La segunda lección llegó al amanecer, como la primera.
Bora llegó a la cámara del altar con una determinación renovada, aunque en el fondo de su mente, la pregunta persistía: ¿Qué recuerdo tendría que sacrificar esta vez?.
Taehyung ya estaba sentado en el centro del círculo de piedras, con los ojos cerrados y la respiración profunda. La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de la piedra, creando patrones de sombra y claridad en el suelo.
— Hoy — dijo Taehyung, abriendo los ojos.
— Avanzaremos al siguiente nivel. La llave de luz tiene tres etapas. La primera es crear una esfera de luz a partir de un recuerdo. La segunda es mantener esa esfera durante más tiempo y dirigirla hacia un objetivo. La tercera es infundirla con intención, para que pueda sellar una grieta por sí misma —
— ¿Y yo en qué etapa estoy? —
— En la primera. Pero hoy, empezarás a practicar la segunda — Taehyung sacó una pequeña piedra de runa de su bolsillo y la colocó en el suelo frente a Bora.
— Tu objetivo es mantener la esfera de luz y dirigirla hacia esta piedra. Sin tocarla. Solo con la intención —
Bora asintió y cerró los ojos. Buscó otro recuerdo en su mente, uno que fuera intenso pero que no le doliera demasiado perder. Recordó la primera vez que había visto el jardín de los recuerdos, cuando las flores aún eran semillas y la tierra estaba recién removida. Era un recuerdo lleno de esperanza y de promesas.
La esfera de luz violeta apareció en sus manos más rápido que la primera vez. Esta vez, era más estable, más brillante, como si el recuerdo de esperanza fuera más fácil de transformar que el de la intensidad de Yoongi en el callejón.
— Ahora — dijo Taehyung.
— Dirígete hacia la piedra. Concéntrate en la intención de mover la luz, no de lanzarla.
Bora apretó los dedos y enfocó su atención en la piedra de runa. La esfera de luz tembló un momento, como si dudara, y luego comenzó a moverse lentamente hacia el objetivo. No era rápida, pero era constante, y Bora sintió que podía controlar su dirección con un leve movimiento de sus manos.
La esfera tocó la piedra y se desvaneció en un destello de luz violeta.
— Lo lograste — dijo Taehyung, y su voz tenía un dejo de satisfacción.
— La segunda etapa es más difícil para la mayoría. Tú lo hiciste con relativa facilidad —
— Tal vez es porque el recuerdo de esperanza es más fácil de dirigir — dijo Bora, abriendo los ojos.
— No es el recuerdo. Es la intención. Tienes una capacidad natural para enfocar tu energía. Eso es raro —
— ¿Y eso es bueno? —
— Sí — Taehyung la miró fijamente.
— Pero también es un recordatorio de que tienes que ser cuidadosa. La energía puede ser usada para cerrar grietas, pero también para abrirlas. Todo depende de la intención.
Bora guardó silencio un momento.
— ¿Y si alguna vez mi intención se desvía? —
— Entonces tendrás a los demás para recordarte el camino — Taehyung sonrió.
— No estás sola, Bora. Nunca lo has estado —
— Lo sé — Bora sonrió.
— Y eso es lo que hace que todo esto sea posible —
Taehyung asintió y extendió una mano hacia la piedra de runa, que aún brillaba tenuemente.
— La tercera etapa es la más difícil. Pero también es la más importante. Porque la tercera etapa es la que sella —
— ¿Cómo se practica? —
— No se practica. Se experimenta. Tienes que estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado, con la intención adecuada. No se puede forzar. Solo se puede estar preparada —
Bora asintió lentamente.
— ¿Y cómo sé cuándo estoy preparada? —
— Lo sabrás — Taehyung la miró con una expresión que era difícil de descifrar.
— Cuando el momento llegue, lo sabrás —
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Cuando Bora salió de la cámara del altar, la luz del sol ya estaba alta. Se sentó en el borde del jardín, con las piernas colgando sobre la hierba, y observó las flores que se mecían con la brisa.
— ¿Cómo fue? — preguntó Yoongi, que apareció detrás de ella sin hacer ruido.
— Bien — respondió Bora.
— Estoy aprendiendo —
— Lo sé. Te he estado observando —
Bora se giró y lo miró con una sonrisa.
— ¿Has estado espiándome? —
— No espiando. Vigilando. Es diferente —
— Claro que es diferente —
Yoongi se sentó a su lado en el borde del jardín, con los brazos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el horizonte.
— ¿Crees que algún día tendré que usar la llave de luz? — preguntó Bora.
— Tal vez. Pero si ese día llega, no estarás sola —