Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 33

La paz tenía un precio, y ese precio era el silencio.

No el silencio de la ausencia, sino el silencio de lo que ya no estaba. Las grietas estaban selladas, la tormenta se había disipado, pero los recuerdos de lo que se había perdido seguían allí, flotando en el borde de la conciencia como una niebla que no terminaba de disiparse.

Para Soojin, ese silencio era el más pesado.

Había pasado días ayudando a los demás, organizando mapas, coordinando estrategias, manteniéndose ocupada para no tener que pensar en el vacío que había dejado la Biblioteca de los Condenados. Pero por la noche, cuando el ruido se apagaba y las luces de Noche Eterna se atenuaban, el silencio se volvía insoportable.

Esa noche, Soojin estaba sentada en el borde de la cama de su habitación, con la mirada perdida en la pared de piedra negra. La runa en su nuca latía con un ritmo lento, casi adormecido, y en su mente, los fragmentos de recuerdos perdidos giraban como hojas secas en un remolino.

— Soojin — dijo una voz desde la puerta.

Era Dohyun. Estaba apoyado en el marco, con los brazos cruzados y la expresión suave. No había entrado, como si esperara su permiso.

— Pasa — dijo Soojin, y su voz sonó más cansada de lo que quería.

Dohyun entró y se sentó en el suelo frente a ella, con las piernas cruzadas y la espalda recta. No dijo nada al principio. Solo la miró, esperando.

— A veces olvido cosas — dijo Soojin finalmente, con la voz baja.

— Cosas que sé que debería recordar. El sabor del kimchi de mi abuela. El nombre de mi primer perro. La primera vez que monté en bicicleta. Son pequeñas cosas, pero eran mías. Y ahora no están —

— ¿Qué sientes cuando intentas recordarlas? — preguntó Dohyun.

— Un vacío. Como si hubiera un agujero en mi cabeza donde antes había una imagen. Y no puedo llenarlo —

Dohyun asintió lentamente.

— Ese vacío no es solo pérdida — dijo.

— También es espacio. Espacio para cosas nuevas. No para reemplazar lo que perdiste, sino para crecer a su alrededor.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro? —

— Porque he estado ahí — respondió Dohyun, y su voz era grave.

— No he perdido recuerdos como tú, pero he perdido otras cosas. Personas. Tiempo. Oportunidades. Y al principio, solo veía el vacío. Pero con el tiempo, aprendí a ver el espacio —

Soojin lo miró largamente. En sus ojos, vio algo que no había visto antes: Una herida antigua, pero también la cicatriz que la cubría.

— ¿Cómo lo hiciste? — preguntó.

— Aceptando que no volvería a ser el mismo — respondió Dohyun.

— Y encontrando razones para seguir adelante. Razones que no dependían de lo que había perdido —

Soojin guardó silencio un momento. Luego, con voz apenas audible, preguntó:

— ¿Soy una de esas razones? —

Dohyun la miró fijamente. Por un momento, el silencio entre ellos fue tan denso que casi podía tocarse.

— Sí — respondió.

— Eres una razón. Una de las más importantes —

Soojin sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. No lloró, pero estuvo cerca.

— No sé cómo hacer esto — admitió.

— No sé cómo ser una llama gemela. No sé cómo confiar en alguien después de todo lo que he perdido —

— No tienes que saberlo — respondió Dohyun, levantándose lentamente y extendiéndole una mano.

— Solo tienes que intentarlo. Y yo estaré aquí para intentarlo contigo —

Soojin tomó su mano. El contacto era cálido, firme, y por un momento, el vacío en su mente pareció hacerse un poco más pequeño.

— Gracias — susurró.

— No me des las gracias — respondió Dohyun.

— Solo quédate aquí. Conmigo —

Y Soojin se quedó.

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En la biblioteca de Noche Eterna, Bora también sentía el peso de lo perdido, aunque de una manera diferente. No eran recuerdos que le faltaban, sino personas. Su vida anterior, su trabajo, sus amigos humanos que no sabían nada de la tormenta ni de los vampiros ni de las grietas. Había tenido que dejarlo todo atrás, y aunque sabía que era necesario, el duelo era real.

Yoongi entró en la biblioteca como lo hacía siempre, sin hacer ruido, y se sentó en la silla frente a ella.

— ¿Qué pasa? — preguntó, y su voz era más suave de lo habitual.

— Nada — respondió Bora, pero su tono no era convincente.

— No mientas. No se te da bien —

Bora levantó la vista y lo miró. En sus ojos dorados, vio una paciencia que no esperaba.

— Extraño mi vida anterior — admitió.

— No quiero volver a ella, pero la extraño. Las cosas pequeñas. El olor de mi librería. El ruido de la calle. No saber que existían monstruos —

Yoongi asintió lentamente.




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