Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 39

El nombre de Haewon se sumó al pergamino de Soojin como una pequeña luz en medio de la oscuridad. No era un nombre que hubiera estado allí antes, pero ahora que estaba escrito, parecía haber estado siempre presente.

Soyeon sintió que una paz profunda se asentaba en su pecho mientras caminaba de regreso a la sala principal de Noche Eterna, con Taehyung a su lado. No era una paz que borrara todo el dolor del pasado, sino una paz que lo aceptaba y seguía adelante.

— ¿Crees que haya más guerreras olvidadas? — preguntó Soyeon mientras caminaban.

— Probablemente — respondió Taehyung.

— La historia del velo es larga y está llena de nombres que se perdieron. Pero ahora tenemos el altar. Y tenemos a las llamas gemelas. Podemos recordarlas una a una —

— Eso llevará mucho tiempo —

— El tiempo es lo único que tenemos en abundancia —

Soyeon sonrió. Había algo reconfortante en la forma en que Taehyung veía el mundo: No como una serie de batallas que ganar, sino como un jardín que cultivar.

— Eres como un jardinero — dijo Soyeon, en voz alta, sin darse cuenta de que estaba pensando en voz alta —

Taehyung la miró con una ceja levantada.

— ¿Un jardinero? —

— Sí. Cuidas las cosas. Las dejas crecer. Les das tiempo. — Soyeon se encogió de hombros.

— Es raro en un guerrero —

Taehyung guardó silencio un momento. Luego, con una voz que era más suave de lo habitual:

— Nunca lo había visto así. Pero me gusta —

— ¿El qué? ¿Ser jardinero? —

— Que me veas así —

Soyeon sintió que el corazón le daba un vuelco. No dijo nada, pero su mano encontró la de él y la apretó suavemente. Taehyung no la soltó.

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En la biblioteca de Noche Eterna, Bora estaba organizando los libros de runas que Taehyung había traído del altar. Eran textos antiguos, algunos tan frágiles que apenas podía tocarlos sin que las páginas se deshicieran.

— Estos necesitan restauración — dijo Bora, en voz alta, más para sí misma que para alguien más.

— ¿Puedo ayudar? — preguntó una voz desde la puerta.

Bora levantó la vista. Chaeyoung estaba ahí, con una sonrisa tímida y las manos manchadas de tinta de las infusiones que preparaba con Jin.

— No sabía que te interesaba la restauración de libros — dijo Bora.

— Soy restauradora de arte — respondió Chaeyoung, entrando en la biblioteca.

— Los libros no son tan diferentes de los cuadros. Ambos necesitan paciencia, cuidado, y un poco de intuición —

Bora sonrió y le hizo un gesto para que se acercara.

— Entonces ayuda. Estos libros están en un estado lamentable. Y no tengo ni idea de por dónde empezar —

Chaeyoung se sentó junto a ella y examinó uno de los textos antiguos. Sus dedos rozaron las páginas con una suavidad que Bora envidiaba.

— Esto no es solo polvo — dijo Chaeyoung, señalando una capa fina y brillante sobre el papel.

— Es resina de runa. Alguien trató de proteger el libro con una capa de energía. Pero con el tiempo, la resina se ha vuelto quebradiza.

— ¿Podemos restaurarla? —

— Podemos intentarlo. Necesito aceite de esencia de runa y un pincel de pelo de zorro — Chaeyoung la miró.

— ¿Tienes algo de eso? —

— No lo sé. Pero Yoongi sabe dónde está todo. — Bora se levantó y se asomó a la puerta.

— ¡Yoongi! — gritó, y su voz resonó en el pasillo vacío.

Unos segundos después, Yoongi apareció en el marco de la puerta, con la expresión de quien ha sido interrumpido en medio de algo importante.

— ¿Qué? — preguntó, y su voz era un gruñido.

— ¿Tienes aceite de esencia de runa? — preguntó Bora, con una sonrisa inocente.

Yoongi la miró fijamente un momento. Luego, sin decir una palabra, se giró y desapareció por el pasillo. Regresó unos minutos después con un frasco pequeño y un pincel de pelo de zorro, que dejó sobre la mesa sin hacer comentarios.

— Gracias, vampiro gruñón — dijo Bora, y su sonrisa era genuina.

Yoongi no respondió. Pero antes de irse, sus dedos rozaron brevemente los de Bora, y ella sintió un calor que no venía del aceite de runa.

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En la cámara del altar, Soojin y Dohyun estaban sentados en el suelo, con el pergamino extendido entre ellos. Soojin había agregado el nombre de Haewon al final de la lista, y ahora observaba la larga fila de nombres con una mezcla de orgullo y tristeza.

— Son muchas — dijo Soojin.

— Demasiadas —

— Pero ahora están aquí — respondió Dohyun.

— Y no se irán —

Soojin lo miró. En sus ojos, vio la misma determinación que ella sentía.




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