Taehyung había sentido el llamado desde la noche en que la grieta fue sellada.
No era un llamado de emergencia ni una advertencia. Era un susurro constante, como una canción que solo él podía oír, y que venía de un lugar muy profundo de la tierra, donde las runas más antiguas descansaban en un sueño que nadie había perturbado durante siglos.
Esa mañana, mientras la luz del sol apenas comenzaba a filtrarse por las ventanas de Noche Eterna, Taehyung despertó a Soyeon con un toque suave en el hombro.
— El jardín — dijo.
— Las runas dormidas. Alguien las ha encontrado —
Soyeon abrió los ojos de inmediato. No había confusión en su mirada, solo una claridad que provenía de su conexión con la tierra.
— ¿Quién? —
— No lo sé. Pero están despertando. Y si no llegamos a tiempo, podrían despertar en manos equivocadas —
Se vistieron en silencio y salieron de Noche Eterna sin decírselo a los demás. No era desconfianza, sino urgencia. Taehyung sabía que si las runas dormidas caían en manos del Círculo (o lo que quedaba de él) todo lo que habían ganado podía perderse.
El bosque de Bukhansan estaba diferente esa mañana. La niebla se había retirado, y los árboles se alzaban erguidos y verdes, como si la tormenta nunca hubiera pasado. Pero bajo la superficie, Soyeon podía sentir el latido de algo que no pertenecía al bosque: Una energía antigua, vibrante, que pulsaba en un rincón oculto que solo Taehyung podía ver.
— Por aquí — dijo él, guiándola entre los árboles.
Caminaron durante lo que parecieron horas, aunque el tiempo se movía de manera diferente en el bosque. Finalmente, llegaron a un claro rodeado de robles centenarios, cuyas raíces se entrelazaban como dedos de manos ancianas. En el centro del claro, un círculo de piedras grises marcaba el lugar donde las runas dormidas descansaban.
Pero no estaban solas.
Una figura estaba arrodillada en el centro del círculo, con las manos extendidas sobre las piedras, y los dedos trazaban patrones en el aire que brillaban con una luz tenue. No llevaba capucha, y cuando levantó la cabeza, Taehyung reconoció el rostro.
— Hyejin — susurró.
La guerrera caída se puso de pie lentamente. Su cuerpo era menos sólido que antes, más translúcido, como si estuviera a punto de desvanecerse.
— No esperaba que vinieras tan rápido — dijo Hyejin, y su voz era un eco que se desvanecía.
— Pero me alegra que lo hayas hecho —
— ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó Soyeon, dando un paso adelante.
— Pensé que te habías desvanecido cuando la grieta se selló —
— Casi lo hago — admitió Hyejin, con una sonrisa triste.
— Pero algo me retuvo. Las runas dormidas. Me llamaron. Y no pude ignorarlas —
— ¿Por qué? — preguntó Taehyung.
Hyejin los miró con sus ojos grises, y por un momento, la luz del sol pareció atravesarla, haciéndola aún más etérea.
— Porque estas runas no son como las de la Hermandad. No son de guerra ni de protección. Son de memoria. Contienen los recuerdos de todas las guerreras que cayeron antes de que el velo existiera. Sus nombres, sus historias, sus sacrificios. Si alguien las encuentra y las usa mal, podría distorsionar la historia. Hacer que olvidemos quiénes fuimos y por qué luchamos.
— ¿Y qué quieres hacer con ellas? — preguntó Soyeon.
Hyejin extendió una mano hacia las piedras. Las runas en su superficie comenzaron a brillar con una luz blanca y suave.
— Quiero que las protejan — dijo.
— Que las guarden en Noche Eterna, donde puedan ser honradas, no usadas. Que sus historias no se pierdan —
— ¿Por qué no puedes hacerlo tú? — preguntó Taehyung.
Hyejin sonrió, y fue una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
— Porque ya no estoy aquí. No del todo. Solo soy un eco. Una sombra de lo que fui. Pero ustedes — los miró a ambos con intensidad.
— Ustedes son reales. Y tienen el poder de hacer lo que yo no pude: recordar y honrar —
Soyeon dio un paso hacia el círculo de piedras. Las runas brillaron más fuerte cuando ella se acercó, como si la reconocieran.
— Las protegeremos — dijo, y su voz era firme.
— Las llevaremos a Noche Eterna y las guardaremos en un lugar seguro —
Hyejin asintió lentamente. Su cuerpo comenzaba a desvanecerse, a hacerse menos visible.
— Gracias — susurró.
— Y recuerden: no todas las guerras se ganan con espadas. Algunas se ganan recordando —
Su figura se desvaneció por completo, como vapor al sol.
Taehyung y Soyeon se quedaron solos en el claro, con las runas brillando a sus pies y el silencio del bosque a su alrededor.
— ¿Qué hacemos ahora? — preguntó Soyeon.
Taehyung se arrodilló y tocó una de las piedras. La runa en su frente brilló en respuesta, y sintió el peso de los recuerdos que contenía.