La paz, como la luz de las runas, no siempre es constante.
A veces, una nube pasa y la oscurece. A veces, una pregunta sin respuesta la agita. Y a veces, la duda se instala en un rincón del corazón y comienza a crecer como una enredadera silenciosa.
Soojin sintió esa duda una noche, mientras escribía en el pergamino de los nombres. La lista era larga, y cada nombre era un eco de una vida que había terminado. Pero al llegar al final, se encontró con un espacio en blanco. Un nombre que no estaba allí.
— ¿Qué falta? — preguntó Dohyun, que estaba sentado a su lado.
— No lo sé — respondió Soojin, con la frente fruncida.
— Pero siento que hay algo. Algo que no hemos encontrado —
— ¿Algo que no hemos encontrado o algo que no queremos encontrar? —
Soojin lo miró fijamente.
— ¿Qué quieres decir? —
Dohyun guardó silencio un momento, como si midiera sus palabras.
— Las runas dormidas que Taehyung trajo del bosque no estaban todas. Algunas se perdieron. O tal vez alguien las ocultó. Pero hay una que aún no hemos recuperado. Una que podría contener un nombre importante —
— ¿Cómo lo sabes? —
— Porque cuando el altar fue consagrado, sentí un eco. Un eco que no estaba en las piedras que trajimos. Estaba en otro lugar. Más profundo —
Soojin sintió un escalofrío.
— ¿Dónde? —
— En la grieta original. La que Hyejin abrió. La que se selló durante la tormenta. Tal vez algo quedó allí. Algo que no se desvaneció del todo —
— ¿Crees que deberíamos buscarlo? —
Dohyun la miró largamente. Luego, con una voz que era apenas un susurro:
— No estoy seguro. Podría ser peligroso. La grieta original es un lugar inestable. Aunque esté sellada, el eco de lo que había ahí sigue presente. Pero si hay un nombre olvidado, un nombre que aún no ha sido recordado... ¿no merece ser encontrado? —
Soojin apretó el pergamino contra su pecho.
— Sí — dijo.
— Merece ser encontrado. Pero no quiero ir sola —
— No irás sola — respondió Dohyun.
— Iremos juntos. Y si es necesario, pediremos ayuda a los demás —
Soojin asintió lentamente. La duda seguía ahí, pero ahora tenía una dirección. Un propósito.
— Mañana — dijo.
— Mañana hablaremos con Namjoon —
Dohyun asintió, y en el silencio de la habitación, la semilla de la duda comenzó a transformarse en la semilla de la acción.
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A la mañana siguiente, Soojin y Dohyun se reunieron con Namjoon y Hana en la sala de estrategia.
Soojin explicó lo que Dohyun había sentido: Un eco en la grieta original, un nombre que aún no había sido recuperado.
Namjoon escuchó en silencio, con los brazos cruzados y la expresión seria.
— La grieta original es peligrosa — dijo cuando Soojin terminó.
— Aunque esté sellada, el lugar donde se abrió sigue siendo inestable. No sé si merece la pena arriesgarse por un nombre que podría no existir —
— Pero podría existir — insistió Soojin.
— Y si existe, merece ser recordado —
Hana, que había estado escuchando en silencio, habló por primera vez.
— ¿Y si no es un nombre lo que está ahí? — preguntó.
— ¿Y si es algo más? —
— ¿Algo como qué? — preguntó Soojin.
— No lo sé. Pero las grietas no solo se llevan recuerdos. También dejan cosas. Ecos. Fragmentos de lo que había antes. Tal vez lo que Dohyun sintió no es un nombre, sino algo que necesita ser liberado —
El silencio que siguió fue denso.
— Solo hay una manera de saberlo — dijo Namjoon finalmente.
— Ir y comprobarlo —
— ¿Iremos? — preguntó Soojin.
— Iremos — respondió Namjoon.
— Pero no solos. Llevaremos a un equipo. A los que estén dispuestos a arriesgarse —
Dohyun asintió.
— Yo voy — dijo.
— Yo también — añadió Soojin.
Namjoon los miró largamente.
— Entonces prepárense. Saldremos al anochecer —
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Esa noche, un pequeño grupo se reunió en la entrada de Noche Eterna: Soojin, Dohyun, Namjoon, Hana, Yoongi y Bora. Los demás se habían ofrecido a quedarse para vigilar la ciudad y el jardín.
— Vamos a la grieta original — dijo Namjoon.
— Vamos a ver qué queda allí. Pero vamos con cuidado. No sabemos lo que vamos a encontrar —
— Y vamos juntos — añadió Yoongi.
— No nos separamos —
Bora tomó la mano de Yoongi y la apretó suavemente.