La decisión estaba tomada. La estrategia, en marcha. Pero entre la decisión y la acción, siempre hay un espacio de silencio donde el miedo y la esperanza se miran cara a cara.
Esa noche, Noche Eterna se convirtió en un hervidero de preparativos. Los siete guerreros y las siete llamas gemelas trabajaron sin descanso, cada uno en su área de especialidad, mientras la tormenta de sombras rugía en el exterior como un animal hambriento que olía la carne.
Jin y Chaeyoung prepararon provisiones curativas: Infusiones, ungüentos, vendas empapadas en esencias de runa que aceleraban la regeneración. Hana, con su experiencia médica, organizó un triaje improvisado en una de las salas laterales, clasificando suministros y preparando camillas para los posibles heridos. Soojin, con su ojo de periodista, trazó mapas detallados de Noche Eterna en un gran lienzo de cuero, señalando puntos de entrada y salida, rutas de escape y zonas de conflicto potencial.
Soyeon se movía entre los guerreros, ajustando las defensas naturales del lugar, haciendo crecer enredaderas de runa en las paredes y reforzando las barreras de protección con su conexión a la tierra. Yeri, por su parte, encontró su papel de una manera inesperada: Se sentó en el centro de la sala principal y comenzó a tocar su violín. No era música de batalla, sino una melodía suave y persistente que parecía calmar los nervios y alinear las energías de todos los presentes. Su runa brillaba en sincronía con las notas, y la música se convertía en un escudo invisible contra el pánico.
Yuna, la más nueva de todas, se sentó junto a Jungkook mientras él afilaba su hacha. No hablaban mucho, pero su silencio era cómodo. Era el silencio de dos personas que se están conociendo sin prisa, sin exigencias, simplemente estando el uno al lado del otro.
— ¿Tienes miedo? — preguntó Jungkook, sin levantar la vista de la hoja.
— Sí — respondió Yuna.
— Pero no es un miedo malo. Es un miedo que me mantiene despierta. Que me recuerda que esto es real —
— Yo también tengo miedo — admitió Jungkook, y Yuna notó que sus dedos se detenían un momento.
— No de morir. De no estar a la altura. De no poder protegerte —
— No necesito que me protejas — dijo Yuna, y su voz era firme.
— Necesito que estés a mi lado. Eso es suficiente —
Jungkook levantó la vista y la miró. En sus ojos oscuros, Yuna vio algo que no había visto antes: Alivio.
— Suficiente — repitió.
— Me gusta esa palabra —
Bora, mientras tanto, estaba en un rincón de la sala con Yoongi, revisando el mapa que Soojin había dibujado. La tormenta se estaba concentrando en el norte, justo donde la ciudad se encontraba con el bosque de Bukhansan. Era el punto más vulnerable, el lugar donde el velo era más delgado.
— Si la tormenta ataca, atacará por aquí — dijo Yoongi, señalando un punto en el mapa.
— Es el lugar más cercano a la última grieta abierta. Allí, los Seguidores pueden salir directamente sin tener que atravesar las defensas de la ciudad —
— ¿Y cómo lo detenemos? — preguntó Bora.
— Con el vínculo. Las siete runas, sincronizadas, pueden crear un escudo lo suficientemente fuerte como para repeler a la tormenta. Pero para hacerlo, tienen que estar en el centro del campo. Todas juntas.
—Eso nos convierte en un blanco fácil —
— Sí. Por eso necesitamos a los siete guerreros formando un perímetro protector a su alrededor. Ellos mantendrán a raya a las criaturas mientras ustedes concentran la energía.
Bora asintió. Luego, sin previo aviso, tomó la mano de Yoongi.
— No voy a morir — dijo.
— No voy a dejar que eso pase. Te lo prometo —
Yoongi la miró largamente. Luego, con una voz que apenas era un susurro, respondió:
— Te creo —
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Al caer la noche, los preparativos estaban listos.
Las siete parejas se reunieron en el centro de la sala principal, alrededor de la hoguera verde que ahora ardía con una intensidad renovada. La luz de las runas se reflejaba en sus rostros, dándoles un brillo sobrenatural.
— Ha llegado el momento — dijo Namjoon, con Hana a su lado.
— La tormenta está a punto de atacar. Cuando salgamos, no miren atrás. No duden. Confíen en el vínculo y en el guerrero que tienen al lado —
— Y recuerden — añadió Yoongi.
— No están solos. Están unidos. Y la unión es más fuerte que el miedo —
Las siete mujeres se miraron entre sí. Luego, una a una, asintieron.
— Vamos — dijo Bora.
Salieron de Noche Eterna.
El cielo de Seúl estaba negro, pero no era la negrura de la noche. Era la negrura de la tormenta, una masa giratoria de sombras y recuerdos muertos que se arremolinaba sobre sus cabezas. El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo el olor a ozono y a sangre seca.
Las siete llamas gemelas se colocaron en el centro de la plaza frente a la entrada de Noche Eterna, con las manos entrelazadas formando un círculo. Las runas en sus cuerpos comenzaron a brillar, y la luz violeta se elevó hacia el cielo como un pilar.