Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 27

El eco de los pasos de Bora resonaba en la biblioteca de sombras como un latido irregular. Cada estante que pasaba era una copia imperfecta de algo que conocía: Un libro que había leído, una conversación que había tenido, un recuerdo que había guardado. Pero todo estaba distorsionado, como si alguien hubiera puesto un espejo torcido entre ella y el mundo real.

Bora caminaba con cautela, la mano derecha extendida, rozando los lomos de los libros. Algunos estaban calientes. Otros fríos. Uno de ellos, en particular, llamó su atención: Tenía un cuervo grabado en la portada, igual que la llave de bronce.

— No es la puerta — susurró.

— Pero es un mensaje —

Abrió el libro. Las páginas estaban en blanco al principio, pero mientras las miraba, las palabras comenzaron a formarse lentamente, como tinta invisible que reacciona al calor.

"La séptima — decía el texto — no es la última. Es la primera. La que cierra el círculo que la tormenta abrió. Para sellar la grieta, debes encontrar la runa oculta en el centro de tu propio reflejo."

Bora sintió un escalofrío.

— ¿Mi propio reflejo? —

Cerró el libro y miró a su alrededor. La biblioteca de sombras no tenía espejos visibles, pero sí superficies reflectantes: El vidrio de las ventanas, el brillo de las hojas de algunos libros, el agua de un pequeño cuenco de cerámica que descansaba sobre una mesa cercana.

Se acercó al cuenco. El agua era oscura, casi negra, y cuando Bora se inclinó sobre ella, su reflejo no apareció de inmediato. Al principio, solo vio la oscuridad. Pero luego, lentamente, el agua comenzó a clarearse, y su rostro emergió como una fotografía que se revela en un cuarto oscuro.

Su reflejo no era igual a ella. Tenía los mismos ojos, el mismo cabello, la misma expresión de determinación. Pero en su frente, justo entre las cejas, brillaba una runa que Bora no reconocía. Era más antigua que la suya, más compleja, como un jeroglífico de otro tiempo.

— Esa no es mi runa — dijo en voz alta.

— No es la tuya — respondió su reflejo, y la voz que salió del agua no era la suya. Era la voz de Hyejin.

— Es la runa de la séptima. La que está oculta en el centro del círculo. La que solo puede ser activada por alguien que ha caído en la grieta —

— ¿Por qué me la muestras a mí? —

— Porque tú eres la que tiene que activarla. No por ser la primera, sino por ser la que está aquí. La que ha llegado al centro. El resto de las llamas gemelas están en camino, pero tú eres la puerta de entrada. Sin ti, no pueden entrar. Y sin ellas, no puedes sellar la grieta.

Bora apretó los puños.

— ¿Y cómo activo esta runa? —

— Tocándola. No con la mano, sino con la intención. Con la voluntad de cerrar la grieta, aunque eso signifique quedarte aquí —

El agua del cuenco se agitó. El reflejo de Bora comenzó a desvanecerse, y en su lugar, apareció la imagen de la biblioteca real: Los estantes de madera desgastada, el olor a café, la luz cálida de la lámpara de su escritorio. Y en medio de la biblioteca, de pie frente a la puerta de bronce que había visto en el callejón de Hongdae, estaba Yoongi.

No la veía. No sabía que ella estaba allí.

Pero Bora sabía que él estaba buscándola.

— Yoongi — susurró.

— Estoy aquí —

El agua se tranquilizó. La imagen desapareció.

Bora levantó la vista del cuenco y miró a su alrededor. La biblioteca de sombras seguía allí, con sus estantes de libros que se movían lentamente y sus ventanas que no mostraban el exterior sino parpadeos de luz violeta.

— No voy a quedarme aquí — dijo en voz alta, y su voz resonó en el espacio vacío.

— Voy a encontrar la runa. Voy a sellar la grieta. Y voy a volver con los demás. Con o sin reflejo —

Comenzó a caminar con paso firme, siguiendo el latido de su propia runa, que ahora vibraba en sincronía con la runa oculta que llevaba en la frente de su reflejo.

Y en algún lugar de la grieta, Yoongi sintió que la conexión con Bora se fortalecía. No era un tirón, sino una luz. Una luz que le decía que ella estaba viva, que estaba luchando, y que lo estaba esperando.

— No te rindas — murmuró, corriendo más rápido.

— Estoy en camino —

Detrás de él, los otros guerreros y las seis mujeres lo seguían.

El círculo seguía unido.

Y la luz violeta de las runas iluminaba el camino hacia la biblioteca de sombras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.