Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 54

El regreso a Noche Eterna fue más ligero que la ida.

El eco de Haewon se había desvanecido en la cámara de la grieta original, pero su nombre seguía presente en la mente de Soojin, como una semilla recién plantada que esperaba germinar. Mientras caminaban por las calles vacías de Seúl, ella no podía dejar de repetirlo en silencio: Haewon. Un nombre que había estado perdido durante siglos y que ahora, gracias a un eco y a una decisión, volvía a la luz.

Cuando llegaron a Noche Eterna, los demás los estaban esperando en la entrada del jardín. Taehyung y Soyeon estaban sentados junto al estanque del loto, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, pero abrieron los ojos cuando sintieron la presencia del grupo.

— ¿Lo encontraron? — preguntó Taehyung.

— Sí — respondió Soojin, y su voz temblaba ligeramente.

— Un nombre. Haewon —

Taehyung se levantó lentamente y caminó hacia ella. Su runa en la frente brilló suavemente, como si estuviera escuchando algo que solo él podía oír.

— Haewon — repitió, y el nombre resonó en el jardín como una nota musical.

— Es un nombre antiguo. Significa "la que brilla como el sol". Es adecuado para una guerrera —

— ¿Sabías de ella? — preguntó Soojin.

— No. Pero la tierra lo sabía — Taehyung extendió una mano hacia Soojin.

— ¿Puedo ver el eco? —

Soojin asintió y tomó su mano. No hubo un destello ni una luz espectacular, pero Taehyung cerró los ojos y permaneció en silencio durante un largo momento.

— Es ella — dijo finalmente, abriendo los ojos.

— Una guerrera de la primera generación. Cayó en la batalla que selló la grieta original. Su nombre se perdió cuando la Hermandad aún no existía. Pero ella lo dejó allí, en el eco, esperando a que alguien lo encontrara —

— ¿Y ahora qué hacemos con él? — preguntó Bora.

— Lo añadimos al pergamino — respondió Soojin.

— Y plantamos algo en su memoria. Como hicimos con las otras —

— ¿Qué planta crees que le gustaría? — preguntó Hana.

Soojin pensó un momento.

— Algo que brille. Algo que refleje su nombre. Tal vez girasoles. O caléndulas —

— Caléndulas — dijo Soyeon, con una sonrisa.

— Son plantas que florecen incluso en las condiciones más difíciles. Son perfectas para una guerrera —

— Entonces plantaremos caléndulas — dijo Soojin.

Y así lo hicieron.

Esa misma noche, Soojin y Dohyun plantaron un pequeño lecho de caléndulas en la parcela de la guerrera Haewon. Las semillas eran pequeñas y oscuras, pero Soojin sabía que, con el tiempo, se convertirían en flores brillantes que iluminarían el jardín.

— ¿Crees que ella lo habría querido así? — preguntó Soojin, mientras cubría las semillas con tierra.

— Sí — respondió Dohyun.

— Porque así es como se recuerda a los caídos. Con vida, con luz, con futuro —

Soojin sonrió y continuó plantando.

Al final de la noche, el nombre de Haewon fue añadido al pergamino de los nombres, y su eco descansó por fin en el jardín de los recuerdos.

Y cuando las caléndulas florecieron, todos recordaron que incluso los nombres perdidos pueden volver a la luz.




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