Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 32

Los días que siguieron al sellado de la grieta fueron extraños para todos.

La tormenta había desaparecido por completo, y el cielo de Seúl recuperó su azul habitual, como si nada hubiera pasado. Pero los que habían vivido la batalla sabían que todo había cambiado. Las calles seguían allí, los edificios seguían en pie, pero el aire era diferente, más ligero, como si el mundo mismo estuviera respirando aliviado.

En Noche Eterna, la vida comenzaba a encontrar un nuevo ritmo.

Los siete guerreros seguían cumpliendo sus deberes de protección, pero ahora había una diferencia: Las siete llamas gemelas estaban ahí, no como protegidas, sino como parte activa de la Hermandad. Cada una había encontrado su lugar, su papel, su propósito.

Bora pasaba sus días en la biblioteca reconstruida de Noche Eterna, catalogando los libros de runas y recuerdos que habían sobrevivido a la tormenta. Era un trabajo que le recordaba su vida anterior, pero ahora tenía un significado más profundo: Cada libro que organizaba era un fragmento de historia que no debía perderse.

Yoongi la visitaba a menudo, aunque nunca se quedaba mucho tiempo. Entraba, se apoyaba en el marco de la puerta, la observaba en silencio durante unos minutos, y luego se iba. Bora nunca le preguntaba por qué. Sabía que era su manera de asegurarse de que ella seguía allí, de que la paz era real.

— Hoy te has quedado más tiempo — dijo Bora un día, sin levantar la vista del libro que estaba leyendo.

— Hoy no había tantas amenazas — respondió Yoongi, y su voz era tan neutral como siempre.

— Namjoon dijo que podía tomarme un descanso —

— ¿Y decidiste pasarlo mirándome catalogar libros? —

— Sí —

Bora levantó la vista y lo miró. Él seguía ahí, apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y la expresión impasible. Pero en sus ojos dorados, Bora vio algo que no había visto antes: Una chispa de algo que no era determinación ni vigilancia. Era curiosidad.

— ¿Qué? — preguntó ella, con una sonrisa leve.

— Nada — respondió él, y aunque su tono era plano, la chispa en sus ojos seguía ahí.

— Solo estoy aprendiendo a estar tranquilo —

— ¿Y qué tal se te da? —

— Mal. Pero estoy practicando —

Bora soltó una risita y volvió a su libro. No era una risa grande, pero era genuina, y para Yoongi, era suficiente.

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En la sala de sanación, Jin y Chaeyoung trabajaban juntos en la organización de los suministros curativos. Chaeyoung, con su ojo de restauradora, había comenzado a reparar los viales y frascos que se habían roto durante la tormenta, y Jin le enseñaba los nombres de las hierbas y las propiedades de las esencias de runa.

— Esta es menta de sombra — dijo Jin, sosteniendo un frasco de líquido verde.

— Se usa para calmar las pesadillas. Es útil para los guerreros que han visto demasiado —

— ¿Y para las llamas gemelas que han visto demasiado? — preguntó Chaeyoung.

Jin la miró. En sus ojos, Chaeyoung vio una respuesta que no necesitaba palabras.

— Para todos los que han visto demasiado — respondió.

— Incluido yo —

Chaeyoung tomó el frasco y lo examinó con atención.

— ¿Alguna vez has tenido pesadillas? — preguntó, con voz suave.

— Todos los días — admitió Jin, y su voz era baja.

— Durante siglos. Pero desde que te conocí... son menos frecuentes. Y cuando vienen, no son tan oscuras —

Chaeyoung no dijo nada. Solo tomó su mano y la apretó suavemente. Para Jin, eso era más que suficiente.

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Hana y Namjoon estaban en la sala de estrategia, revisando los mapas de las defensas de Noche Eterna. Namjoon había redibujado las líneas de protección varias veces, pero Hana seguía señalando puntos que él no había considerado.

— Aquí — dijo, señalando un ángulo muerto en el perímetro norte.

— Si la tormenta vuelve a atacar, podría entrar por aquí sin ser vista —

— He estado revisando ese punto durante días — admitió Namjoon, frotándose la barbilla.

— Pero no he encontrado una solución —

— Tal vez necesites verlo desde otra perspectiva —

— ¿Cuál? —

Hana levantó la vista y lo miró directamente.

— La de alguien que no ha estado luchando durante siglos. La de alguien que ve los problemas como un hospital: Hay que tratar la causa, no solo los síntomas —

Namjoon la miró largamente. Luego, lentamente, su expresión se suavizó.

— Eres más inteligente de lo que pareces — dijo.

— Soy enfermera — respondió Hana.

— Es mi trabajo ser inteligente —

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Yeri y Jimin estaban en una de las salas de ensayo de Noche Eterna, donde Yeri había instalado un pequeño rincón musical. Jimin se sentaba a escucharla tocar, y aunque sus dedos aún estaban sanando, la música que salía de su violín era más hermosa que nunca.




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