Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 49

Los días pasaron y Bora siguió practicando la llave de luz con una dedicación que sorprendió incluso a Taehyung.

Cada mañana, antes de que el sol iluminara el jardín, ella se sentaba en la cámara del altar y trabajaba en la creación y dirección de esferas de luz. Cada día, sus esferas eran más estables, más brillantes, y cada día, el recuerdo que usaba para crearlas era un poco más profundo, un poco más personal.

Pero la tercera etapa seguía siendo esquiva.

No importaba cuánto lo intentara, Bora no podía infundir su luz con la intención de sellar. Las esferas se desvanecían antes de tocar su objetivo, o se desviaban sin motivo aparente, o simplemente se negaban a formarse. Era frustrante, pero Bora se negaba a rendirse.

— La tercera etapa no se puede forzar — le dijo Taehyung una mañana, después de un intento particularmente fallido.

— Ya te lo dije. Solo se puede experimentar cuando el momento es adecuado —

— ¿Y cómo sé cuándo es el momento adecuado? — preguntó Bora, con la voz tensa por la frustración.

— No lo sabes. Pero lo sientes —

Bora guardó silencio un momento, y luego suspiró.

— ¿Y si nunca siento ese momento? —

— Entonces no será necesario — Taehyung la miró con una expresión que era difícil de interpretar.

— La llave de luz no es un requisito, Bora. Es una herramienta. Y como todas las herramientas, solo se usa cuando se necesita —

— Pero quiero estar preparada —

— Lo estás. Más de lo que crees —

Bora no respondió. Se levantó y salió de la cámara del altar, con los dedos aún temblorosos por el esfuerzo.

-----

Esa tarde, Bora se sentó en el jardín, junto al estanque del loto, y observó cómo las flores se mecían con la brisa. La luz del atardecer teñía el agua de tonos dorados y rosados, y el loto de Ara flotaba sereno en el centro, con sus pétalos blancos abiertos como una promesa de paz.

Yoongi la encontró ahí, como siempre, y se sentó a su lado sin decir una palabra.

— Estoy atascada — dijo Bora, después de un largo silencio.

— No puedo avanzar —

— ¿Y necesitas avanzar? — preguntó Yoongi, y su voz era neutral, pero no distante.

— No lo sé. Tal vez no. Pero odio sentir que no puedo hacer algo —

Yoongi guardó silencio un momento. Luego, con una voz que era más suave de lo habitual:

— Cuando empecé a entrenar como guerrero, también me atascaba. En una técnica que no podía dominar. Y cuanto más lo intentaba, peor lo hacía. Hasta que un día, dejé de intentarlo. Y entonces, lo logré —

— ¿Dejaste de intentarlo? —

— Sí. Porque el esfuerzo era lo que me bloqueaba. Estaba tan concentrado en hacerlo bien que no podía hacerlo en absoluto —

Bora lo miró largamente.

— ¿Estás diciendo que deje de practicar? —

— No. Estoy diciendo que dejes de intentar forzarlo. Sigue practicando, pero sin la presión de tener que lograrlo. Deja que las cosas fluyan —

Bora guardó silencio un momento. Luego, lentamente, una sonrisa se formó en sus labios.

— Eres más sabio de lo que pareces, vampiro gruñón —

— Lo sé. Es mi encanto —

Bora rió, y la risa llenó el jardín como una campanada alegre.

-----

A la mañana siguiente, Bora volvió a la cámara del altar, pero esta vez no llevaba la presión de tener que avanzar. Se sentó en el centro del círculo de piedras, cerró los ojos, y dejó que su mente se vaciara de expectativas.

Creó una esfera de luz, la más brillante que había creado hasta entonces, y la sostuvo en sus manos sin esfuerzo. La esfera era estable y cálida, y Bora sintió que podía mantenerla el tiempo que quisiera.

Luego, sin pensarlo demasiado, la dirigió hacia la piedra de runa que Taehyung había colocado en el suelo.

La esfera tocó la piedra y, en lugar de desvanecerse, se fundió con ella. La runa en la piedra brilló con un destello de luz violeta, y Bora sintió que el sello estaba completo.

— Lo hiciste — dijo Taehyung, y su voz era un susurro de asombro.

— Lo hice — respondió Bora, con una sonrisa.

— La tercera etapa. La has alcanzado —

Bora no dijo nada. Solo miró la piedra de runa, que ahora brillaba con una luz constante, y sintió que una paz profunda se asentaba en su pecho.

— No forzarlo — dijo, como si hablara consigo misma—. Solo dejar que fluya.

— Eso es lo que hace que sea la adecuada — dijo Taehyung.

Bora sonrió, y en la cámara del altar, la luz de la runa brilló más fuerte.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.