a dejar que las siete llamas gemelas estén unidas sin intentar destruirlas. Ahora que el vínculo está completo, somos más fuertes, pero también más vulnerables. Si nos atacan, nos atacan a todos —
— Entonces no les demos la oportunidad — dijo Yoongi, separándose de Bora con un movimiento que dolía, pero necesario.
— Atraigamos la tormenta hacia nosotros y terminemos esto de una vez —
— ¿Cómo? — preguntó Yeri.
— Usando el vínculo — respondió Taehyung, abriendo los ojos.
— Las siete runas sincronizadas pueden crear un campo de energía que atraiga a la tormenta como un imán. La concentraremos en un solo punto, y cuando esté aquí, la destruiremos —
— ¿Y si no podemos? — preguntó Hana.
Taehyung la miró fijamente.
— Podemos. Porque ahora, no estamos solos. Estamos unidos —
Las siete mujeres se miraron entre sí. Luego, una a una, asintieron.
— Hagámoslo — dijo Bora.
— Hagámoslo — repitieron las otras.
Y en la distancia, la tormenta rugió.