Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 29

La puerta de bronce se abrió sin resistencia, como si hubiera estado esperando a Bora durante siglos.

Del otro lado no había una biblioteca, ni un pasillo, ni ningún lugar que Bora pudiera reconocer. Había un espacio abierto, infinito, que no era oscuro ni claro, sino una especie de penumbra dorada, como el atardecer más hermoso que hubiera visto nunca. Y en el centro de ese espacio, flotando a la altura de sus ojos, había una runa.

No era como las demás. Era enorme, del tamaño de su torso, y estaba hecha de luz sólida, como si alguien hubiera capturado un rayo de sol y lo hubiera moldeado en una forma. La runa pulsaba con un ritmo lento y profundo, como el latido de un corazón que late una vez cada siglo.

Bora dio un paso adelante. Luego otro. El espacio dorado se movía con ella, como si estuviera caminando sobre una superficie que no era sólida pero que la sostenía igualmente.

— Bienvenida, primera llama — dijo una voz, y no era la de Hyejin. Era más antigua, más profunda, como si hablara desde el principio del tiempo—. Has llegado al centro. La puerta de la séptima está abierta. Pero para sellar la grieta, no basta con que tú estés aquí. Las otras seis deben estar contigo.

— Lo sé — respondió Bora, sin dejar de mirar la runa flotante.

— Están en camino —

— Sí. Pero el camino no es fácil. La tormenta ha enviado a sus mejores criaturas para detenerlos. Y la figura encapuchada — el que lleva la llave.

— Ya está cerca de la cerradura —

Bora sintió un escalofrío.

— ¿Cuánto tiempo tenemos? —

— El tiempo que tú quieras — respondió la voz, y había un dejo de sabiduría en ella.

— Aquí, en el centro, el tiempo no corre como allá afuera. Puedes esperar minutos o días. Pero la tormenta no espera. Y la figura encapuchada no se detendrá —

— Entonces no esperaré — dijo Bora, y su voz era firme.

— Las esperaré a ellas. Pero mientras tanto, voy a prepararme —

Se sentó en el suelo del espacio dorado, con las piernas cruzadas y la runa en su pecho brillando en sincronía con la runa flotante. Cerró los ojos y se concentró en el vínculo que la unía a las otras seis mujeres. Podía sentirlas, como hilos de luz violeta que se extendían desde su pecho hacia la distancia. Algunos hilos estaban tensos, otros vibrantes, pero todos estaban allí. Todos la conectaban con ellas.

— Estoy aquí — susurró en voz baja, pero no para sí misma. Para ellas.

— Estoy esperando. Y sé que van a llegar —

En algún lugar de la grieta, las otras seis mujeres sintieron el llamado. No eran palabras, sino una certeza: Bora las estaba esperando. Y tenían que llegar a ella antes de que la tormenta lo impidiera.

Soojin apretó la mano de Dohyun.

— Tenemos que ir más rápido —

— Lo sé — respondió él, y su voz era grave.

— Pero no podemos separarnos. La tormenta nos divide si nos separamos —

— Entonces no nos separemos — dijo Chaeyoung, con Jin a su lado.

— Vamos juntos. Hasta el final —

El grupo de guerreros y llamas gemelas avanzó con renovada determinación. Las sombras se estrellaban contra ellos como olas contra un acantilado, pero no podían romper su formación. Las runas brillaban al unísono, creando un escudo de luz violeta que las mantenía a raya.

Y en el centro de la tormenta, la figura encapuchada observaba con sus ojos rojos.

— Siguen avanzando — susurró.

— Pero no llegarán a tiempo. La llave ya está en la cerradura —

Levantó la llave de bronce y la acercó a la puerta final, que ahora se alzaba frente a él en el centro de la grieta. Era una puerta gigantesca, hecha de la misma materia que la runa de Bora, y en su superficie estaban grabadas las siete runas de las llamas gemelas.

— Una vez que gire la llave — dijo la figura.

— La puerta se abrirá. Y no habrá vuelta atrás —

Pero antes de que pudiera insertar la llave, una voz lo detuvo.

— No lo hagas — dijo la voz, y era la de Hyejin, que emergió de las sombras frente a él.

— No es demasiado tarde para detener esto —

La figura encapuchada se rió.

— ¿Tú? ¿La guerrera caída? ¿La que abrió la primera grieta por despecho? ¿Vas a darme lecciones a mí? —

— No te doy lecciones — respondió Hyejin, y su voz era fría.

— Te doy una advertencia. Si abres esa puerta, todo lo que has construido se desmoronará. La Oscuridad Primigenia no te obedecerá. Te devorará a ti primero —

— Eso es lo que crees — dijo la figura, girando la llave.

Pero la llave no entró en la cerradura.

Porque en ese instante, las siete runas de la puerta comenzaron a brillar. Y desde la distancia, el grupo de guerreros y llamas gemelas llegó al centro de la grieta.

— ¡Bora! — gritó Yoongi, y su voz resonó en el espacio dorado.




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