Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 51

La mañana siguiente amaneció fresca y clara, con un cielo despejado que prometía un día tranquilo.

Las siete llamas gemelas se reunieron en la cámara del altar, sentadas en círculo alrededor de las piedras de runa. La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de la piedra, creando patrones de sombra y claridad en el suelo. Cada mujer llevaba su runa brillando en diferentes partes del cuerpo: Bora en la muñeca, Soojin en la nuca, Chaeyoung en el pecho, Hana en el cuello, Yeri en la muñeca, Soyeon en el pecho, Yuna en la muñeca. Las siete runas brillaban en sincronía, como un solo latido dividido en siete partes.

— Hoy — dijo Bora, que había tomado el papel de guía.

— Vamos a practicar la llave de luz. No todas tienen que dominarla hoy. Solo queremos que experimenten cómo se siente crear una esfera de luz a partir de un recuerdo —

— ¿Y si no podemos? — preguntó Yuna, con un dejo de inseguridad.

— Entonces lo intentamos de nuevo mañana. No hay prisa —

Las otras mujeres asintieron, y Bora las guió a través del proceso: Cerrar los ojos, buscar un recuerdo intenso, concentrar la energía en las manos, y dejar que la luz fluya.

Una a una, las esferas comenzaron a aparecer. Algunas eran pequeñas y temblorosas, como llamas de velas en el viento. Otras eran más estables, pero ninguna tan brillante como la de Bora. Pero todas eran reales, todas eran luz violeta, y todas eran un testimonio de que las siete llamas gemelas estaban más unidas que nunca.

— Lo estamos haciendo — dijo Hana, con una sonrisa en el rostro.

— Todas —

— Sí — respondió Chaeyoung.

— Es increíble —

Yeri, mientras sostenía su esfera de luz, sintió que la melodía que siempre llevaba dentro comenzaba a vibrar en sincronía con la luz. No pudo evitar levantar su violín (que había traído por si acaso) y tocar una nota suave. La esfera de luz vibró con la nota, y por un momento, la luz y la música se convirtieron en una sola cosa.

— Eso es hermoso — dijo Soojin, observando cómo la luz de Yeri danzaba al ritmo de la melodía.

— La música y la luz están conectadas — respondió Yeri.

— No sé cómo, pero lo están —

Soyeon, mientras sostenía su esfera de luz, sintió una conexión con la tierra bajo sus pies. La luz en sus manos vibraba en sincronía con el latido del jardín, con las raíces de las flores, con la esencia misma de Noche Eterna.

— Esto es más que una técnica — dijo Soyeon.

— Es una extensión de lo que somos —

Bora sonrió, observando a sus hermanas. Había algo profundamente satisfactorio en ver cómo cada una de ellas descubría su propia relación con la llave de luz. No era una habilidad uniforme, sino una que se adaptaba a cada persona.

— Ahora — dijo Bora.

— Vamos a intentar dirigir las esferas hacia un objetivo. Coloqué una piedra de runa en el centro del círculo. No hace falta que toquen la piedra, solo que la luz se acerque —

Las siete mujeres enfocaron su atención en la piedra de runa. Las esferas de luz comenzaron a moverse lentamente, algunas más rápidas que otras, pero todas avanzando en la dirección correcta.

La esfera de Bora llegó primero, tocando la piedra con un destello de luz violeta. Luego la de Soojin, luego la de Chaeyoung, luego la de Hana, luego la de Yeri, luego la de Soyeon, y finalmente, la de Yuna.

Cuando la última esfera tocó la piedra, las siete runas brillaron al unísono, y por un momento, la cámara del altar se llenó de una luz tan intensa que todos tuvieron que cerrar los ojos.

Cuando la luz se desvaneció, las siete mujeres estaban sonriendo.

— Lo logramos — dijo Yuna, y su voz temblaba de emoción.

— Todas juntas —

— Sí — respondió Bora.

— Lo logramos —

Y en el centro del círculo, la piedra de runa brillaba con una luz constante, como un faro que recordaba que la unión es más fuerte que cualquier batalla.

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Al salir de la cámara del altar, los siete guerreros estaban esperando en el pasillo. No habían entrado, pero habían estado observando desde la distancia, asegurándose de que todo estuviera bien.

— ¿Cómo fue? — preguntó Yoongi, mirando a Bora.

— Bien — respondió ella.

— Mejor de lo que esperaba. Todas pudieron hacerlo —

— Eso es gracias a ti —dijo Namjoon, con una sonrisa—. Las guiaste.

—No — respondió Bora.

— Ellas mismas lo hicieron. Yo solo las acompañé —

Jin se acercó a Chaeyoung y le tomó la mano.

— Estás radiante — dijo.

— Literalmente —

— Es la luz de las runas — respondió Chaeyoung, riendo.

— Todavía me estoy acostumbrando —

Dohyun se acercó a Soojin y le ofreció una pequeña flor que había recogido del jardín.




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