Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 38

Desde que el altar fue consagrado, Soyeon sentía una conexión más profunda con la tierra que con su propio cuerpo.

No era una sensación incómoda, sino más bien como si una parte de ella hubiera estado dormida durante mucho tiempo y ahora estuviera despertando lentamente. Podía sentir el latido de las piedras de runa en el altar, incluso desde la distancia, como un segundo corazón que latía al ritmo del suyo.

Esa mañana, Soyeon despertó antes del amanecer y caminó hacia la cámara del altar. Quería asegurarse de que las piedras estaban en paz, de que la energía de las guerreras caídas no se estaba perturbando.

Cuando llegó, encontró a Taehyung sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, frente al círculo de piedras. La runa en su frente brillaba tenuemente, y su respiración era profunda y regular.

— No podía dormir — dijo Taehyung, sin abrir los ojos, como si supiera que ella estaba ahí.

— Las runas están inquietas —

— ¿Inquietas? — preguntó Soyeon, arrodillándose a su lado.

— ¿Por qué? —

Taehyung abrió los ojos. Por un momento, sus pupilas estaban blancas, lechosas, como cuando usaba sus poderes. Luego volvieron a la normalidad.

— Hay una que no descansa — dijo.

— Una de las guerreras caídas. Su nombre no está en la lista que Soojin escribió. Es como si... su recuerdo estuviera incompleto —

— ¿Cómo puede estar incompleto? —

— Tal vez no se desvaneció del todo — respondió Taehyung.

— Tal vez una parte de ella sigue atrapada en algún lugar. En un recuerdo que no fue liberado —

Soyeon sintió un escalofrío que no venía del frío.

— ¿Qué podemos hacer? —

Taehyung la miró largamente. Luego, con una voz que era apenas un susurro:

— Tenemos que encontrarla. Su recuerdo. Dondequiera que esté —

— ¿Y cómo hacemos eso? —

— Usando la tierra — respondió Taehyung.

— Tú puedes sentir las raíces de los árboles, el pulso de la tierra. Yo puedo sentir las runas que están despiertas. Juntos, podemos rastrear el eco de su nombre —

Soyeon asintió. No dudó. Desde que había conocido a Taehyung, había aprendido que la confianza era más importante que el miedo.

— Entonces hagámoslo — dijo.

Taehyung extendió una mano hacia ella, y ella la tomó. La runa en su frente brilló, y la runa en el pecho de Soyeon respondió en sincronía. Juntos, cerraron los ojos y se sumergieron en la tierra.

No era un viaje físico. Era un viaje de conciencia, a través de las raíces de los árboles y las capas de roca que sostenían Noche Eterna. Soyeon podía sentir cada partícula de tierra, cada grieta en la piedra, cada latido de la montaña. Taehyung sentía las runas, las palabras grabadas en la memoria de la tierra, los ecos de las guerreras que habían caminado ahí antes que ellos.

Y entonces, lo encontraron.

En una grieta olvidada, bajo las raíces de un roble centenario, había un fragmento de recuerdo. No era una runa, ni una piedra, ni un nombre grabado. Era una sensación, un eco de una vida que no había terminado de desvanecerse.

— Ahí — dijo Soyeon, y su voz era un susurro en la oscuridad de la tierra.

— Está ahí —

Taehyung sintió el eco. Era débil, casi imperceptible, pero real.

— Es ella — dijo.

— La guerrera que no tiene nombre. O que perdió su nombre antes de morir —

— ¿Cómo la traemos de vuelta? —

— No podemos traerla de vuelta — respondió Taehyung.

— Pero podemos darle un nombre. Podemos recordarla. Eso es lo que necesita para descansar —

Soyeon sintió una oleada de emoción que no era suya. Era la emoción de la guerrera caída, la que había sido olvidada, la que había esperado siglos para que alguien la recordara.

— La llamaremos... — Soyeon buscó en su interior una palabra, un nombre, algo que encajara.

— La llamaremos Haewon. La que ilumina el camino —

El eco en la tierra vibró con una calidez que no había estado allí antes.

— Lo acepta — dijo Taehyung, y su voz era un susurro de asombro.

— El nombre. Lo acepta —

Abrieron los ojos al mismo tiempo. La cámara del altar estaba en silencio, pero la energía en el aire había cambiado. Era más ligera, más pacífica.

— Lo hicimos — dijo Soyeon, y su voz temblaba ligeramente.

— Le dimos un nombre —

Taehyung la miró largamente. En sus ojos, Soyeon vio una mezcla de orgullo y algo más profundo.

— Tú lo hiciste — respondió.

— Tú sentiste su eco. Tú le diste el nombre. Yo solo te guié.

— Pero lo hicimos juntos — insistió Soyeon.

Taehyung sonrió. Fue una sonrisa rara en él, pero genuina.




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