Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 45

La paz, como la hierba después de la lluvia, crece lentamente y sin estridencias.

En Noche Eterna, los días se sucedían con una regularidad que, para quienes habían vivido siglos de guerra, resultaba casi desconcertante. Los guerreros y las llamas gemelas habían encontrado un ritmo: Mañanas dedicadas al entrenamiento y la estrategia, tardes de trabajo en el jardín y en la biblioteca, noches de conversaciones alrededor del fuego o de silencios compartidos.

Pero la paz no borraba las cicatrices. Solo las hacía más llevaderas.

Una mañana, Yoongi se despertó antes del amanecer y no pudo volver a dormir. No era insomnio, sino una inquietud antigua que regresaba cuando su mente se quedaba en silencio. Se levantó con cuidado, sin despertar a Bora, y caminó hasta la sala de entrenamiento.

El espacio estaba vacío, iluminado solo por las luces de runa que parpadeaban tenuemente. Yoongi se quitó la chaqueta y comenzó a golpear el saco de entrenamiento con una intensidad que no era necesaria. Cada golpe era un eco de algo que no podía expresar con palabras.

— ¿No puedes dormir? — preguntó una voz desde la entrada.

Yoongi se detuvo. Hoseok estaba ahí, apoyado en el marco de la puerta, con el cabello despeinado y los ojos somnolientos.

— No — respondió Yoongi, volviendo a golpear el saco.

Hoseok entró lentamente y se sentó en una de las bancas de madera, observando a Yoongi con una expresión que no era de juicio, sino de comprensión.

— ¿Qué te pasa? — preguntó.

— Nada —

— No mientas. No se te da bien —

Yoongi se detuvo de nuevo. Sus puños colgaban a los costados, y su respiración era más rápida de lo habitual.

— A veces... — comenzó, y luego se detuvo.

— ¿A veces? — lo animó Hoseok.

— A veces siento que esto no es real. Que la paz no es para mí. Que en cualquier momento, algo va a romperla —

Hoseok asintió lentamente.

— Yo también lo siento — admitió.

— Después de siglos de guerra, la paz es como un idioma extranjero. Uno que no terminamos de aprender —

— ¿Y cómo se aprende? —

— Practicando. Día a día. Confiando en que, aunque no lo entendamos del todo, merecemos estar aquí —

Yoongi guardó silencio un momento. Luego, con una voz que era apenas un susurro:

— ¿Y si no lo merezco? —

Hoseok se levantó y caminó hacia él. Puso una mano en su hombro.

— No se trata de merecer, Yoongi. Se trata de estar. De elegir quedarte, aunque tengas miedo. De confiar en los que están a tu lado —

Yoongi levantó la vista y lo miró. En los ojos de Hoseok, no vio compasión vacía, sino la certeza de alguien que también había dudado.

— Gracias — dijo, y la palabra era extraña en su boca.

— No me des las gracias — respondió Hoseok, con una sonrisa.

— Solo quédate aquí. Con nosotros —

Yoongi asintió. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que tal vez, solo tal vez, la paz podía ser suya.

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En la biblioteca, Bora estaba trabajando en la restauración de un libro antiguo con Chaeyoung. La luz de la lámpara de runa iluminaba las páginas amarillentas, y el olor a papel viejo y a aceite de esencia de runa llenaba el aire.

— Este libro habla de la primera grieta — dijo Bora, señalando una ilustración en la página.

— La que abrió Hyejin antes de morir —

— ¿Hay algo que no sepamos? — preguntó Chaeyoung.

— No estoy segura. Pero hay un pasaje aquí que no he visto antes. Habla de una "llave de luz". No la llave de bronce, sino algo diferente —

— ¿Una llave de luz? —

— Sí. Dice que la usaron las primeras guerreras para cerrar grietas antes de que existieran las runas — Bora frunció el ceño.

— Pero no explica qué es ni cómo se usa —

Chaeyoung se inclinó sobre el libro, examinando la ilustración. Era una imagen de un objeto en forma de lágrima, hecho de una sustancia que parecía luz sólida.

— Parece una joya — dijo.

— ¿Crees que existe? —

— No lo sé. Pero si existe, podría ser importante. Tal vez incluso peligroso —

— ¿Qué vas a hacer? —

Bora cerró el libro lentamente.

— Por ahora, voy a guardarlo. Y voy a preguntarle a Taehyung si sabe algo. Pero no voy a decírselo a nadie más hasta que esté segura —

Chaeyoung asintió.

— Cuenta conmigo —

Y en el silencio de la biblioteca, el libro de la llave de luz descansó sobre la mesa, esperando ser abierto de nuevo.




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