La primavera llegó a Seúl como un susurro de colores y aromas después de una larga ausencia.
Los árboles de los parques se cubrieron de flores blancas y rosadas, las calles se llenaron de luz y calidez, y la gente salió a las calles como si despertaran de un sueño profundo. La tormenta de sombras había sido olvidada, o al menos relegada a los márgenes de la conciencia colectiva, y la ciudad volvía a latir con su ritmo habitual.
Pero bajo la superficie, en Noche Eterna, la paz también florecía, aunque de una manera diferente.
Soyeon había pedido permiso para crear un jardín en uno de los patios interiores de Noche Eterna. No un jardín cualquiera, sino un lugar donde las runas dormidas pudieran ser plantadas como semillas, donde los recuerdos de las guerreras caídas pudieran echar raíces y florecer en algo nuevo.
Taehyung la había ayudado a preparar el terreno, removiendo la tierra con sus propias manos y trazando círculos de runas alrededor de cada área de cultivo. El jardín estaba dividido en pequeñas parcelas, cada una dedicada a una guerrera diferente, y en el centro, un pequeño estanque de agua clara reflejaba el cielo.
Esa mañana, el jardín estaba listo para ser plantado.
Las siete llamas gemelas y los siete guerreros se reunieron alrededor del jardín, con las manos llenas de semillas de flores silvestres e hierbas de runa. Cada pareja tenía una parcela asignada, y cada una plantaba sus semillas con la intención de honrar a una guerrera específica.
Bora y Yoongi estaban en la parcela dedicada a Hyejin. Bora había elegido plantar nomeolvides, las flores que simbolizan el recuerdo, mientras Yoongi colocaba pequeñas piedras de runa alrededor de las semillas.
— ¿Crees que a Hyejin le gustaría esto? — preguntó Bora, mientras cubría las semillas con tierra.
— Creo que le gustaría que la recordaran — respondió Yoongi.
— Y que la recordaran así, con vida, con flores, con futuro —
Bora sonrió y continuó plantando.
Soojin y Dohyun estaban en la parcela de Haewon, la guerrera sin nombre que Soyeon había redescubierto. Soojin plantaba lirios blancos, y Dohyun colocaba pequeñas conchas marinas alrededor de las semillas, como un tributo a su conexión con el mar.
— No sé mucho de ella — admitió Soojin.
— Pero sé que merece ser recordada —
— Eso es suficiente — respondió Dohyun.
Chaeyoung y Jin plantaban lavanda en la parcela de una guerrera que había sido sanadora, cuyos recuerdos Jin había extraído de las runas dormidas. La lavanda era para la paz, para la curación, para el descanso eterno.
— Siempre he pensado que la lavanda huele a hogar — dijo Chaeyoung.
— Ahora olerá a ella también — respondió Jin.
Hana y Namjoon plantaban girasoles en la parcela de una guerrera que había sido líder, cuyas historias hablaban de valentía y sacrificio. Los girasoles siempre miran hacia el sol, y Namjoon pensó que era un buen símbolo para alguien que había guiado a otros en la oscuridad.
— Los girasoles son mis favoritos — dijo Hana.
— Siempre me recuerdan que hay luz, incluso en los días nublados —
— Como tú — respondió Namjoon, y aunque su voz era grave, había una ternura en ella que Hana no había escuchado antes.
Yeri y Jimin plantaban campanillas en la parcela de una guerrera que había sido música, cuyas canciones Yeri había redescubierto en la cámara de runas olvidadas. Las campanillas, con sus formas de copa, parecían estar siempre a punto de sonar, como si esperaran una canción que solo ellas podían tocar.
— Tocaré para ella cuando las flores crezcan — prometió Yeri.
— Ella te escuchará — respondió Jimin.
Soyeon y Taehyung plantaban romero en la parcela central, la que rodeaba el estanque. El romero es la hierba del recuerdo, y Taehyung había dicho que era la planta más adecuada para honrar a todas las guerreras, no solo a una en particular.
— El jardín es tuyo — dijo Soyeon, mientras cubría las últimas semillas.
— Tú lo hiciste posible —
— No — respondió Taehyung, tomando su mano.
— Lo hicimos posible juntos —
Y Yuna y Jungkook plantaban menta en la parcela más pequeña, dedicada a una guerrera cuya historia aún no se había contado del todo. La menta es una planta que crece rápido, que se extiende, que nunca se rinde. Jungkook pensó que era una buena metáfora para alguien que había luchado hasta el final.
— ¿Crees que algún día sabremos su historia? — preguntó Yuna.
— Sí — respondió Jungkook.
— Porque ahora tenemos tiempo para descubrirla —
Cuando todas las semillas estuvieron plantadas, los siete guerreros y las siete llamas gemelas se sentaron en círculo alrededor del estanque central. La luz de la tarde se filtraba a través de las plantas, y una brisa suave movía los pétalos de las flores que ya comenzaban a asomar.
— No sabía que plantar podía ser tan... tranquilo — dijo Bora, apoyando la cabeza en el hombro de Yoongi.