La primavera avanzaba en Seúl como un río de luz y color.
El jardín de los recuerdos se había convertido en un espectáculo de vida y memoria. Las caléndulas de Haewon habían brotado con una rapidez sorprendente, llenando la parcela dedicada a la guerrera olvidada con pétalos anaranjados y amarillos que brillaban bajo el sol como diminutos soles. Las demás flores también crecían vigorosas: Los nomeolvides de Bora y Yoongi, los lirios de Soojin y Dohyun, la lavanda de Chaeyoung y Jin, los girasoles de Hana y Namjoon, las campanillas de Yeri y Jimin, el romero de Soyeon y Taehyung, y la menta de Yuna y Jungkook.
El jardín era un tapiz vivo de colores y aromas, un testimonio de que incluso después de la tormenta, la vida encuentra la manera de florecer.
Una tarde, mientras el sol comenzaba a descender y el jardín se teñía de tonos dorados y rosados, las siete parejas se reunieron alrededor del estanque del loto. No había una razón especial para la reunión, salvo el deseo compartido de estar juntos.
Bora y Yoongi estaban sentados en el banco de piedra junto a los nomeolvides. Bora tenía un libro abierto sobre las rodillas (uno de los que había estado restaurando) pero no lo estaba leyendo. Estaba observando cómo el loto de Ara se mecía suavemente en el agua.
— ¿Sabes? — dijo Bora, rompiendo el silencio.
— A veces me pregunto si todo esto es real —
— ¿El jardín? — preguntó Yoongi.
— No. La paz. La tranquilidad. Poder sentarme aquí sin tener que preocuparme por una tormenta o una grieta o una batalla —
Yoongi guardó silencio un momento.
— Es real — respondió.
— Pero es frágil. Como las flores. Hay que cuidarla —
— ¿Y cómo se cuida la paz? —
— Estando aquí. Eligiendo quedarse. No dándola por sentada —
Bora sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.
— Eres más sabio de lo que pareces, vampiro gruñón —
— Lo sé. Es mi encanto —
Bora rió, y la risa llenó el jardín como un eco de alegría.
En la parcela de los lirios, Soojin y Dohyun estaban sentados en el suelo, con el pergamino de los nombres extendido entre ellos. Soojin había añadido el nombre de Haewon al final de la lista, y ahora lo leía en voz baja, como si estuviera aprendiendo a pronunciarlo correctamente.
— Haewon — dijo Soojin, y el nombre sonó en el aire como una nota musical.
— Siempre me ha gustado ese nombre. Significa "la que brilla como el sol" —
— Es un nombre adecuado para ella — respondió Dohyun.
— Brilló en la batalla y sigue brillando en este jardín —
— ¿Crees que algún día encontraremos más nombres? —
— Tal vez. Pero por ahora, tenemos estos. Y eso es suficiente —
Soojin asintió y cerró el pergamino con cuidado.
En la parcela de la lavanda, Chaeyoung y Jin estaban recogiendo flores secas para hacer saquitos aromáticos. Chaeyoung trabajaba con una precisión que Jin admiraba, separando las hojas y los tallos con la misma delicadeza con la que restauraba un cuadro antiguo.
— ¿Sabes? — dijo Chaeyoung, mientras ataba un ramillete.
— Nunca pensé que encontraría paz en un lugar como este —
— ¿Ni en un lugar de vampiros y runas? — preguntó Jin, con un tono de humor ligero.
— Exactamente. Pero aquí estoy. Y no me arrepiento —
— Ni siquiera de haber conocido a un sanador gruñón —
Chaeyoung levantó la vista y lo miró con una sonrisa.
— Ese es el mejor regalo que me ha dado todo esto —
Jin sintió que el corazón le daba un vuelco. No dijo nada, pero su mano encontró la de ella y la apretó suavemente.
En la parcela de los girasoles, Hana y Namjoon estaban regando las plantas, aunque ya no era necesario. La tierra estaba húmeda, y las flores crecían con una vitalidad que parecía desafiar las leyes de la naturaleza.
— Ya no necesitan agua — dijo Hana, riendo.
— Pero no puedo evitar cuidarlas —
— Eso es lo que haces — respondió Namjoon.
— Cuidar. Incluso cuando ya no es necesario —
— Es un vicio —
— Es un don —
Hana lo miró, y en sus ojos vio algo que no había visto antes: Admiración.
— Gracias — dijo.
— Por nada —
En la parcela de las campanillas, Yeri estaba tocando una melodía alegre mientras Jimin movía la cabeza al ritmo de la música. Era una canción que no había tocado antes, pero que había surgido de sus dedos como si siempre hubiera estado ahí.
— Esta canción es feliz — dijo Jimin, cuando Yeri terminó.
— Es una canción de primavera — respondió Yeri.
— De nuevas flores y nuevos comienzos —
— Entonces es perfecta para este lugar —